¿Qué explica su adoración al pasado? ¿Ignorancia, temor o quizás una profunda corrupción?

¿Acaso lo que buscan éstos, es una migajita del suculento pastel?

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Ángel Verdugo 11/12/2013 00:08
¿Qué explica su adoración al pasado? ¿Ignorancia, temor o quizás una profunda corrupción?

Lo visto estos días debería, cuando menos, preocupar a todo interesado en el futuro del país. Las muestras de ignorancia y temor por el futuro —y en no pocos casos de una profunda corrupción personal—, que vimos en el Senado de la República en los “debates” escenificados ahí, nada bueno dicen acerca de la viabilidad de enfrentar con éxito y corregir algunos de los problemas que nos impiden crecer, y ver el mundo de manera objetiva.

A esto debemos agregarle el espectáculo que un pequeñísimo grupo de sedicentes defensores del petróleo, montó alrededor de la Columna de la Independencia; cuatro o cinco decenas de despistados, daban vueltas y vueltas como papalote sin cola haciendo el ridículo de su vida lo cual, para ser sinceros, sólo produce en quienes tienen la mala suerte de circular por ahí además de las obligadas mentadas, una buena dosis de conmiseración (“Compasión que se tiene del mal de alguien”).

La cereza del pastel en esta lucha de todos contra todos para lograr el primer lugar en esto de hacer el ridículo, la pusieron dos personajes de eso que se ha dado en llamar “la izquierda mexicana”.

El primero, campeón de todas las competencias por tener las posiciones de mayor atraso, e irse a épocas pasadas para tomar de ahí lo peor y venderlo como el mejor de los futuros, fue Cárdenas (El Menor); el segundo, no lejos de aquél en cuanto a hacer el ridículo se refiere, aparece Zambrano a punto de envolverse en la bandera mexicana, haciendo gala de un gesto adusto que expresare su patriotismo el cual, a lo más que llegó fue a un patrioterismo burdo y barato.

¿Imagina usted al principal opositor de la señora Merkel, acusarla de llevar a Alemania a los años previos a la Primera Guerra Mundial con su propuesta de cambios legislativos para elevar los niveles de productividad de la economía? ¿Y si esto mismo se hubiera dado en decenas de países, qué pensarían ahí de quien se hubiera atrevido a hacer tan peregrina declaración?

¿Acaso lo habrían acusado de ser un enfermo mental, de tener el umbral del ridículo muy alto o simplemente de defender sus privilegios los cuales, de aprobarse los cambios legislativos propuestos, peligrarían?

¿En verdad piensa Cárdenas (El Menor), que al aprobar la Reforma Energética y las leyes secundarias que le darían sustancia, regresaríamos al porfiriato? ¿Podría dar, para soportar sus peregrinos dichos, cuando menos unos dos o tres argumentos?

¿Acaso los viejos clichés apocalípticos —plagados de mentiras y lugares comunes—, expresados por decenas de personajes como Padierna, Bartlett, Camacho y Sansores entre otros, se corresponden con la realidad que hoy vivimos, y con la que viviríamos de entrar en vigor una reforma cuyos beneficios estarían por verse?

Al final, siempre con la idea de explicar una conducta propia de retrasados mentales no de políticos profesionales, uno pregunta, ¿qué es lo que explica su comportamiento frente a la Reforma Energética? ¿Acaso su adoración al pasado —que raya en la insania—, es producto de la ignorancia y el temor, o de una profunda corrupción que los lleva a oponerse porque, saben que sus privilegios peligran? Además, ¿qué explica el apoyo que sus posiciones reciben, de quienes uno supondría inteligentes? ¿Acaso lo que buscan éstos, es una migajita del suculento pastel?

¿Los imagina diciendo y haciendo lo mismo, en cualquier otro país? Como dirían ahora, ¡qué oso, güey!

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