¿Con tan poquito resolveremos todo? ¿En serio; así de fácil será crecer a tasas altas?
La recuperación de la economía mundial ha sido a la fecha decepcionante.
Las noticias acerca del comportamiento de algunas variables económicas durante el tercer trimestre de este año, han alimentado una euforia la cual, si fuéremos objetivos, tendríamos que concluir que carece de sustento.
Todavía hoy, dados los problemas estructurales de nuestra economía (a los cuales ni cosquillas les hemos hecho con los cientos de hojas de los textos de las leyes reglamentarias en materia energética), la salida del estancamiento económico —que parece ser nuestro destino inevitable—, en modo alguno parece estar garantizada.
Si revisáremos con detenimiento los capítulos de dos documentos que el Fondo Monetario Internacional dio a conocer, que son la base para las discusiones durante la reunión conjunta de otoño en Washington con el Banco Mundial, lejos están las principales economías del mundo en tener asegurada la recuperación de un crecimiento sostenido.
Es más, el título del discurso pronunciado ayer mismo por la Señora Lagarde en la Universidad Georgetown —The challenge facing the global economy: New momentum to overcome a new mediocre—, dice lo que con nuestra euforia pretendemos disfrazar, si no es que ocultar: la recuperación de la economía mundial ha sido, a la fecha, dissapointing; es decir, decepcionante.
¿De dónde entonces viene la euforia que cual peligroso virus, ha atacado a no pocos? ¿Es la urgencia de hacer que la población crea que vamos bien, a costa de asirnos a cualquier clavo ardiendo? ¿Acaso desconocemos que hoy, los datos e información vuelan sin límite y control alguno, salvo en la República Popular China, donde un gobierno de viejos anquilosados piensa que será capaz de impedir la difusión de la verdad de lo que pasa en Hong Kong?
Por lo demás, no sobra recordar que con ese gobierno dictatorial hemos firmado una Alianza Estratégica Integral la cual, nadie sabe bien a bien qué significa, y a qué nos compromete; de la misma manera, sorprende que los autócratas chinos, que bien saben de la imposibilidad de detener el flujo de información en una sociedad dispuesta a cambiar —porque ellos lo vivieron durante los decenios de guerra civil—, la quieran ahora detener cuando millones se niegan a aceptar —en Hong Kong— su visión autoritaria de lo que debe ser la gobernación.
Hoy, nada está asegurado; es más, los próximos años serán más difíciles para economías emergentes como la nuestra porque, producto de la visión cortoplacista de nuestra clase política, desaprovechamos un decenio de altos precios de las materias primas para haber propuesto —y llevado a cabo— un proceso profundo de reformas.
Por eso pregunto, otra vez, ¿De dónde viene la euforia que cual peligroso virus, ha atacado a no pocos? ¿Es la urgencia de hacer que la población crea que vamos bien, a costa de asirnos a cualquier clavo ardiendo?
¿Acaso somos tan ingenuos, que pensamos que El Buen Fin y sus ventas, nos permitirán concretar ese objetivo que parece imposible de alcanzar: El crecimiento económico, a tasas cercanas a 5.0%? No nos equivoquemos con El Buen Fin, y con otras cosas; los que están felices por esta campaña son, otra vez, los fabricantes de lo que en 70% u 80% prefieren los consumidores: cosas que aquí no fabricamos.
¿Qué propongo frente a la situación económica de nuestros principales socios comerciales? Algo fácil, bajarle tres rayitas a la euforia, y estar atentos a las discusiones en la reunión conjunta del FMI y Banco Mundial la próxima semana.
