¿Quién pagó el cuentón?

Los gastos de hospitalización de El Peje alcanzarían arriba del millón de pesos.

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Adrián Rueda 10/12/2013 00:00
¿Quién pagó el cuentón?

Es una lástima que la Ley de Transparencia no obligue a las entidades privadas o a los particulares a hacer públicos sus gastos, porque de lo contrario, en estos momentos todo mundo sabría cuánto costó y quién pagó el cuentón del infarto de Andrés Manuel López Obrador.

Cálculos muy conservadores indican que el procedimiento quirúrgico, los gastos de hospitalización y los medicamentos que requirió El Peje para su atención alcanzarían, bajita la mano, arriba del millón de pesos. Y como el tabasqueño se ha negado desde hace años a explicar cómo le hace para vivir como rey y sin trabajar, lo mismo que su esposa e hijos, no se podrá saber quién ni cómo pagó y seguirá pagando su atención y sus caprichos.

Claro que nadie hubiera deseado que el de Macuspana tuviera que esperar en el suelo de un estacionamiento
—como la oaxaqueña que dio a luz a la entrada de un hospital o el campesino que murió luego de una semana fuera de un nosocomio sin ser atendido por no tener dinero—. Pero igual lo hubieran atendido en una camilla de pasillo, como le hacen a cualquier mortal que llega a una institución pública con un problema de salud, no en un hospital para pirrurris o para los de arriba, como él llama a los ricos.

Qué bueno que López Obrador se pueda atender en ese tipo de hospitales, pero entonces que sea congruente y no ande hablando que él es pueblo, que se hace sus trajes con un sastre de la colonia Roma y que vive en la austeridad porque no es ratero. Si no es ratero, ¿cómo le hace para vivir como rey, con atención médica de primera, sin necesidad de trabajar y sin que lo mantengan sus hijos, que son igual de mantenidos que él porque tampoco trabajan pero se la pasan de reyes?

Qué bueno que se salvó, pero a ver si de ahora en adelante se atiende en los hospitales de salud pública, haciendo filas, sacando su pase y recorriendo las farmacias en busca de los medicamentos que necesita porque en los hospitales no los hay. O a poco va a salir con el cuento de que el pueblo lo apoya y le da dinero para que ni él ni su familia tengan que trabajar para vivir, como sí lo tienen que hacer los mexicanos pobres —y, por supuesto, también los ricos— a los que tanto dice defender.

Por cierto, en el equipo del propio Peje aseguran que su hijo, Andrés Manuel López Beltrán, al que le quiere heredar —como hacen los dictadores— el poder, fue quien manejó los dineros que empresarios regios soltaron para la campaña presidencial del año pasado.

Y que Andresito, que era el encargado de la vigilancia del voto en las casillas, resultó tan buen ahorrador que el dinero para operar prefirió guardarlo… eso sí, sólo él supo dónde. Por todo esto, difícilmente se podrá saber quién paga los excesos de El Peje y su prole.

CENTAVITOS… Por fin salió el peine de la petición de guardar la información sobre el proceso de selección que llevó a Perla Gómez Gallardo a la presidencia de la CDHDF y que muchos pensaron que había sido jugada de la diputada perredista Dinorah Pizano. Resulta que como hubo dos demandas de amparo por parte de los inconformes, por ley no se pueden abrir los expedientes hasta que el juez respectivo dicte su veredicto. Ante ello, el Comité de Transparencia pidió reservar la información por tres años o hasta que concluyan los juicios de amparo, los cual ocurrirá en un par de semanas, cuando mucho, y entonces se podrán conocer los expedientes. Seguramente se darán a conocer las calificaciones de los candidatos, aunque no de todos, pues muchos de ellos exigieron confidencialidad, amparados en la Ley de Protección a los Datos Personales… Lo cierto es que los amparos interpuestos por el consejero Manuel Fuentes y su ex esposa, María del Rocío Bárbara Zamora López, estuvieron tan mal hechos que ya no hay necesidad de mayor análisis y serán rechazados; se nota que lo único que buscan los inconformes es que les ofrezcan algún hueso para dejar de fastidiar.

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