2014, ¿año de eficacia?

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Armando Salinas Torre 08/01/2014 01:31
2014, ¿año de eficacia?

Desde hace más de veinte años, el problema de la inseguridad ha sido una de las principales preocupaciones de los mexicanos y, sin embargo, no hemos sido capaces de superar ese problema.

1994 fue uno de los años más complicados para nuestro país en materia de inseguridad. Inició con el levantamiento armado en Chiapas, seguido de secuestros y asesinatos de personalidades que evidenciaron el peor grado de inseguridad nacional en la historia contemporánea de nuestro país: el secuestro de don Alfredo Harp Helú, el asesinato del candidato del PRI a la Presidencia de la República, al igual que del secretario general y coordinador de los diputados de la siguiente legislatura del mismo partido.

Para responder mediáticamente a la problemática se dieron las mismas respuestas que se habían venido dando en los años anteriores: cambios en el gabinete, la creación de un Comisionado Nacional de Seguridad Pública, así como la expedición de una legislación de emergencia para enfrentar con mayor eficacia la delincuencia organizada, a pesar de que se disminuyeron las garantías individuales y derechos fundamentales, incluso se anunció la Cruzada Nacional contra la Delincuencia y la Inseguridad y, en ese contexto, se creó un Sistema Nacional de Seguridad Pública, la Policía Federal y desde entonces se ha destinado el mayor presupuesto en nuestra historia a este rubro.

Han sido muchos, muchos los servidores públicos que han pasado por los cargos más importantes en el diseño e implementación de las políticas en materia de seguridad y procuración de justicia; sin embargo, las cifras de la violencia y la inseguridad aún provocan que este tema sea la principal preocupación de los mexicanos. La rotación de los directivos y cuadros estratégicos de las instituciones ha impedido la profesionalización de las instituciones y la continuidad de las políticas, seguida de una deficiente evaluación y corrección de las mismas.

Sin embargo, también es impostergable la depuración de las instituciones, ya que la delincuencia que padec’emos acontece con la complicidad de muchos de los responsables de combatirla. Para ello se ha insistido en la evaluación, depuración y certificación de las corporaciones de seguridad pública y, a pesar de las cifras que se ofrecen a la opinión pública sobre el avance de este proceso, esta situación poco o nada ha representado un cambio sustancial en la integración de tales corporaciones o en la percepción que la sociedad tiene de ellas, motivo por el cual debiera evaluarse este rubro sin miramientos de tipo partidista, ni de los medios de comunicación ni por la sociedad en general, pues no se trata de descalificaciones a los gobiernos priistas, panistas o perredistas, sino de eficientar los servicios de seguridad pública a toda la población.

De qué nos sirve a la sociedad saber que hay un avance de más de 50% en las evaluaciones de control de confianza de los miembros de las instituciones en cuestión, si seguimos padeciendo la corrupción, prepotencia, ineficacia y criminal actuación de los policías, ministerios públicos y demás instituciones vinculadas con esta materia, por la mayoría de los gobiernos federal, estatal y municipal.

Desde la atención más sencilla y directa de las corporaciones de seguridad a la sociedad, como el auxilio en un accidente vehicular, un robo de cuantía menor, hasta en el ataque frontal a las mayores organizaciones delictivas, el Estado, en todos los órdenes: federal, estatal y municipal, están fracasando.

El 2014 ha sido anunciado como el año de la eficacia, pero es importante conocer en qué serán aplicados los esfuerzos para alcanzar esa eficacia, puesto que para alcanzarla se requiere que la sociedad perciba el cambio directo en su beneficio. En tanto ello no ocurra, el cambio y la eficacia seguirán siendo anuncios publicitarios y demagógicos.

                *Abogado postulante

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