En serio, esto ya se acabó; vea a su alrededor y analice con objetividad la situación, y me dará la razón

Desgraciadamente en lo que se refiere a gobernantes no es posible llamar a relevos.

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Ángel Verdugo 30/04/2014 00:00
En serio, esto ya se acabó; vea a su alrededor y analice con objetividad la situación, y me dará la razón

Le decía ayer que para mí, el sexenio prácticamente se agotó o cuando menos, en aras de mantener viva la esperanza, digamos que se agotó la primera mitad.

Estoy consciente de que para muchos, mi afirmación carece de fundamento; además, afirman —en congruencia con su posición—, que este gobierno tiene todavía un largo camino por recorrer.

Siento diferir de quienes así piensan sobre lo que sucede en México —en no pocos frentes de la vida nacional— pero, reitero, esto se acabó; al menos, repito, en su primera mitad. Trataré de explicarme.

En el baseball, es común que cuando al pitcher le tunden los bateadores contrarios desde la primera entrada, el conocedor afirme que “no trae nada en la bolita” por lo que para él, el juego se acabó. Y efectivamente, no tarda en salir al montículo el manager o el coach de pitcheo, para pedirle la bola y llamar al relevo.

Por desgracia o por fortuna, no lo sé bien, en lo que se refiere a los gobernantes no es posible llamar a los relevistas en cuanto los ciudadanos se dan cuenta que el elegido “no trae nada en la bolita”.

Por otra parte, al igual que en el baseball, el pitcher puede retomar el control y lanzar en las ocho entradas restantes un juego de antología pero también, en caso de que el manager haya decidido mantenerlo en el montículo, podrían destrozarlo a punta  de hits y home runs.

Ante lo que vemos y sufrimos hoy, ¿podría decir usted que el pitcher que elegimos “nada trae en la bolita”? Así como el pitcher aquél les lanza a los bateadores contrarios curvas, sliders, bolas de tirabuzón y pitchadas pegadas al cuerpo y aún así se la botan, el presidente Peña Nieto ha intentado todo y hay que decirlo, nada ha salido salvo, por supuesto, una avalancha de anuncios cuya concreción ha sido casi nula o casi.

¿Qué va a suceder? Lo lógico sería, como haría un buen pitcher, calmarse y recuperar el control y cambiar el orden de sus lanzamientos. Al mismo tiempo, dado que él es pitcher y manager, sería obligado ajustar el cuadro porque ha habido rolitas al cuadro que no han atajado —pudiendo haberlo hecho— el shortstop o la segunda base. Además, los jardineros no han atrapado un solo fly permitiendo con sus pifias la anotación de no pocas carreras.

De no hacer eso nuestro pitcher, la paliza podría ser de pronóstico reservado y en consecuencia, el país sufriría lo impensable que podría, de no corregir a tiempo como dije arriba, el equipo ser echado de la liga.

¿Qué hará el manager Peña Nieto? ¿A qué jugadores del cuadro debe mandar a la banca? ¿A qué jardineros? Él tiene la palabra.

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