¿Corregiremos, algún día, la tragedia y el desastre que hemos hecho del campo mexicano?

Ahí pudimos construir una fuente de materias primas para la industria.

Una de nuestras características más conocidas, que refleja de manera objetiva lo que somos y hacemos (y cómo somos y cómo lo hacemos), es la inclinación a dejar para mañana lo que debimos haber hecho hace años.

Esta práctica tan nuestra, se ve con claridad meridiana en el campo mexicano. Ahí, donde pudimos haber construido una fuente de materias primas para la industria, producido alimentos de todo tipo y creado millones de empleos permanentes, es una tragedia y un desastre de dimensiones descomunales.

Más allá de los millones de miserables que apenas sobreviven pues se debaten en la insalubridad y la desnutrición que ofende —incluso—, al más cínico y sinvergüenza de los “líderes campesinos” (que al amparo de la corrupción propiciada y estimulada desde hace decenios por funcionarios y burócratas corruptos), el campo mexicano representa el gran lastre que impide la modernización económica y un desarrollo más justo y equitativo.

Lo dicho en los tres párrafos anteriores, nada nuevo le dice a usted; es la aburrida repetición de lo que por sabido y aceptado se calla, cuando no es que se olvida o deja de lado.

La corrupción sempiterna (“Que durará siempre; que, habiendo tenido principio, no tendrá fin”) que reina en el campo mexicano y sus efectos, han llegado a un punto tal, que representan ya una seria amenaza a la seguridad nacional y ponen en peligro la estabilidad política del país.

Ahora bien, ¿por qué después de cien años de haber sentado las primeras bases para enfrentar y resolver el problema del campo con la promulgación de la “Ley del 6 de enero de 1915”, el campo mexicano es una verdadera tragedia y un desastre que debería avergonzar, aun a los más cínicos?

¿Por qué otros países con problemas similares, los enfrentaron y resolvieron en un tiempo razonable? ¿Por qué, al ver los avances que otros lograron en materia de andamiaje jurídico del campo, no analizamos esas experiencias para determinar qué pudiéremos aplicar aquí?

Hoy viernes mismo, en Pekín, comienza una importantísima reunión del Comité Central del Partido Comunista Chino, para discutir y proponer la siguiente etapa de reformas cuyo objetivo central sería, entregar a los campesinos el dominio pleno de su tierra para que pudieren, si esa fuere su voluntad, vender libremente su tierra.

De interesarle el tema, le recomiendo leer estos tres excelentes artículos de la revista inglesa The Economist:

https://www.economist.com/news/leaders/21588858-crucial-gathering-chinas-...

https://www.economist.com/news/briefing/21588873-economic-issues-facing-n...

https://www.economist.com/news/china/21588899-chinas-leaders-will-soon-re...

¿Algún día nos atreveremos a enfrentar el problema del campo mexicano, y plantear soluciones efectivas que eliminen la tragedia y el desastre en el que lo hemos convertido? ¿Nos atreveremos a tomar las decisiones que estimularían la iniciativa de millones de campesinos que hoy, a pesar de trabajar de sol a sol, apenas sobreviven junto con los suyos?

Esta semana, el presidente Peña Nieto en dos reuniones con productores agropecuarios, se comprometió a enviar al Congreso las iniciativas de ley que permitirían, de ser aprobadas, lograr una profunda y real transformación del campo mexicano. Ése sería, sin duda, el primer paso de una larga marcha.

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