La ciudad de las maravillas
Para la diputada Margarita Martínez Fisher, las autoridades tienen un pensamiento acrítico.

Adrián Rueda
Capital político
Hace poco, la diputada panista Margarita Martínez Fisher publicó en un diario un artículo de cómo —a su juicio—
Miguel Ángel Mancera y su gabinete ven la Ciudad de México al revés.
En una analogía con el cuento de Alicia en el País de las Maravillas, la legisladora escribió que el gobierno “concibe un mundo más propio de la ensoñación infantil, que guarda evidentes paralelismos con el de los espejos o con el País de las Maravillas en los que se aventuraba de cuando en cuando Alicia, de Lewis Caroll”.
Para Martínez Fisher, las autoridades tienen un pensamiento acrítico, “con un discurso nebuloso y fantasioso”, de la misma forma que en el cuento Alicia mira el mundo desde su espejo: al revés.
La panista critica decisiones como la de instalar una rueda de la fortuna gigante en Chapultepec y que, para justificar el uso de suelo el jefe de Gobierno declare que no es una rueda de la fortuna solamente, sino “un observatorio de la ciudad”.
Que con esas declaraciones hasta parece que quien aconseja a Mancera es el gato Cheshire –popularmente conocido entre los niños como Risón—, a quien Alicia le preguntaba constantemente: ¿Podrías decirme por favor qué camino debo tomar para salir de aquí?
El artículo de Martínez Fisher es duro porque asegura que en la ciudad no hay rumbo, que se vive en una fantasía y se niega la realidad, ¿pero de todo esto qué tanto es culpable Mancera?
Quizá uno de los graves problemas es que quienes llevan la agenda del jefe de Gobierno privilegian los eventos donde el funcionario es apapachado por entregar tarjetas, becas, obras y acciones basadas en la bondad de los programas sociales.
Si Mancera va a eventos donde sólo recibe aplausos, reconocimientos, porras y calor humano por parte de beneficiarios o acarreados de los delegados perredistas, ¿por qué habría de pensar que hay descontento ciudadano?
Si sus colaboradores le dicen que los ciudadanos ya están aceptando el nuevo Reglamento de Tránsito y las medidas impopulares como el Hoy No Circula “recargado”, y le muestran encuestas hechas a modo donde los capitalinos aplauden esas medidas, ¿cuál descontento?
Si sus colaboradores le aseguran que las áreas de gobierno van bien, y que los que muestran cierto descontento son sólo grillos u opositores, ¿por qué pensar que es la población la que está inconforme?
El jefe de Gobierno debería exigir a sus colaboradores que lo lleven a ver la ciudad en vivo y no sólo a eventos aplaudidores, porque si bien le levantan el ánimo, lo alejan de una realidad muy distinta, que le permitiría corregir el rumbo y generar confianza.
Nadie espera que por arte de magia un gobierno cambie todo en una ciudad tan compleja; simplemente que
Mancera no actúe con el corazón y despida a quienes evidentemente han fallado y le pasan el costo a él, tratándolo de engañar con informes falsos.
Ésta, en definitiva, no debe ser la Ciudad de las Maravillas.
CENTAVITOS... Aún falta tiempo para que la Asamblea Constituyente acapare los reflectores y opaque a todos, pero al parecer la ALDF solita se está metiendo ya a las sombras con tanta ausencia de legisladores. Cada vez es más común que sus sesiones terminen por falta de quórum, como si no hubiera atraso alguno en el recinto de Donceles.