El problema de nuestros legisladores, más que saber poco, es ignorar mucho y no reconocerlo
El tope al crecimiento del Gasto Corriente aprobado no incluye la inflación.
En estos tiempos, la regla en lo que se refiere a lo que cada uno de nosotros sabe o dice saber, es de cantidad. Los avances científicos y la profundización a que se ha llegado en no pocas áreas del conocimiento, nos ha llevado a tener que reconocer que lo que nos define es, más que lo poco que sabemos, es lo mucho que ignoramos.
Los que no tienen ciencia aborrecida, se niegan a reconocer que es mucho lo que ignoran; cuando el que así se comporta es un ciudadano de a pié, los efectos negativos para la sociedad son nulos; sin embargo, cuando ocupa una posición relevante en la esfera pública y sus decisiones afectan a la sociedad o a grupos amplios de ésta, las cosas adquieren otra dimensión. Ésta, en ciertas coyunturas, podría poner en peligro la estabilidad económica y política.
En las sociedades modernas, eso es enfrentado y resuelto mediante la contratación de especialistas que suplan la falta de conocimiento especializado; si se tratare del Parlamento o el Congreso, con la conformación de un área cuyos integrantes posean la debida especialización para, así, estar en condiciones de proporcionar a parlamentarios y legisladores los análisis que por sus limitaciones, no están capacitados para realizar.
Así, al margen del nivel de los conocimientos especializados de parlamentarios y legisladores, éstos siempre podrán contar con análisis objetivos, despojados de la desviación política propia de quienes creen saberlo todo.
Ahora mal diría Gil Gamés, hay de parlamentos a parlamentos y de congresos a congresos; en unos, es posible encontrar a quien se ha especializado en éste o aquel campo del conocimiento y por ello puede, en ciertos temas, proponer cosas lógicas y benéficas para el país, y el crecimiento de la economía por ejemplo. En otros, por el contrario, la ignorancia es tal, que asusta al más pintado; el desconocimiento se registra, no sólo en temas especializados sino las más de las veces en lo que es elemental.
En México, donde nos hemos creído eso de que ya somos una democracia en toda la extensión de la palabra, nos sorprende —con una frecuencia que debería servir de llamada de atención—, la declaración de éste o aquel legislador que acusa a sus adversarios políticos con la seguridad que sólo la ignorancia proporciona. Espero que baste lo que a continuación señalo.
Se festina hoy, que los diputados hayan aprobado un tope al crecimiento del Gasto Corriente el cual, “es de 2.5%”. ¿Es esta afirmación correcta; o verdadera?
Es cierto, los diputados aprobaron un tope de 2.5% al crecimiento del Gasto Corriente pero, “en términos reales”, y sólo para los años 2015 y 2016. Este porcentaje es, al ser “en términos reales”, no incluye inflación. Si tradujéremos ese tope “a porcentajes nominales” —con inflación incluida—, el 2.5 se eleva a 6.1% si aquélla fuere —para el año 2015— del orden del 3.5 por ciento. En cambio, si llegare a ser el 4.0%, el crecimiento autorizado sería entonces, “en términos nominales”, del orden de 6.6 por ciento.
El desconocimiento de algo tan elemental como la diferencia entre cantidades reales y nominales, ha llevado y lleva —a no pocos—, a sacar conclusiones equivocadas. ¿Qué hacer entonces? Algo muy fácil de lograr; contratar mejores asesores, y tener el valor de reconocer que no lo sabemos todo.
Por eso le dije al principio, nuestro problema no es saber poco, sino ignorar mucho. Así, poco es lo que podemos esperar de nuestro Congreso.
