¿Cómo “venderán” a México? ¿Qué les dirán a los inversionistas, que éstos no sepan ya?

El objetivo de la XXV Reunión de Embajadores y Cónsules es darles a conocer las reformas aprobadas por el Congreso.

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Ángel Verdugo 10/01/2014 00:00
¿Cómo “venderán” a México? ¿Qué les dirán a los inversionistas, que éstos no sepan ya?

Durante esta semana, en la “XXV Reunión de Embajadores y Cónsules”, funcionarios del gabinete convivieron —como en las 24 anteriores—, con una buena parte de los integrantes del Servicio Exterior Mexicano y algunos políticos devenidos en diplomáticos.

Se supone, al menos es lo que se ha dicho de esta reunión, que el objetivo es darles a conocer las reformas aprobadas por el Congreso, los impactos que tendrán en el crecimiento y el desarrollo y también, por qué no, los avances en el combate a la violencia y la inseguridad. (¿Les eran desconocidos?).

Todo con miras a que los oyentes sepan, qué está pasando en México en materia de reformas transformadoras para que ellos, a su vez, estén en condiciones de “vender” a México como el mejor de los destinos para las inversiones. (¿No lo sabían?)

Hasta ahí, la actual reunión no es diferente de las anteriores; hoy, al igual que ayer, se escucha a funcionarios para que los participantes conozcan lo que ya conocen y saben y de paso, si fuere posible, el gobierno explique y justifique el nuevo enfoque en materia de relaciones con el exterior y los nuevos objetivos a alcanzar.

Al conocer la intención de la presente administración —de convertir al personal del Servicio Exterior Mexicano en promotor del país para atraer inversión—, fue lógico concluir que su comprensión de cómo promover las ventajas de un país hoy en día, no era objetiva y menos actual. Si estuviéremos en los años ochenta del siglo pasado, el enfoque que se pretende dar sería el correcto; sin embargo, la promoción de las bondades de un país y sus ventajas, va hoy por otras vías.

Además, si nos atenemos a la situación que enfrentamos y las posiciones hechas públicas por éste o aquel funcionario en torno a aquélla, se ve cuesta arriba que alguien que ha estado alejado de la realidad cotidiana del país durante no pocos años, pudiere hacer lo que ahora se le pide, u ordena.

Por ejemplo, ¿cómo explicará la ex canciller, que ante el problema de la violencia desbocada y la inseguridad resultante y el desprecio casi obsceno del Estado de derecho en buena parte del país, sus interlocutores tendrían que entender y aceptar que eso se registra aquí y allá, pero no acullá? ¿Podría, quien la escuchare, aceptar “el argumento” de que lo que pasa en Michoacán, Oaxaca y Guerrero, es obra de la incapacidad e irresponsabilidad de otros mas no del gobierno que ella representa?

¿Cómo contrarrestar las ventajas de otros países, que no viven en el pasado en cuanto a su visión del desarrollo y no asignan al petróleo, como aquí, poderes casi mágicos? Por lo demás, ¿a quién le harán caso los asistentes? ¿A un secretario que elogia desmedidamente una Reforma Energética inconclusa, o al secretario de Energía que con una claridad que sorprendió a más de uno, les pide que no la promuevan todavía pues apenas vamos en la primera etapa, y aún faltan dos?

¿Acaso interesará a cónsules y embajadores, la Cruzada contra el Hambre y lo que la secretaria de la Sedesol les dijo en torno al tema cuando, lo único que recuerdan ya de su confusa intervención, es el llamativo foluard que portaba con un estilo que hizo la envidia de las presentes?

Total, una reunión más que nada concreto dejará; los que llevan decenios fuera del país en el Servicio Exterior, socarrones como todos los diplomáticos, se reirán discretamente de los recién llegados, como han hecho desde hace muchos años. Ya lo verá usted.

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