¿Por qué después de 30 años de apertura y 20 del TLCAN, aún rechazamos el libre comercio?

¿A qué se debe esa propensión de nosotros los mexicanos a aceptar tonterías y mentiras como verdades casi axiomáticas?

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Ángel Verdugo 19/02/2014 00:35
¿Por qué después de 30 años de apertura y 20 del TLCAN, aún rechazamos el libre comercio?

En 1987, cuando el modelo de desarrollo que durante decenios seguimos hizo agua y debimos abrir nuestra economía, no pocos pensamos que una nueva era comenzaba en México.

Decíamos, más ingenuos y soñadores que objetivos, que en una generación los fundamentos de una economía abierta y las ventajas de no interferir con los mercados posibilitarían, además de un nuevo país, la adopción de una nueva visión del desarrollo.

Hoy, a poco más de un cuarto de siglo de apertura y 20 de vigencia del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, pocos son los mexicanos que han comprendido y aceptado a cabalidad las ventajas del libre comercio y, más generalmente hablando, de una economía de mercado abierta al mundo, y del libre intercambio de bienes y servicios.

¿Por qué tantos, todavía hoy, rechazan —casi violentamente— el libre comercio? ¿Por qué niegan —visceralmente las más de las veces— los beneficios que nos ha traído el libre comercio?

¿Cuántos de los que hoy se llenan la boca con afirmaciones peregrinas del intercambio con Estados Unidos y Canadá, conocen las cifras de nuestros intercambios con esos países? ¿Cuántos de esos podrían negar las ventajas, que significan millones de empleos formales creados en México como resultado de la apertura, y más específicamente de la firma y entrada en vigor del TLCAN?

¿Qué hemos hecho, o qué dejado de hacer, para que el libre comercio sea hoy culpado de lo que un análisis superficial demostraría que somos nosotros, los mexicanos y nuestras instituciones, los únicos responsables de lo que nos pasa, y de los problemas que enfrentamos desde hace decenios?

¿Cuántos de los que no se han cansado de gritar consignas en contra del intercambio comercial con Estados Unidos desde hace 20 años, conocen la realidad de la balanza comercial con ese país? Es más, ¿cuántos de los que lean esta colaboración, buscarán en las páginas de Banco de México, INEGI o la Secretaría de Economía las cifras de la misma?

Cumplir 20 años no es, como diría el clásico, “enchílame otra gorda”; menos aún en el caso de una decisión de la importancia e impacto del TLCAN. Luego entonces, ¿por qué tanta ignorancia acerca de sus resultados?

¿A qué se debe esa propensión de nosotros los mexicanos, a aceptar tonterías y mentiras como verdades casi axiomáticas? ¿Por qué no buscamos, como deberíamos hacer siempre, “la verdad en los hechos”? ¿Por qué tan fácilmente nos engañan los demagogos? ¿Por qué aceptamos como dogmas de fe —sin la menor intención de cotejar siquiera sus dichos con las cifras y la realidad—, lo que mentirosos contumaces como López, afirman sin el menor sustento que respalde sus aseveraciones?

Hoy, cuando da comienzo la reunión entre el Primer Ministro de Canadá, el Presidente de Estados Unidos y el Presidente de México, gobernantes de los tres países firmantes del TLCAN, ¿por qué no buscar las cifras y la realidad de lo que nos ha pasado estos 20 años de vigencia de dicho tratado?

¿Acaso tememos que nos refuten lo que hemos aceptado sin cuestionar? ¿Tememos quedar en ridículo por la manipulación de la que hemos sido objeto por parte de demagogos sinvergüenzas? ¿Eso es lo que nos lleva a seguir creyendo
tonterías?

¿No cree usted que 20 años de demagogia barata en contra del libre comercio, son suficientes? ¿Llegó la hora de decir la verdad, y exhibir a quienes medran con la mentira y la demagogia? ¿Le parece que lo hagamos el
viernes?

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