¿Caeremos otra vez en lo que tanto daño nos causó del 70 al 82? Todo así parece

¿Aprendimos la lección de esos 12 años de políticas públicas erróneas?

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Ángel Verdugo 09/04/2014 00:00
¿Caeremos otra vez en lo que tanto daño nos causó del 70 al 82? Todo así parece

A medida que pasa el tiempo sin que la economía dé muestras de dejar el estancamiento en el que se encuentra sumida desde hace varios trimestres, cobra visos de legitimidad —entre varios grupos de la sociedad—, la idea de que el gobierno actual podría empezar a aplicar las estrategias que tanto daño causaron durante la docena trágica.

Si bien aquéllas no podrían ser copiadas y aplicadas mecánicamente por las diferencias estructurales entre la economía de hace 40 años y la actual, no sorprende que hoy desarrollemos una versión tropicalizada para buscar, con base en la expansión irresponsable del gasto y la concesión de créditos haciendo a un lado todo criterio prudencial, el crecimiento de nuestra aletargada economía.

La propensión de nuestra clase política a utilizar irresponsablemente el gasto y el crédito, está soportada en una visión ideológica caduca del crecimiento más que en argumentos económicos sólidos; ello nos lleva a pensar, que aquella opción podría estar en el primer lugar de la lista de estrategias elaborada por quienes nos gobiernan, con miras a recuperar el crecimiento.

Si bien la situación actual difiere sustancialmente de la que privaba en el mundo a fines de los años 60 del siglo XX, no deja de atraer adeptos la vía del gasto desbocado y el crédito irresponsable como los instrumentos adecuados para recuperar y elevar el crecimiento de una economía, la cual languidece debido a sus trabas y obstáculos estructurales.

En decenas de países —desde hace poco más de 50 años—, ha sido demostrado lo ilusorio de esa vía; al mismo tiempo, los gobernantes que se ilusionaron con alcanzar un rápido crecimiento debieron, pronto, enfrentar el rechazo electoral ante las consecuencias de su irresponsabilidad en la gobernación.

Si bien hay un rápido crecimiento que no se sostiene por la falta de viabilidad estructural y lo limitado de los recursos que genera una economía estimulada artificialmente, la realidad termina por alcanzarnos.

El país, su economía, los agentes económicos y la población en general, pronto se dan cuenta del daño causado por la vía que los deslumbró; a partir de ahí, la desgracia se entroniza y siguen decenios de penurias durante los cuales, si no se actúa con decisión y firmeza, el país puede desembocar en una situación crítica en materia de estabilidad política y económica.

Si leyó con cuidado lo anterior, ¿encuentra algún parecido con lo vivido aquí del 70 al 82, y lo que siguió? ¿Acaso olvidó las consecuencias de aquella borrachera de gasto, y crédito fácil y rápido sin fuente alguna para pagarlo?

¿Aprendimos la lección de esos 12 años de políticas públicas erróneas? ¿De haberla aprendido, jugaríamos hoy con la posibilidad de gastar con cargo a deuda? Es más, si hubiéramos sacado las conclusiones correctas de lo que nos llevó a la ruina, ¿le exigiríamos a la banca “abrir la llave del crédito”,  tal y como hacen los que están al frente del gobierno pues piensan que con él la economía va a crecer?

Si bien las condiciones políticas en lo que se refiere al control de ambas Cámaras del Congreso hacen inútil nuestras quejas y críticas, por ningún motivo debemos dejar de expresarlas. Aun cuando no podamos evitar la expansión irresponsable del crédito y el gasto público desbocado, al menos demostrémosles que tenemos consciencia del daño que su visión del crecimiento puede causar.

Por lo pronto, encarezcámosles su irresponsabilidad.

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