Quién no ha amado a un perro…

Alguien dijo que quien no ha amado a un perro no ha despertado una parte de su alma.

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Anna Bolena Meléndez 01/04/2014 00:08
Quién no ha amado a un perro…

Hace tiempo tuve una visita en mi casa. Justo cuando la puerta se abrió y mi Mayath salió a recibir, como de costumbre, a la visita, una de las personas, que yo no conocía, me pidió que si encerraba a mi perrita porque sus hijos le tenían miedo a los perros.

Es en ese momento, cuando uno se encuentra en una disyuntiva entre lo político y lo correcto, es cuando no queda de otra más que ser sensato con uno mismo y actuar de acorde a lo que es correcto para ti y de manera política, informarlo.

Lo siento, pero en mi casa no encerramos a mi Mayath, quien tenga miedo a los perros o alergias o problemas con que se les acerquen, entonces no podrán venir a mi casa.

Muchos se preguntarán y exclamarán a la vez “¿pero si sólo es un perro?”. Bueno, para algunas personas, Mayath es un perro, para mí, es la hija que decidí adoptar y a la cual no le hago discriminaciones de ningún tipo porque sea de una diferente especie a la mía.

Yo jamás he llegado a una casa y pedido porque se encierre al niño que no para de gritar; nunca en mi vida he insinuado que cuando yo vaya a algún lado por favor no haya niños corriendo ni gritando en decibeles que mis oídos no soportan. Muchos se exclamarán: “¡Pero es un niño!”. Bueno, a mi me gustan más los perros que los niños, y entre gustos no hay disgustos.

Por lo pronto, quien no ha amado a un perro no tiene derecho a opinar, porque lo hace desde una subjetividad carente de información que no le permite comprender lo que se siente internamente cuando se ama a un animal.

Mayath, como lo han sido todos los hijos perros que he tenido durante mi vida, no es una mascota, es un miembro importantísimo de mi familia. Quienes sienten esto mismo por su perro, su gato, o el animal que hayan escogido para acompañarle durante su vida, comprenderán mis palabras.

Alguien dijo que quien no ha amado a un perro no ha despertado una parte de su alma y creo que es verdad. El amor tan puro que se le puede profesar a una criatura que a punta de instinto se enamora de ti, no tiene palabras. Esa criatura que vive contigo, que ensucia tu piso con sus huellitas, que riega su comida alrededor de su plato, que se tira en el lodo sin pedir permiso justo después de un baño, que se limpia los bigotes con tu sala y se roba la basura, es uno de los amores más satisfactorios que tiene la vida.

Un amor incondicional que no importa si le reprendas, no importa si estás triste, enojado, frustrado o desesperado, tu perro siempre estará ahí para en silencio reconfortarte.

Ellos son los que saben cada uno de tus secretos, ellos son los que huelen tus preocupaciones, los que te reciben todos los días, sin excepción de ninguno con esa alegría que te contagia y que te hace sonreír aunque hayas tenido el peor día.

Ellos son los que te protegen y los que darían su vida sin pensarlo. Ellos son capaces de morir por ti.

Así que por eso mi Mayath está por encima de muchas personas, de muchos estatutos sociales e incluso se eleva ante la crítica de comparar el amor que le tengo al amor que se le profesa a un hijo.

Yo decidí, así como muchas personas allá afuera decidieron, llamar hijo a un perro y tratarlo con la misma preocupación, con el mismo amor y esmero de quien trata a un hijo de su misma especie.

Y sólo hasta tener el corazón tan grande y fuerte como se necesita para amar a un ser de otra especie, podrán entender aquellos que no lo tienen, la grandeza de ese sentimiento que se ensancha con sólo mirar sus ojos brillantes y la punta de su colita batirse emocionada.

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