Dos estampas mexicanas del mundial

Las buenas conciencias parecen quedar tranquilas con su protagónica intervención en una discusión bizantina.

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Alberto Begné Guerra 23/06/2014 02:09
Dos estampas mexicanas del mundial

La Selección Mexicana nos dio una gran alegría el martes pasado, sobre todo porque el buen resultado ante Brasil fue reflejo de la actitud mostrada por esta nueva generación de futbolistas, para quienes la globalización y la competencia internacional no son ideas abstractas, sino realidades concretas y, más aún, parte esencial de sus experiencias y aspiraciones. La actuación de Memo Ochoa fue espléndida, pero no fue menor lo que hicieron los demás en la cancha. En cada palmo del terreno de juego, todos y cada uno de los seleccionados enfrentaron al anfitrión al tú por tú y disputaron el balón con coraje, talento y seguridad. No se trata de un episodio aislado o excepcional; hace un par de años nuestra selección olímpica obtuvo la medalla de oro en Londres. Creo, pues, que se trata de una estampa genuina de lo que quieren y pueden hacer las nuevas generaciones en nuestro país. Como los seleccionados, millones de jóvenes mexicanos buscan oportunidades y estímulos para desplegar sus capacidades y realizar sus aspiraciones, pero lo cierto es que la inmensa mayoría no encuentra las condiciones necesarias para hacerlo. Es una pérdida irreparable: cada año que pasa con un sistema educativo de baja calidad, sin crecimiento económico, con monopolios que cierran las puertas a la competencia, sin un sistema universal de seguridad social, con baja productividad, sin controles efectivos sobre el ejercicio eficiente y transparente de los recursos públicos, y, como piezas medulares del círculo vicioso, con unas élites políticas y económicas de cortas miras, mezquinas y dogmáticas, significa desperdiciar vidas y destruir sueños.

Mientras tanto, con el acicate de una de las organizaciones más opacas, elitistas y arbitrarias del mundo, nuestras buenas conciencias nos regalan una estampa para el olvido. No creo que haya que celebrar el grito de puto de la afición mexicana, pero menos aún la ridícula amenaza de la FIFA, cuya autoridad ética es insostenible, y tampoco las reacciones, en el mejor de los casos tardías, de quienes ahora califican de homofóbica esa expresión de múltiples significados que, más cercana al mero desmadre que a una intención discriminatoria, sale de las tribunas. ¿Qué han hecho estos flamantes apologistas del lenguaje políticamente correcto marcado por la FIFA, en la lucha real a favor de los derechos de las minorías de la diversidad sexual en nuestro país? Las agresiones y los crímenes contra jóvenes homosexuales, para hablar de la homofobia inequívoca, materializada y criminal, no han merecido tanto su atención. Las buenas conciencias, siempre autocomplacientes, parecen quedar tranquilas con su protagónica intervención en esta discusión bizantina. En todo caso, con o sin grito, ojalá ganemos hoy.

                *Socio consultor de Consultiva

                abegne.guerra@gmail.com

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