¿Cuánto más aguantará el país esta gobernación omisa, cómplice del delito?

La repetición de una conducta, tantas veces vista y sufrida por cientos de miles de mexicanos —inermes ante los vándalos—, obliga a la pregunta.

Las imágenes han dado paso a las preguntas, todas ellas sin respuesta. La repetición de una conducta, tantas veces vista y sufrida por cientos de miles de mexicanos —si no es que por millones, inermes ante los vándalos que impunes, destruyen lo que encuentran a su paso, saquean y roban y golpean cobardemente a policías y civiles—, obliga a la pregunta del título.

Ésta, debería a la brevedad, ser respondida por las autoridades de los tres órdenes de gobierno con lo único que quizás empezare a regresar la confianza perdida en nuestras autoridades: aplicando de manera firme la ley, sin distingo alguno, a los grupos que, amparados hipócritamente en una tragedia, ven hoy la oportunidad de lograr esa caduca ilusión de ver la lucha armada como la vía para derrotar al gobierno, destruir al Estado burgués y construir el socialismo.

Da risa el conjunto de clichés como los resaltados en cursivas en el párrafo anterior pero, ante una gobernación omisa y cobarde que, lejos de enfrentarlos con la ley en la mano les concede la total impunidad para delinquir, la risa se vuelve temor por el futuro del país, por su suerte ante lo que parece complicarse cada día por lo que, es imposible no concluir que esta situación provocada por una gobernación que ha renunciado a cumplir con su obligación primera —hacer respetar la ley—, no puede durar por siempre.

¿Cuál es la intención de quienes nos gobiernan hoy? ¿Dejar que esto continúe pudriéndose, hasta que los ciudadanos se vean obligados a tomar la justicia en sus manos? ¿Acaso, ante su temor a perder una popularidad, más invención de publicistas sinvergüenzas a su servicio que sentimiento real entre los ciudadanos, su divisa es dejar pasar, dejar hacer? ¿De eso se trata? ¿Esa es la gobernación eficaz prometida y comprometida?

¿Será acaso que su idea de la gobernación, es que los ciudadanos, hartos de ver destruido su patrimonio y atropellados sus derechos por grupúsculos que piensan que así llevarán al país a la insurrección armada, se arman y los combatan mientras ellos siguen en su burbuja?

¿Ése es el futuro de México? ¿Repetir la experiencia colombiana de las fuerzas paramilitares? ¿Esto es lo que esperan, y desean de los ciudadanos? ¿Acaso es la respuesta frente a la omisión cobarde de las autoridades, fruto incuestionable ya, de la corrupción que nos está destruyendo como país y que ante lo evidente, ya amenaza la estabilidad y la viabilidad del Estado mexicano?

¿De nada les han servido sus viajes al exterior donde, seguramente obtienen información acerca de la forma de enfrentar conflictos y amenazas similares? ¿De qué les han servido tantos doctorados y postgrados en las mejores universidades del mundo? ¿Sólo para hacer negocios al amparo del poder, mientras el país se va por el caño?

Es más, ¿son tan ingenuos que piensan, que podrán seguir así por siempre? ¿No han revisado la experiencia e historia de no pocos países de la Región, donde los gobernantes actuaban como lo hacen hoy? ¿No piensan que lo que allá se dio como respuesta ante su cobardía e incapacidad, podría en el México de hoy, verse replicada? ¿No imaginan, ante la concreción de dicha eventualidad, la aprobación masiva de la sociedad mexicana?

¿Hasta cuándo pues? ¿Cuánto tiempo más aguantará esta fragilidad institucional? ¿Cuándo estallará el hartazgo social ante estos delincuentes, que gozan de la total impunidad que las autoridades de los tres órdenes de gobierno les otorgan?

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