La reinvención del federalismo
Aunque nohaya sido asumido expresamente como tal, estamos ante un debate clave.
En estos días se discuten y aprueban reformas que pueden significar una modificación sustancial de las bases y reglas del sistema federal mexicano. La agenda comprende temas muy diversos: desde la creación del Instituto Nacional de Elecciones hasta la devolución de la nómina del magisterio a la Secretaría de Educación Pública, pasando por las propuestas de consolidar la compra de medicinas para todas las instituciones de salud del país o de restringir la adquisición de deuda pública por parte de los gobiernos locales, entre otros. No es un debate trivial no coyuntural. Aunque no haya sido asumido expresamente como tal, estamos ante un debate clave en torno a una de las piezas fundamentales de nuestro ordenamiento constitucional, el federalismo, con todas sus implicaciones sobre la organización y el ejercicio del poder público.
Si en el siglo XIX fue uno de los principales motivos de la disputa y la división nacional entre liberales y conservadores, al final resueltas con la mano dura de la dictadura porfiriana, en buena parte del siglo XX pasó a formar parte de la retórica y la simulación constitucional, como consecuencia de un centralismo asfixiante que, en los hechos, anuló su esencia y operatividad, hasta dejarlo en estado vegetativo. Algo de vida cobró al amparo de la transición a la democracia, cuando el voto de la ciudadanía fue acotando la centralización del poder presidencial, hasta dotar de amplios márgenes de autonomía a las entidades federativas. Y entonces aparecieron las distorsiones de los últimos años.
Muchos gobernadores, ya sin los límites y controles centralizados y autoritarios que antes imponía la Presidencia de la República, pero aún sin límites y controles democráticos en las esferas locales, convirtieron la nueva autonomía, irónicamente incubada al calor de la democracia, en cotos de poder unipersonales y arbitrarios, como una suerte de réplica a pequeña escala del viejo régimen presidencial. Gran parte de las reformas y modificaciones que hoy se discuten responden a estas distorsiones: limitar la injerencia de los gobernadores en los procesos electorales locales; frenar el desorbitado endeudamiento de las entidades federativas; evitar los costosos arreglos político-económicos de los gobiernos locales con el magisterio; y, entre otros objetivos, controlar los procedimientos de adquisiciones de medicamentos, con el fin de procurar transparencia y menores precios.
Vistas las desastrosas experiencias de varios gobiernos locales en los años recientes, estas medidas parecen pertinentes. Sin embargo, hace falta una discusión abierta y profunda que, sin paliativos ni fórmulas casuísticas, arroje soluciones de fondo ante el enorme reto de reinventar el federalismo bajo códigos democráticos y reglas funcionales.
*Socio consultor de Consultiva
