La creatura plebiscitaria

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Alberto Begné Guerra 25/08/2014 00:58
La creatura plebiscitaria

Los instrumentos de la democracia plebiscitaria, con contadas excepciones, históricamente han estado asociados a regímenes y propósitos autoritarios, en contra de los principios y las instituciones de la democracia representativa, la cual, no obstante sus deficiencias y distorsiones, ha acreditado ser la única forma de gobierno donde es posible equilibrar la legitimidad del poder de la mayoría y la garantía de los derechos de las minorías. En algunos casos estos instrumentos han servido para legitimar cambios democráticos; en el pasado reciente, quizá los referéndums de 1976 y 1978 en España, o el plebiscito de 1988 en Chile, sean los más emblemáticos, aunque lo cierto es que la clave de dichas transiciones a la democracia radicó en la integración y consolidación de sus instituciones de representación política. En contraste, el siglo XX está plagado de negros episodios de líderes megalómanos que, bajo la bandera de una supuesta voluntad popular encarnada en ellos, encontraron en la democracia plebiscitaria el mejor instrumento para erosionar y, finalmente, destruir a las instituciones de la democracia representativa.

Lo cierto es que el plebiscito, el referéndum y la consulta popular producen una suerte de hechizo entre los políticos autoritarios y populistas, y no son pocos los que, en nombre de la democracia, los han puesto en práctica en perjuicio de la democracia misma, pues en esencia esa inclinación desprecia el valor y la legitimidad de sus procesos e instituciones.

En el caso de México, al calor del ánimo reformista del Pacto por México, fue aprobada una reforma constitucional y, más tarde, en marzo pasado, la ley reglamentaria correspondiente, con el fin de establecer y regular la consulta popular. En estas normas se señalan los temas o asuntos que, en razón de su naturaleza constituyente o su carácter estratégico, no pueden ser materia de consulta; y si bien algunas definiciones son claras, otras son francamente ambiguas. Esto, sumado a la manipulación oportunista e irresponsable de este instrumento por parte de los partidos políticos, ha degenerado en un espectáculo bochornoso.

Así, lo que inició como un debate sobre el objeto y los alcances de la consulta popular a propósito de la que promueve el PRD en torno a la Reforma Energética —en mi opinión, improcedente, porque atañe a los ingresos y gastos del Estado, una de las excepciones expresas—, pasó después al festival populista de los salarios mínimos, que el PAN tomó prestado del jefe de Gobierno del Distrito Federal, para terminar en la chunga maniobrera del PRI sobre la reducción de diputados y la desaparición de senadores de representación proporcional. Aunque a final de cuentas no está mal: en unos cuantos días hirieron de muerte a su creatura plebiscitaria.

                *Socio consultor de Consultiva

                abegne.guerra@gmail.com                                                                     

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