Échele ganitas al mañanero
Nosotras, una vez nos llega el crío, no queremos reproducirnos, queremos criar.
A las mujeres nos enseñaron a ver las necesidades masculinas como depravación. “¡Es un horror que ellos siempre quieran tener sexo, no piensan en otra cosa que no sea el chaca chaca!” ¡Por Dios, pero qué moralina con tan poco sentido común!
El tema es que se nos olvidó la biología básica, no sólo humana como animal. Si fuera por nosotras las mujeres, la especie humana no se habría reproducido con tanto éxito (si a convertirnos en plaga lo podemos llamar así), y si fuera por ellos, la mitad de los críos se habrían muerto en el intento de crianza. Por eso ambos sexos son necesarios, no uno más que otro, los dos por igual.
La fertilidad femenina tiene fecha de caducidad, la masculina no. Un hombre seguirá queriéndose aparear hasta que esté viejito y con el cuento arrugadito. Nosotras, por nuestra parte, podríamos dejar de tener sexo y el mundo no se acaba. Bajo este tenor de cosas, ahí le va mi más reciente aprendizaje:
Los hombres no quieren chaca chaca todo el tiempo porque sean unos pervertidos, lo quieren porque la sabia madre naturaleza les sembró eso en el sistema. Ellos buscan fertilizar hembras, nosotras buscamos hacer nido: criar. Ellos aceptan el nido, alias matrimonio, con tal de tener facilidades de reproducción o del acto que tanta felicidad les causa.
Nosotras, una vez nos llega el crío, no queremos reproducirnos, queremos criar. Ellos quieren seguir reproduciéndose o por lo menos practicando con balitas de salva y como pues la hembra está criando, el macho sale a conseguirse otra. Luego la hembra arma un zafarrancho porque el macho no puede mantener su soldadito dentro de los pantalones: “¡eres un animal o qué!”, pregunta Cirila furiosa desde su nido. La respuesta: ¡sí! ¡Sí es un animal!
Ahora, es verdad que por eso también fuimos dotados de una cosa que se llama cerebro, raciocinio y sentido común, pero infortunadamente el instinto regla sobre el menos común de los sentidos y sobre nuestro cerebro de adorno. Así que si de verdad Cirila quiere evitar que su Cirilo se vaya con otra a darle al chaca chaca, pues es muy sencillo: ¡dele chaca chaca en su casa! Así de fácil, así de básico, primario y simple: dele de comer al animal.
En el momento en que comprendamos esa simple necesidad masculina que no se acaba con la edad, comenzaremos a comprender muchas cosas y a negociar adecuadamente.
Son las siete de la mañana y usted, estimada Cirila, lo que menos quiere hacer es alimentar a la bestia, lo que usted quiere es ser dejada en paz, darle desayuno a sus chilpayates y comenzar con su rol de madre ejemplar cuanto antes. Pero Cirilo quiere chaca chaca y, por enésima vez, usted lo rechaza. Así, cuando menos cuenta se dan, pasan semanas, meses y, a algunos, hasta años, en el que le niegan el chaca chaca a su Cirilo. Cirilo la necesita a usted, Cirila, es en ese momento en el que su rol de madre perfecta también debe tener entre sus planes ser esposa perfecta. ¡Dele de comer al animal!
Más tarde, Cirilo trabaja en su oficina y Cirila llama para contarle que el chamaco no se quiso comer el estofado de arvejas que preparó con el aceite que Sutanita de Perencejo le regaló para el día de las madres, ¿usted sabe qué le importa menos a su Cirilo que eso? ¡Nada! ¿Pero qué hace Cirilo? La escucha y está ahí para usted. Con todo y que es lo más nimio del planeta, él cumple su rol, y si no lo hace, debería hacerlo.
Usted necesita ser escuchada, él necesita sexo. Usted necesita que la apapachen y le digan que la aman después del sexo, él necesita que usted le eche ganitas al mañanero. ¿Fácil, no?
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