Huixquilucan: ¿imagen de México?

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Armando Román Zozaya 07/05/2014 02:47
Huixquilucan: ¿imagen de México?

En Huixquilucan, Estado de México, el gobierno municipal ha comenzado a instalar, en los puntos de acceso al municipio, arcos capaces de detectar armas y personas ocultas en automóviles, camiones, microbuses, etcétera. La idea es que, gracias a estos arcos, la delincuencia se verá disuadida y, en consecuencia, quienes viven en dicho municipio (uno de los más ricos del país) gozarán de tranquilidad y de una mayor calidad de vida.

Vale enfatizar que estamos hablando de todo un municipio, es decir, no estamos ante el caso  de un fraccionamiento en el que los vecinos pusieron una caseta de vigilancia en la entrada del mismo. Tampoco estamos hablando de una pequeña calle cerrada en la que ha sido instalada una pluma o una reja. No, no se trata de nada de eso sino de que todo una municipalidad está siendo cercada.

¿De qué tamaño es el miedo de los habitantes de Huixquilucan y el de su gobierno municipal que han llegado al extremo de intentar blindar las propias calles de la demarcación? ¿Tan bajo hemos caído como país que, quienes pueden, no sólo andan escoltados en todo momento y lugar sino que, además, ahora bloquearán las calles de “su” municipio para, de esta manera, tratar de evitar ser víctimas de la delincuencia?

Quiero aclarar que, más allá de si las acciones de la alcaldía de Huixquilucan son o no criticables, lo que aquí pretendo no es, precisamente, criticar dichas acciones sino tratar de entender qué es lo que las mismas nos dicen sobre nuestra sociedad. Y a mi parecer, lo que este asunto de los arcos nos deja ver es bastante triste y, al mismo tiempo, trágico: poco a poco, México se ha convertido en un país en el que, si bien hay cosas, personas, ideas y proyectos dignos de admiración, también existen circunstancias que son intolerables, sobre todo porque se dan en los niveles básicos de civilidad y de convivencia, y que ninguna colectividad que se diga decente debería padecer.

En particular, son ya años y años y más años de vivir en un ambiente de inseguridad y de temor. De hecho, hay estados del país en los que la delincuencia hace y deshace a placer. Ahí están Tamaulipas y Morelos, por ejemplo. El Estado de México y Michoacán son también entidades en las que la autoridad se ha diluido. No sorprende, luego entonces que, quienes tienen los recursos para hacerlo, busquen protegerse, aislarse de esa realidad.

Y no, no toda la inseguridad que aqueja al país es por culpa de los narcos o de los mafiosos. No todos los asesinados, extorsionados, secuestrados, etcétera, son víctimas, necesariamente, de la “delincuencia organizada”. Por supuesto, es obvio que ésta es real y que es sumamente nociva, pero, el problema de fondo no es el narcotráfico ni dicha delincuencia; lo que tiene al país sumido en el hoyo en el que está es la impunidad.

Sí, esa impunidad que empodera tanto a los criminales que se organizan y delinquen a gran escala, como a los maleantes que rondan por aquí y por allá y que, sin ser parte de grandes bandas, sin ser narcotraficantes o secuestradores profesionales, infligen de todos modos mucho, pero mucho, daño.

Si todos fuéramos ángeles, con impunidad o sin ella, no habría delincuentes. Pero como no lo somos, la ley y su firme aplicación son indispensables para que haya orden, para que nuestras vidas, en el sentido amplio del término, sean respetadas y podamos convivir en paz, sin hacernos daño los unos a los otros, es decir, justo lo que en México hemos ido perdiendo y, en el algunas zonas del país, simplemente ya no existe.

Lo que los arcos de Huixquilucan exhiben es, entonces, el fracaso de México en materia de seguridad. De hecho, con arcos o sin ellos, mientras haya impunidad, los criminales seguirán existiendo, seguirán destruyendo vidas, seguirán sembrando temor. Tal vez ya no lo hagan en Huixquilucan, sí, pero lo harán en otra parte.

¿Qué sigue? ¿Bardas, controles de acceso, fronteras dentro de nuestras propias ciudades? No tomemos el caso de Huixquilucan a la ligera; nos está diciendo mucho sobre lo que somos y, sobre todo, hacia dónde vamos.

                Twitter: @aromanzozaya

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