¿Acaso seremos, otra vez, un perdedor más en esta caída del precio del petróleo? ¿Lo duda?

En el seno de los mercados de ésta o aquella mercancía o servicio, prácticamente nada hay como resultado del azar.

Los mercados, hay que repetirlo aún cuando sea una verdad de Perogrullo, no tienen sentimiento alguno; premian a unos, es cierto, y castigan a otros pero, esta acción no es consecuencia de sentimientos o valores morales. Es la respuesta lógica del consumidor, al desempeño de quienes en ellos  participan.

¿A qué viene esta repetición de lugares comunes? ¿Acaso usted los ignoraba? ¿Es que no sabía, o no lo ha experimentado en su larga vida de consumidor? ¿Acaso no recuerda el nombre de ésta o aquella empresa que por razones desconocidas —aparentemente—, desapareció del mapa?

En el seno de los mercados de ésta o aquella mercancía o servicio, prácticamente nada hay como resultado del azar; la suerte del oferente de un bien o un servicio, él mismo la construye a lo largo del tiempo.

Todo lo anterior, de una sencillez que no se requiere un doctorado en economía para comprenderlo; es tan fácil de entender, que la casi totalidad de nuestros diputados y senadores lo hacen sin dificultad alguna. ¿Luego entonces, por qué a no pocos de nuestras mentes brillantes en materia económica, les es tan difícil comprenderlo y actuar en consecuencia?

Hoy, lo que vemos en materia de precios del barril de petróleo, es la repetición —casi mecánica—, de lo dicho en los párrafos anteriores. Con base en ello, ¿qué esperar entonces? ¿Acaso sería lógico pensar que esta vez, vamos a ser uno de los ganadores? Si usted pensare así, ¿de dónde saca ese juicio? ¿En qué argumentos lo sustentaría?

México y nuestra empresa productiva del Estado han sido, y lo serán por decenios, un perdedor nato en materia de mercados; no sólo no entendemos su significado sino que jamás hemos justipreciado su utilidad y conveniencia en materia de crecimiento de la economía. Por el contrario, los despreciamos y, no contentos con ello, hemos legislado a lo largo de decenios para dificultar su operación, cuando no impedido su surgimiento.

Esta racha a la baja de los precios del barril de petróleo que vemos desde hace algunos meses —afirman los analistas especializados en el mercado de la energía en el mundo—, podría durar los próximos dos años, el 2015 y 2016.

¿Hay en el país hoy, alguien con al menos dos dedos de frente que afirme, que Pemex saldrá airoso de esta nueva realidad del mercado petrolero mundial? ¿Con qué y cómo lo podría hacer? ¿Acaso la actual estructura ineficiente, sobrepoblada y corrompida hasta el tuétano es lo que la impulsaría a salir victoriosa?

La realidad de nuestra empresa productiva del Estado, apunta en la otra dirección; las complicaciones financieras y productivas que enfrentará como consecuencia de cambios en  un mercado que jamás parece haber entendido y mucho menos dominado, ratificará su inviabilidad técnica, operativa y financiera.

Si bien esta afirmación me hará ganar el título de traidor a la patria, no pienso que debamos esperar mucho para comprobarla; la Reforma Energética aprobada y su laberíntica legislación secundaria, no ayudarán a enfrentar y corregir las fallas estructurales de Pemex y de la otra empresa productiva del Estado la cual, propagaban, era una empresa de clase mundial.

El destino nos alcanzó, desde hace años; una vez más, como tantas veces, pararemos en el rincón de  los perdedores que es, aún cuando nos neguemos a aceptarlo, el espacio donde nos gusta estar. Ahí, la corrupción ofensiva que nos caracteriza, es disfrazada mediante el dispendio y la ineficiencia.

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