Reforma política: el último suspiro
El Pacto por México ha dado frutos muy importantes. Pero en la naturaleza de estos instrumentos políticos está su carácter transitorio. Los consensos sirven para lograr acuerdos y reformas, pero no son funcionales ni eficaces para gobernar. Es deseable, no obstante, que ...
El Pacto por México ha dado frutos muy importantes. Pero en la naturaleza de estos instrumentos políticos está su carácter transitorio. Los consensos sirven para lograr acuerdos y reformas, pero no son funcionales ni eficaces para gobernar. Es deseable, no obstante, que en su tramo final arroje un fruto más con la concurrencia de los tres principales partidos: la reforma política. Se trata de un cambio sustantivo de las reglas del juego para la integración y el ejercicio del poder, donde el consenso entre todos los jugadores tiene la mayor relevancia. Por ello, como lo están haciendo en el Senado, deben hacerse todos los esfuerzos posibles y pertinentes para lograr la participación y el aval del PRD.
La reforma política contiene cambios muy significativos, producto de planteamientos pertinentes y demandas reiteradas, como la reelección inmediata de alcaldes y legisladores o la intervención de un organismo nacional en la organización de las elecciones locales. En mi opinión, sin embargo, el más importante radica en la previsión constitucional de la posibilidad de formar gobiernos de coalición. Esto implica que el titular del Poder Ejecutivo pueda convocar a partidos y legisladores de oposición, cuando no cuente con mayoría en el Congreso, para integrar un gobierno plural, basado en acuerdos públicos y formales sobre las reformas legislativas y las políticas públicas que orientarán el ejercicio gubernamental. Supone incorporar mecanismos y prácticas del sistema parlamentario, con el fin de alcanzar mayor gobernabilidad sin acotar o suprimir artificialmente la pluralidad, a diferencia de las llamadas cláusulas de gobernabilidad para generar una mayoría impostada en el ámbito legislativo o de la segunda vuelta electoral, que si se limita a la elección presidencial no arroja una mayoría parlamentaria y que si incluye una segunda ronda de elecciones para el Congreso termina por moldear un sistema bipartidista.
En materia energética, en cambio, el consenso es impensable, pues los perredistas no respaldarán una reforma que contraviene sus principios doctrinarios, pero que, sobre todo, le dejaría libre el terreno al activismo de López Obrador, quien capitalizaría en exclusiva, política y electoralmente, las inconformidades ante un tema especialmente sensible en amplios segmentos de la ciudadanía. De allí que la reforma del sector energético haya sido colocada al final de la agenda pactista, en tanto sus efectos disruptivos con las izquierdas eran perfectamente previsibles. Es un asunto que, ya fuera de la dinámica de los consensos, resolverán el PRI y el PAN. Pero, tomando prestado el título de las fascinantes memorias de Luis Buñuel, ojalá el consenso en la reforma política sea, si su muerte es inminente, el último suspiro del Pacto por México.
*Socio consultor de Consultiva
