¿Cuándo, en la Iglesia católica importará más lo religioso, que lo político? ¿Nunca?
Soñaron que el Papa sería su portavoz y fustigaría sin descanso, en cada una de sus intervenciones, al gobierno de Peña Nieto
Hoy se va de México el papa Francisco; sus planteamientos durante los actos en los cuales participó, no fueron tan duros y beligerantes en contra de nuestra clase política, y del actual estado de cosas que priva por estos lares como imaginaron serían, no pocos ingenuos e ignorantes de las formas de hacer política de la alta jerarquía católica.
Aquéllos, ante su ineficacia y escasísima fuerza política, casi nulo poder de convocatoria y una pequeñez que no les alcanza ni para grupúsculo, y ávidos de que alguien llegue a realizar el trabajo que son incapaces de hacer organizada y eficazmente, soñaron que el Papa sería su portavoz y fustigaría sin descanso, en cada una de sus intervenciones, al gobierno de Peña Nieto.
El no haberlo hecho, no significa en modo alguno que el Papa no hiciera política; por el contrario, a eso vino pero, a hacer política acorde con las prácticas y modos un tanto sibilinos (Misteriosos u oscuros, a veces con apariencia de importantes), que los jerarcas católicos suelen utilizar desde tiempo inmemorial frente al poder civil y también, frente a los suyos.
Ante la compleja y difícil realidad que hoy enfrenta la Iglesia católica, su futuro no parece luminoso; la renuncia misma del Papa anterior a Francisco dejó ver ya, si no un cisma irresoluble, sí el principio del fin de una etapa histórica.
Al mismo tiempo, con el arribo del sucesor de Ratzinger, vemos un parto doloroso que dará lugar, si los problemas que enfrenta la Curia desde hace no pocos años fueren enfrentados y resueltos correctamente, a otra etapa donde, los temas de la fe y su adecuación a los nuevos tiempos y aires, serían prioritarios.
En los tiempos que corren, varias son las publicaciones que dan cuenta de la gravedad de los problemas enfrentados por la Iglesia católica desde hace una buena cantidad de años; escándalos de todo tipo, y conductas impensables en una institución como ésa, son algo cotidiano y lo peor, son encubiertos y solapados por no pocos. Además de los libros de Giancarlo Nuzzi (Merchants in the Temple, Ratzinger was Afraid, Via Crucis y Las cartas secretas de Benedicto XVI —éstos dos últimos en español—), está Francisco entre Lobos, de Marco Politi, editado en México por el Fondo de Cultura Económica.
El panorama que dejan ver, está lleno de problemas de índole diversa que en no pocos casos, pudiere decirse, salen de la esfera propiamente religiosa; todas detallan aspectos tan mundanos, como la administración fraudulenta y corrupta de los activos del Vaticano y para agravar las cosas, chantajes y conductas inmorales de altos cuadros religiosos y laicos los cuales, tienen ver con violaciones graves de preceptos y enseñanzas fundamentales de la Iglesia católica.
Esta realidad recibió al papa Francisco; su tarea entonces, más que en la parte de la fe, está concentrada en lo meramente material y humano; en corregir las debilidades de la carne, y de la cartera. Su labor pues, desde que ocupa el Trono de San Pedro, se centra en hacer política; en forjar alianzas con los que todavía quieren hacer de la Iglesia católica una institución, ante todo decente, volcada a favor de los necesitados.
¿A qué vino entonces el Papa? Vino a hacer política, pero política vaticana; a aliarse con los buenos de aquí para aislar, y luego echar fuera a los corrompidos. A eso vino, no a ser portavoz de ingenuos que carecen de fuerza política para sacar adelante sus agendas.
