Ya no hay sopa de fideos y usted, inteligente, sabe cuál sopa queda

La soberbia, cualidad propia de los dictadores, los lleva a pensar que a ellos nada les afectará, y a actuar como si el control que ejercen en la economía y la política fuere a ser eterno.

Hoy, los que no se cansaban de señalar con el índice flamígero a los negativos, amargados y pesimistas profesionales, no hallan dónde esconderse; no pocos de ellos, buscan desesperados y carentes de autocrítica acomodarse a la realidad que exhibió, no sólo su incapacidad y limitaciones intelectuales para entender lo que pasaba y pasa en la economía sino lo peor, su falta de honradez intelectual por estar al servicio del poderoso en turno.

Pero no se preocupe, menos les preste atención alguna, mañana volverán a lo que les es consustancial, a la tergiversación fallida de la realidad para tratar de vender ilusiones cual realidades o si lo prefiere, cuentas de vidrio como si fueren brillantes de elevado kilataje.

Nosotros, en tanto aquéllos ajustan sus choros mareadores para seguirlos vendiendo al mejor postor,  vayamos a lo serio, a tratar de analizar objetivamente lo que pasa en la economía de nuestros principales socios comerciales.

A la incertidumbre que ya es regla en la economía mundial, se agrega hoy un nuevo elemento que viene, además de elevar el nivel de incertidumbre y volatilidad, a sentar las bases de lo que pudiere convertirse, de no tomar medidas efectivas a la brevedad, en una nueva versión de las conocidas guerras de divisas por elevar la competitividad de ésta o aquella economía y con ello, ganar mercado para sus mercancías o no perder los ya ganados.

La República Popular China, enfrentado su anquilosado órgano de control real y dictatorial del Estado y el gobierno (integrado por siete ancianos que conforman el Comité Permanente del Buro Político del Comité Central del Partido Comunista Chino), a la nueva realidad económica la cual, esencialmente, se traduce en crecimientos anuales alrededor de 6.5% del PIB y a depender más del mercado interno, en vez de crecimientos anuales superiores a 10 u 11% y las exportaciones, han reaccionado como lo que son, autócratas ensoberbecidos que piensan pueden imponer condiciones al mundo.

El huracán que generaron con las devaluaciones del yuan de estos tres o cuatro días, amenaza con llevárselos a ellos primero que a los competidores que se les enfrentan, en éste o en aquel mercado.

En el fondo del asunto que nos ocupa está, sin duda, la renuencia propia de los autócratas chinos que se niegan, con todos los recursos que tienen a su disposición, a abrirse en temas como el precio de su divisa y la apertura de sus mercados financieros que al final del día, son los pasos inevitables, consecuencia natural de la apertura de toda economía.

La gerontocracia china, acostumbrada desde la fundación de la República Popular China el 1 de octubre de 1949, a manejar el país como un bien de su propiedad absoluta e incuestionable, se niega a aceptar las consecuencias de la apertura que debieron llevar a cabo a fines de los años 70 (¿Recuerda usted aquello del color del gato y de cazar ratones de Teng Tsiao-ping?), poco después de la muerte en 1976 del presidente Mao.

La soberbia, cualidad propia de los dictadores, los lleva a pensar que a ellos nada les afectará, y a actuar como si el control que ejercen en la economía y la política fuere a ser eterno. Hoy, la realidad los alcanza y como buenos autócratas, reaccionan en contra del avance de la historia y de la modernización.

Lo interesante para México, son las consecuencias negativas que se dejarán sentir las cuales, por desgracia, no serán leves. Muy pronto lo verá. El tema da para más.

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