La de lentes, la pasada de moda

Las chamacas todavía ni alcanzan el timbre y ya andan perreando.

COMPARTIR 
Anna Bolena Meléndez 24/02/2014 00:00
La de lentes, la pasada de moda

Ahora sí, anuncio oficialmente que el romanticisimo en las nuevas generaciones se perdió. No existe, es un mito urbano que prevalecerá en Verona y que cada que suene un reggaeton, Shakespeare se revolcará en su sagrada tumba.

Y es que entre más uno crece, más se pasa de moda, pero también mejor gusto se adquiere. Entre más me convierto en adulta, más me siento intolerante a la vagabundería en la que la música juvenil (chequen mi término vetusto) ha caído.

La historia: Mientras mi marido se debatía a muerte con un coco (pelar un coco es más difícil de lo que uno piensa), yo lo acompañaba con una michelada y la hacía de DJ de esas nuevas emisoras por internet en la que uno se alcanza a dar cuenta la cantidad de basura que hay en el mercado de la música.

Cuando menos nos dimos cuenta, la frase de una canción de esas que entra en la categoría de mi párrafo pasado, se nos coló en la conversación dejándonos mudos.

Señores, por favor quiten a sus hijos y a sus hijas menores de edad de frente de estas letras, porque la palabra que estoy por escribir es mejor que jamás la aprendan.

La letra iba literalmente así: “Tengo el corazón frío, pero la ver... caliente”. Un minuto de silencio por Shakespeare. Gracias.

O sea, ¡tantito subtexto! ¡Ya ni la friegan! ¡Qué son esas canciones para dedicarlas a quién! ¡Por respeto al elefante Melvin!

Pero qué va a esperar uno si las chamacas todavía ni alcanzan el timbre y ya andan perreando con el trasero parado frente a un muchachito lampiño y de voz aguda, que la humpea (entiéndase desde el anglicanismo) como si fuera un cavernícola degenerado.

Y no, no me doy lapos de santidad, yo también hice cosas en mi juventud como para escandalizar a las generaciones más antiguas, pero es que ya se pasan ¡de veras!

¿Dónde quedaron los boleros que les cantaban a nuestras mamás para conquistarlas y que luego LuisMi revivió de entre las cenizas? ¿Dónde quedaron las cartitas de amor en las que atravesaban un corazoncito con una flecha? ¿Dónde quedaron todas esas cursilerías que tanto nos gustaban? ¿Ya? ¿Se acabaron?

Ahora las reemplazaron “tengo el corazón frío pero la…” no puedo, no puedo seguir repitiéndolo, es demasiado. Ahora lo que les dedican es “mueve la nalga que naciste pa’ perreá” ¡No manchen!

Y vaya uno y dígale a estos muchachitos, que perrean con orgulloso pecho levantado, que esa música es una porquería y que pa’ música la que le tocó a uno: Soda Stereo, La Ley, Aterciopelados, Manu Chau, hasta Silvio Rodríguez, porque no te bajan de anciano, de vejestorio, ¿quién es Gustavo Cerati?, ¿qué es eso de “la Persiana Americana”? ¡O sea, qué oso con tu música de abuelito! ¡Grrrrrrrrrr!

Y ahí ya valió madres todo, para siempre, porque cada que escuchas tu música, te encuentras pensando y prodigando “esto sí es música de verdad, con letras de verdad, no esas cochinadas de ‘mueve el bote mamita rica, sabrosita que te pego en la nalguita y me mueves la cinturita’, ¡bah! En cambio, qué tal un té para tres o un Ojalá de Silvio o… tantas y tantas canciones bonitas que no tienen nada que ver con tener sexo de maneras aberrantes y humillantes y, peor aún, que desprestigian a una de las posiciones favoritas del Kamasutra de mi generación.

Así que chamaquillos que gozan del arte del perreo, por favor ya dejen la adolescencia atrás y abran las orejas a la buena música, que algún día se acabarán los cantantes que quieran featurear (FT) con Pitbull y entonces, ¿ustedes qué van a hacer?

                www.twitter.com/AlasdeOrquidea

                Annie@TaconesyCorbatas.com

                www.taconesycorbatas.com

                www.alasdeorquidea.com

                www.facebook.com/AlasdeOrquidea

Comparte esta entrada

Comentarios