Otra vez, la desconfianza echó a perder la fiesta. ¿Escucharán el mensaje enviado?

Los documentos que mes a mes dan a conocer Banco de México y el INEGI mostraron una caída libre de ese aspecto.

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Ángel Verdugo 07/02/2014 00:00
Otra vez, la desconfianza echó a perder la fiesta. ¿Escucharán el mensaje enviado?

Desde hace un mes, fue ya evidente la pérdida de la confianza de buena parte de los consumidores y los agentes económicos en lo que la presente administración ha planteado para retomar la senda del crecimiento. Los documentos que mes a mes dan a conocer Banco de México y el INEGI, relacionados éstos con la confianza del consumidor y del productor en el futuro de la economía, mostraban una caída libre.

Hoy, lejos de detenerse para empezar a revertir la desconfianza de unos y otros en el futuro de la economía, las cosas siguen agravándose. La profundidad de la desconfianza alcanzó ya niveles, que ni los más pesimistas pensaron alcanzaríamos en tan poco tiempo.

En los documentos entregados este mes por Banco de México y el INEGI, apareció uno más de los tres acostumbrados (Índice de Confianza del Consumidor, Indicador de Confianza del Productor, y el Indicador de Pedidos Manufactureros): Expectativas Empresariales. Otro cambio dado a conocer por el INEGI, es un cambio de nombre; el “Índice de Confianza del Productor” se llamará ahora, “Indicador de Confianza Empresarial”.

El nuevo paquete permitirá a los interesados en el desempeño de nuestra economía, tener una visión más completa de la misma; asimismo, la información y datos ahí presentados facilitarán la toma de decisiones de los agentes económicos.

De interesarle el tema y querer conocer las cifras que este mes muestran los cuatro documentos, le pido que por favor los consulte en la página del INEGI, www.inegi.mx. Vayamos ahora a un aspecto central que marca dicho paquete: la confianza en la economía, y lo que el consumidor y los agentes económicos perciben o “ven” del futuro que les espera para los próximos meses.

En toda economía abierta, las expectativas constituyen un factor que los responsables de la gobernación deben considerar siempre en la toma de decisiones relacionadas con el desempeño económico. México, que dejó hace más de un cuarto de siglo el modelo de economía cerrada, se mueve ahora de acuerdo con reglas diferentes. Entre éstas, considerar las expectativas económicas —medidas con el grado de confianza que generan— es fundamental pues determinan —en buena medida—, las decisiones de los consumidores y los agentes económicos.

De ahí la importancia que han cobrado —en las economías abiertas—, reportes como los cuatro que a partir de este mes —antes fueron tres como dije—, nos entregarán el Banco de México y el INEGI.

Ahora bien, cuando los datos que esos documentos arrojan son “negativos”, es decir, la confianza cede el lugar de “honor” a la desconfianza y a las consecuencias que de ella derivarían, los responsables de definir y aplicar las políticas públicas en materia de desempeño económico, deben tomar nota de lo que los consumidores y los agentes económicos piensan acerca del futuro como respuesta a las decisiones que toman.

Hoy, uno habría esperado de aquellos funcionarios, frente a los datos que los documentos listados arrojan desde hace cuatro o cinco meses, una respuesta responsable y madura de quiénes son —en buena parte—, responsables de lo que estamos enfrentando en materia de crecimiento económico.

Sin embargo, lejos de mostrar oídos receptivos a lo que piensan consumidores y agentes económicos, han preferido mantener un triunfalismo burdo el cual, además, raya en lo ofensivo. ¿Les interesará tomar en cuenta, algún día, lo que aquéllos piensan del futuro económico? Todo indica que no.

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