Elecciones y federalismo democrático

El poder de los gobernadores se incrementó exponencialmente cuando el viejo poder presidencial perdió fuerza...

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Alberto Begné Guerra 19/05/2014 01:39
Elecciones y federalismo democrático

Con la aprobación de la legislación secundaria en materia electoral, aunque con jaloneos y retrasos, el Congreso cumplió la obligación de reglamentar las nuevas bases constitucionales, producto de la reforma del año pasado, y resolvió la exigencia perentoria de dotar al INE de la normatividad necesaria para su organización y operación, de cara a las siguientes elecciones federales y locales. Si bien era un deber de los legisladores, hay que reconocer el mérito de haberlo cumplido con el consenso de los tres principales partidos políticos.

Es cierto que no se logró la Reforma Política originalmente planteada, pues quedaron fuera o sólo fueron parcialmente atendidos temas muy relevantes para abrir nuevos cauces y elevar la calidad de la democracia mexicana. Pero hay avances significativos. Ahora me referiré a uno de los más polémicos y trascendentes: la atribución de facultades al INE respecto a los organismos y lo procesos electorales locales.

Con este cambio se estandarizan reglas en todo el país y, sobre todo, se limitan los márgenes para la injerencia de los gobernadores en las elecciones locales, una exigencia fundada que, en distintos momentos del debate en torno a la reforma constitucional, pretendió desacreditarse con un falso discurso federalista que no se hacía cargo de la falta de equilibrios y contrapesos en la mayoría de las entidades federativas. En efecto, sin autonomía real de los otros poderes y con una ciudadanía mal organizada y poco participativa, el poder de los gobernadores se incrementó exponencialmente cuando el viejo poder presidencial perdió fuerza ante el despliegue de la pluralidad y, con ello, la capacidad para imponerles límites. Así, uno de los grandes logros del cambio democrático —limitar los excesos del presidencialismo— degeneró en la réplica de esos excesos a escala local. Fue una de las paradojas de la transición a la democracia en México: pasamos del ejercicio centralizado y arbitrario del poder presidencial a los ejercicios descentralizados, pero también arbitrarios, del poder de muchos gobernadores, manifiestos en muchas distorsiones, entre las cuales figura su indebida intervención en las instituciones y los procesos electorales. 

Ahora el INE tiene atribuciones para la integración de los órganos electorales locales y, si no hay condiciones para una elección democrática, asumir su organización. Lo deseable, sin duda, es que los límites y contrapesos provengan de la ciudadanía y la genuina división de poderes en cada entidad. Pero esto sólo se logrará con el fortalecimiento de la pluralidad, para lo cual, a la vez, es indispensable garantizar elecciones legales y equitativas. Por un lado tenía que empezar a romperse el círculo vicioso que ha impedido la construcción de un federalismo democrático.

                *Socio Consultor de Consultiva    

                abegne.guerra@gmail.com        

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