Otra vez la pregunta que urge resolver. ¿Por qué no crecemos?

La falta de solución no es la incapacidad o la ignorancia de una muy buena parte de nuestros políticos.

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Ángel Verdugo 11/04/2014 00:00
Otra vez la pregunta que urge resolver. ¿Por qué no crecemos?

Los otros países ya están creciendo y nosotros, tal parece que vamos decididos en la dirección opuesta recorriendo la ruta que bien conocemos, la del estancamiento. ¿Qué explica esto? ¿Cuáles son los porqués de este comportamiento de la economía mexicana?

Antes de otra cosa, hay que decir y aceptar que lo que vemos hoy no es, ni de lejos, una novedad. Es más frecuente que nuestra economía se muestre incapaz de aprovechar los periodos de recuperación económica de nuestros principales socios comerciales, que lo opuesto.

La renuencia a reformar durante los periodos recesivos para que cuando llegue la expansión podamos aprovecharla a cabalidad, no es algo que se nos dé de manera natural. Es más, si me apura, diría que lejos de pensar en aprovechar aquéllos para resolver trabas y remover obstáculos estructurales, los utilizamos para agravarlos; lo nuestro es la falta de comprensión de los procesos que llevan a una economía a recuperar el crecimiento, y adquirir la obligada flexibilidad para adaptarse a lo cambiante de la situación mundial.

Hoy, con ligeros matices en la forma que se presenta eso que ya es normal en nuestra economía, se muestra frente a nosotros con una crudeza que deja muy mal parados a quienes pretenden negar la realidad o al menos, tratan de disfrazarla con la promesa —por lo demás, carente de todo sustento—, de una recuperación que ayer era casi automática y hoy la plantean ya para el mediano plazo.

Por otra parte, sea cual fuere la posición de usted ante lo que estamos enfrentando, y la de quienes nos gobiernan y definen y conducen la política económica y fiscal, hay una pregunta que no hemos sabido, querido o podido resolver desde hace una buena cantidad de años: ¿Por qué no crecemos?

Años van y años vienen de crecimientos mediocres con el consecuente agravamiento de nuestros problemas durante los cuales la clase política se encuentra sumida en discusiones —no pocas veces baladíes—, de problemas que en decenas de países fueron enfrentados y resueltos exitosamente desde los últimos decenios del siglo pasado.

¿Qué lleva a nuestros políticos —gobernantes o no, legisladores o no—, a actuar así? ¿De qué les sirve tanto viaje al extranjero donde tienen la oportunidad de platicar con colegas en activo, que han participado de manera activa en enfrentar y resolver problemas similares a los nuestros? ¿Ni siquiera por accidente tocan el tema? ¿Y de tocarlo, le ponen interés, y atentos toman notas de lo que escuchan?

Podemos regodearnos en la crítica y señalamientos de todo tipo a nuestros políticos y, una vez satisfechos de haberlos destrozado, el problema sigue ahí sin solución: ¿Por qué no crecemos?

A veces he pensado, después de darle vueltas mil a la pregunta de arriba, que la falta de solución no es la incapacidad o la ignorancia de una muy buena parte de nuestros políticos sino el desinterés provocado por la falta de los estímulos adecuados para enfrentar y resolver el problema de nuestros crecimientos mediocres.

Los incentivos actuales para nuestra clase política, van en la dirección opuesta; saben que si buscaren cambiar de raíz la situación dañina para decenas de millones pero colmada de prebendas para ellos y los suyos, pondrían en riesgo sus privilegios.

Saben que todo cambio en la dirección correcta que beneficia al país y su economía, es un golpe a su cartera; luego entonces, ¿por qué no cambiamos los incentivos actuales?

Si le parece, continuamos el miércoles.

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