¿Y si los recursos no alcanzaren, olvidaríamos “los tres años”, o contrataríamos más deuda?

El enfoque global de los cambios realizados partió de la corrección política y la demagogia.

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Ángel Verdugo 12/02/2014 00:00
¿Y si los recursos no alcanzaren, olvidaríamos “los tres años”, o contrataríamos más deuda?

Un argumento que está siendo utilizado para hacer “paladeable” el “Pacto Fiscal” que se pretende vender a los empresarios, es el compromiso de mantener durante tres años impuestos y tasas actuales los cuales aprobó el Congreso, casi todos ellos a propuesta del Ejecutivo.

Es decir, este año y los dos siguientes tendríamos sin cambio el actual esquema fiscal; sus efectos negativos para la actividad económica son ya más que evidentes, no obstante haber entrado en vigor hace escasas seis semanas. Pero dejemos de lado este último aspecto, y concentrémonos en el plazo que el gobierno federal ha fijado para dar “certidumbre” a los inversionistas, tanto locales como extranjeros.

Varias son las aristas que pudiéremos tocar de dicho plazo y de los efectos positivos que se le atribuyen; sin embargo, con miras a tratar de ser claro en el punto de vista que pretendo expresarle a usted —espero lograrlo—, me centraré en la duración del mismo porque, dado lo corto del mismo, dudo que vaya a tener los efectos positivos que a la fecha se le han atribuido.

Lo primero que debemos señalar de las políticas fiscales, es que deben tener ­—para ser consideradas un estímulo real y efectivo para la inversión—, una permanencia mucho mayor que los tres años que hoy se ponderan como si fuere lo máximo.

Los proyectos de inversión, particularmente los que tienen que ver con obras de infraestructura, tienen un horizonte de recuperación de cuando menos 20 años. De la misma manera, inversiones en plantas para fabricación y/o ensamble de automóviles o partes de los mismos como motores, transmisiones y carrocerías entre muchos otros proyectos, su horizonte de recuperación va más allá de los 15 o 20 años.

¿Imagina usted si Bombardier, cuyas inversiones en Querétaro están pensadas con un horizonte de 15 o 20 años cuando menos, tuvieren que enfrentar el año 2017 un esquema tributario diferente al que les ha servido de base para hacer sus proyecciones financieras y calcular la rentabilidad de su inversión? ¿Qué pensarían ellos y sus proveedores?

Como consecuencia de los cambios realizados sin un análisis objetivo y completo de sus consecuencias, ¿qué es lo que hoy están considerando las principales maquiladoras establecidas en el país? ¿Acaso “los tres años”, los ven como si fuere la panacea que nos convertiría en el paraíso terrenal para hacer negocios?

Es más, ¿qué tan dispuestos están los inversionistas ­—locales o no— a tomar riesgos en México, al conocer que el actual esquema tributario sólo estará vigente tres años?

Las preguntas acerca del plazo de “los tres años”, vendido como lo máximo, podrían seguir indefinidamente; al final, no va a faltar el que pregunte, ¿por qué nada más “tres años”? La respuesta, lo sabe el preguntador, tiene que ver con el carácter parcial y limitado de lo que propuso el Ejecutivo y aprobó el Congreso; también, que el enfoque global de los cambios realizados partió de la corrección política y la demagogia que busca, antes que la eficiencia y un sistema tributario moderno y eficiente, quedar bien con clientelas políticas.

Si a esto le agregáremos las promesas de subsidios y dádivas sin fin a grupos cada vez más amplios, quedaría claro que antes de tres años lo que hoy es escaso, va a serlo más. En consecuencia, el plazo de “los tres años” podría reducirse.

Por último, la pregunta es imposible de detener: ¿Por qué siempre nos esforzamos por hacer tan mal las cosas?

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