Antros, impunidad y adicciones
Los jóvenes mexicanos cada vez empiezan a consumir alcohol a menor edad y en mayores cantidades. De acuerdo a la Encuesta Nacional de Adicciones ENA 2011, entre quienes manifestaron haber consumido alcohol en el último año este indicador es el referente internacional ...
Los jóvenes mexicanos cada vez empiezan a consumir alcohol a menor edad y en mayores cantidades. De acuerdo a la Encuesta Nacional de Adicciones (ENA) 2011, entre quienes manifestaron haber consumido alcohol en el último año (este indicador es el referente internacional válido), 55% señaló haber empezado a beber antes de los 17 años y 39% indicó haberlo hecho entre los 18 y 25 años. Asimismo, entre 2008 y 2011, los indicadores de consumo alto y dependencia de alcohol en la población de 12 a 17 años pasaron, respectivamente, de 13.1 a 14.5% y de 2.7 a 4.1 por ciento. Estos mismos indicadores en la población de mayor edad muestran una tendencia al alza mucho más moderada, pues el consumo alto pasó de 36.2 a 36.5 y la dependencia pasó de 5.6 a 6.6. En las conclusiones de la ENA, las autoridades de la Secretaría de Salud y la Comisión Nacional contra las Adicciones (Conadic) subrayan los esfuerzos y avances en la atención y tratamiento de la adicción al alcohol. Lo cierto, sin embargo, es que las tendencias mostradas no dejan lugar a dudas: en México hay cada vez más consumo y más dependencia entre la población joven.
Estos datos son una referencia obligada para hablar de uno de los muchos territorios donde la violación de las leyes, la corrupción y la impunidad son cosas de todos los días. Una de estas graves distorsiones se manifiesta en la exigencia de consumos mínimos en los antros de todo el país adonde acuden los jóvenes. En una gran cantidad de establecimientos, lo mismo lujosos que populares, dicha exigencia, de por sí inaceptable, es absolutamente desmesurada, al extremo de llegar a obligar al consumo de una botella por cada dos personas para quienes quieren una mesa junto a la pista de baile. Es, literalmente, una forma de llevar a los jóvenes consumidores a emborracharse, embrutecerse y perder el sentido, con todas las consecuencias que esto implica, sin considerar otros riesgos, como la adulteración de bebidas y el acceso directo a otras drogas. Lo más grave es que no se trata de prácticas ocultas o excepcionales. Por el contrario, son abiertas y masivas.
El problema atañe a las autoridades de los tres órdenes de gobierno —federales, locales y municipales—, cada una en su ámbito de competencia. ¿Qué hacen para impedir estas prácticas? Por lo visto, nada serio ni consistente. Siendo, como es, un asunto tan delicado, resulta indispensable un cambio radical en la legislación y la distribución de facultades entre las diversas autoridades involucradas. Por ello, considero necesario concentrar la autoridad y las atribuciones necesarias en una sola autoridad nacional que ponga orden y límites en todos los antros del país, erradicando de manera tajante la práctica de los consumos obligados.
*Socio consultor de Consultiva
