Tarantino: Django o lo que pudo ser

No me cuento entre las filas de admiradores del cine de Quentin Tarantino pero reconozco que algunas de sus películas me parecen muy atractivas como Perros de reserva, Tiempos violentos, Kill Bill I, Bastardos sin gloria. Vi Django: sin cadenas Estados Unidos, 2012 con ...

No me cuento entre las filas de admiradores del cine de Quentin Tarantino pero reconozco que algunas de sus películas me parecen muy atractivas como Perros de reserva, Tiempos violentos, Kill Bill I, Bastardos sin gloria.

Vi Django: sin cadenas (Estados Unidos, 2012)  con la expectativa que generan tantas menciones, premios, reconocimientos, nominaciones y el reparto, pero me parece que aun con su sentido del humor ingenioso y ácido, con sus buenos momentos e inteligentes parodias, la más reciente película de Tarantino se convierte hacia su segunda parte en una prolongada, aburrida y arrogante repetición de sí mismo.

Me explico. La película se inicia con una secuencia de créditos en la mejor tradición del spaghetti western y de las películas hollywoodenses de vaqueros clase B de los 50 y 60. Desde el tema musical y las notas del mismísimo Ennio Morricone todo evoca a El bueno, el malo y el feo y la propia Django de 1966 en cuyo homenaje más adelante aparece unos minutos su protagonista Franco Nero.

Es la clásica saga del héroe y la acción se ubica en Texas en 1858, pocos años antes de la Guerra Civil. Un dentista alemán pícaro y simpático llamado King Schulz interpretado por Christoph Waltz se cruza con unos traficantes que trasladan a un grupo de esclavos negros entre los que está Django, Jamie Foxx. Schulz es en realidad un oportunista cazarrecompensas que mata a los criminales y lleva sus cuerpos ante las autoridades para reclamar su pago y busca alguien que le ayude a identificar a los miembros de una banda. Ese alguien es Django, que los conoce bien y quiere vengarse de ellos pues le arrebataron a su esposa, Broomhilda.

Aquí no puedo menos que destacar el agudo sarcasmo de Tarantino: Broomhilda es la parodia de Brunilda aquella valkiria liberada por Sigfrido en la leyenda germana —como Schulz—. Broom (escoba)-hilda además habla alemán. En realidad todo el guión de Tarantino bebe y construye metáforas de la leyenda nórdica y sus montañas, dragones y dioses vengativos.

En un tarantinesco baño de balas y sangre Schulz libera a Django con el que establece una complicidad en la que ambos ganan pues el ex esclavo lo llevará con los bandidos y Schulz después lo acompañará a la plantación de Mississipi cuyo dueño compró a Broomhilda. La química entre ambos actores es patente y Tarantino construye una relación compleja y bien estructurada que además se ve fortalecida por el pensamiento antiesclavista del alemán. Toda esta primera parte es ágil, con ritmo, divertida y con todo el sello del realizador.

Me quedo con la escena de la sátira del ku-klux-klan en la que el realizador pone en práctica su tendencia a hacer comedia negra sobre hechos más bien lamentables. Brillante.

El momento climático de Django: sin cadenas se da precisamente en la parte en la plantación con un espléndido villano, Leonardo DiCaprio en el papel del déspota propietario del lugar y por cierto ignorado de nuevo por la Academia de Hollywood en sus nominaciones, y Samuel Jackson como un anciano esclavo que es un costal de mañas verdaderamente despreciable. Hay buenos diálogos, tensión, suspenso, sarcasmo, chisguetes de sangre, balas, explosiones, algunos chistes de mal gusto con tintes racistas. No le cuento más.

Django: sin cadenas dura dos horas 40 minutos y a mi parecer el señor Tarantino o se puso pretencioso o no encontró el momento para terminarla antes de verse rayando las casi innecesarias tres horas. La salida de algunos personajes dejan a su película como una mesa coja que se tambalea durante una hora en las débiles tres patas que le quedan.

La esperada venganza tarda demasiado en llegar y uno se pregunta cuándo es que esta eterna película terminará. Tan buena que hubiera sido con unos 50 minutos menos.

7/10

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