Vaticano: encubrimiento e impunidad

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Alberto Begné Guerra 10/02/2014 02:14
Vaticano: encubrimiento e impunidad

El informe es contundente: “Frente al escándalo de la pederastia, las autoridades eclesiásticas impusieron un código de silencio y prefirieron preservar la reputación de la Iglesia y proteger a los responsables por encima del interés supremo de los niños”. No lo dicen las víctimas. No lo dice una organización de la sociedad. No lo dice un periodista. Es el resultado de las investigaciones realizadas por la Comisión de los Derechos del Niño de la ONU. La dimensión es espeluznante: “Decenas de miles de casos”. Y lo más grave: “Los abusos se siguen cometiendo de forma sistemática mientras la inmensa mayoría de los culpables disfruta de total impunidad”, pues el Vaticano “ha utilizado la táctica de transferir de una parroquia a otra, o a otros países, a abusadores de niños bien conocidos, en un intento por encubrir sus crímenes”. Así, “la movilidad de los responsables ha permitido a muchos sacerdotes mantenerse en contacto con menores y continuar abusando de ellos”. El informe, presentado la semana pasada en Ginebra, concluye: “El Vaticano viola la Convención (sobre los Derechos del Niño) —a pesar de haberla ratificado en 1990— porque no protege a los niños a pesar de que existe la posibilidad de hacerlo”.

Las respuestas de la Iglesia reflejan contradicciones y contrastes. El vocero de la Santa Sede, Federico Lombardi, señaló que en los próximos días informarán sobre una nueva comisión creada para tal efecto por el Papa Francisco. Sin embargo, en un boletín de prensa el Vaticano “lamenta ver en algunos puntos del informe un intento de interferir en las enseñanzas de la Iglesia católica sobre la dignidad de las personas y el ejercicio de la libertad religiosa”. Por su parte, el arzobispo Silvano Tomasi, representante del Vaticano ante la ONU, hizo gala de su fina sensibilidad, al afirmar que si bien “se trata de un hecho especialmente grave, hay abusadores (de menores) entre los miembros de las profesiones más respetadas del mundo”, como si alguien estuviese atribuyendo a la Iglesia católica el monopolio de la pederastia, cuando el Informe de la ONU se refiere a una clara responsabilidad institucional: el encubrimiento, la complicidad y, en efecto, la protección sistemática del Vaticano a sacerdotes responsables de abusar sexualmente de niños y niñas. Ni más ni menos.

Estos hechos criminales y su encubrimiento, como plantea el Informe, exigen la entrega de los responsables a la justicia. No bastan los perdones tardíos de quienes, como los Legionarios en México, al final dijeron no haber tenido noticia de los crímenes cometidos a lo largo de décadas por su fundador. Hay que dejarlo claro: no se trata de quemar a nadie en la hoguera —de lo que mucho sabía la Inquisición—, sino de poner fin al encubrimiento y la impunidad.

                *Socio Consultor de Consultiva                                  abegne.guerra@gmail.com

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