¿Qué tan alejados estamos hoy, de la agenda que se discute en otros países? A años luz

Muchos políticos mexicanos defienden temas como si fueren de actualidad.

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Ángel Verdugo 25/04/2014 00:00
¿Qué tan alejados estamos hoy, de la agenda que se discute en otros países? A años luz

La revisión —aun si fuere somera— de la agenda que ocupa a la clase política mexicana, sería equivalente a realizar un viaje en el túnel del tiempo; sería viajar —sin desplazarse— a una realidad que hace mucho desapareció del planeta, no sólo de México.

Cuando escucho a nuestros legisladores —diputados o senadores— defender ésta o aquella posición acerca de algún tema mediante lo que piensan son argumentos cuando las más de las veces son tonterías mal dichas y peor hilvanadas, así como cuando brota incontenible su “estilo personal” al exponerlos, tengo la impresión de que estoy en medio de una pesadilla que me lleva a los años 20 o 30 del siglo pasado; es más, en algunas ocasiones, cuando el tema es un poco más moderno, me siento en el sexenio de Gustavo Díaz o Luis Echeverría.

Al margen de las causas que explicarían los temas que no pocos diputados y senadores colocan en la agenda y las posiciones que cada uno defiende, hay algo que va más allá pues los rebasa, por mucho y sin la menor consideración para el que los plantea y los defiende, que es el desfase —con respecto a la actual— de la época durante la cual los temas que defienden formaron parte de la agenda política del país.

Dicho de otra manera, muchos de los integrantes de la clase política mexicana no saben otra cosa más que proponer temas que estuvieron vigentes hace decenios; además, los defienden como si fueren de tal actualidad, que el futuro del país dependería hoy del tratamiento que les diéremos.

Esta característica de nuestra clase política, no es privativa de México; hay países latinoamericanos que padecen la misma penosa y grave enfermedad; Venezuela y Argentina, Ecuador y Bolivia y Cuba y Nicaragua, son los mejores ejemplos de la repetición de lo que pasa en México en lo que se refiere a la inclusión —en la agenda política—, de temas superados por la historia.

¿Imagina usted la sinrazón que subyace cuando proponen —en Venezuela y Bolivia— reproducir el modelo cubano, por ejemplo? ¿A dónde llevará a Argentina y Ecuador, tratar a los medios como si estuviéremos en los años de la Guerra Fría, allá por los años 60 del siglo pasado?

¿Qué dice hoy de nuestra clase política, mantener posiciones caducas en materia de energía cuando, por ejemplo, la revolución tecnológica de la extracción de gas y petróleo shale es una realidad que podría llevarnos, en pocos años, a no tener a quién venderle nuestro petróleo?

Energía, telecomunicaciones, campo, educación, apertura total y clara de la economía, transparencia y escrutinio ciudadano del uso de los recursos públicos, combate a la corrupción, la impunidad y la delincuencia, soporte jurídico que estimule la inversión y tenga definidos claramente los derechos privados de propiedad, construcción de una cultura de la legalidad y vigencia plena del Estado de derecho son temas —entre otros—, donde las posiciones que defienden no pocos políticos en América Latina —gobernantes o no, legisladores o no—, se encuentran a años luz de las que mantienen y defienden los políticos de países ubicados en otros continentes.

Allá utilizan argumentos sólidos los cuales, además, son puestos claramente en el centro de la discusión —debidamente soportados—, con miras a hacer valer posiciones de futuro, no de pasado. Aquí, sólo ofrecemos sentimientos y ocurrencias que buscan, demagógicamente, justificar el regreso a los años 30 del siglo pasado.

¿Cambiaremos esto?

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