Nos vemos papá
Pilar es una mujer que se acerca a los 40. Soltera, introvertida, tímida y hasta gris. Es metódica y se refugia en la rutina. Todas las mañanas Pilar se levanta con la alarma de su despertador, se baña y arregla con discreción, se asoma a ver a su papá todavía ...
Pilar es una mujer que se acerca a los 40. Soltera, introvertida, tímida y hasta gris. Es metódica y se refugia en la rutina. Todas las mañanas Pilar se levanta con la alarma de su despertador, se baña y arregla con discreción, se asoma a ver a su papá todavía dormido, baja a la cocina, prepara con esmero el desayuno que acomoda amorosamente en la mesa y una vez lista para salir a trabajar se para en la puerta de la casa y dice en voz alta pero sin gritar: “Nos vemos papá”, y sale. Pilar es lo que llamaríamos una persona sensata.
Así empiezan todos los días de Pilar y también la propia película Nos vemos papá (México, 2011), dirigida y escrita por Lucía Carreras que, para debutar en el largometraje, opta por una historia compleja, pero muy bien desarrollada en torno a la feminidad, el amor, la sexualidad, la pérdida, la locura, la soledad, la familia, el duelo, la fantasía, la imaginación.
En nuestra cultura se habla frecuentemente de la relación madre-hijo. A las mamás mexicanas se les sigue encasillando en sus conocidos roles de “solapadoras-consentidoras-cómplices-productoras de machos”. La fijación de la relación de los varones con sus madres no tiene una connotación sexual tan acusada, al menos no se destaca que un hijo ya mayorcito quiera acostarse con su mamá de manera consciente. Ésa puede ser una de las razones de que éste a veces patológico parentesco sea más explotado y no cause prurito ventilarlo.
En cambio se menciona poco la relación padre-hija. Desde el punto de vista cultural, sociológico, emocional y biológico aquí sí hay un matiz sexual mucho más declarado y la posibilidad del incesto consumado y sobre todo consentido es viable.
Nos vemos papá explora de manera honesta y valiente la delicada y frágil psique de una mujer cuyo mundo ha girado en torno a la presencia de su padre con el cual ha desarrollado un vínculo que va más allá de la muerte de él. El personaje y la carga del relato caen en los hombros de Cecilia Suárez que ha madurado como mujer y como actriz de manera notable. De hecho, la película no sería tan potente sin su interpretación. Pilar se nos muestra como una mujer muy sola que “se sabe” acompañada, con un intenso mundo interior, “chiquita”, presa de su imaginación. En su maltrecho equilibrio mental cruza de ida y vuelta y hasta perderse, la delgada línea que divide la locura de la lucidez causando gran preocupación en todos los que la rodean.
Pilar cursa por el duelo tras la muerte de su padre en la poco comprensiva compañía de su hermano y cuñada —muy bien Arturo Barba y Gabriela de la Garza—, quienes se escandalizan cuando empiezan a adivinar lo que está pasando en la cabeza de Pilar que parece perdida para siempre en su apasionado amor por la figura de su padre.
Pilar no quiere salir de la casa familiar a pesar de la insistencia de su hermano por venderla. Parecería que ahí se siente en un “seno paterno” que ha conservado la memoria de su papá en las paredes, los muebles, las sábanas, las almohadas, las cortinas. La infancia de Pilar se desarrolló ahí y se resiste a romper los lazos con el pasado, prefiriendo disfrutarlo como un eterno presente que le permite ser feliz, saberse bella, atractiva hasta sexy, vivir el amor que trasciende las formas y las reglas.
Los juicios de valor ante un relato como éste son inevitables. Pero Lucía Carreras se define sin dobles morales y no juzga a su personaje, lejos de eso le otorga una amorosa comprensión que Cecilia Suárez supo reconocer para dar vida a Pilar en medio de largas y lentas secuencias en las que sus lánguidos movimientos reflejan su viaje a la enfermedad y la negación. Por momentos su interpretación me recordó a Juliette Binoche en Azul de Krzysztof Kieslowski en esas tomas eternas del rostro de una mujer paralizada por el dolor.
Nos vemos papá es una película mexicana poco convencional y que aborda con sensibilidad un tema incómodo, tan incómodo como puede ser la realidad misma.
Hay que verla.
