Lincoln, el mejor Spielberg
En 1975 el realizador estadunidense Steven Spielberg inauguró el concepto de cine de entretenimiento y comercial, el blockbuster como se le conoce hoy, con la película Jaws Tiburón. El director que entonces contaba con 29 años nos puso verdaderamente en la orilla de la ...
En 1975 el realizador estadunidense Steven Spielberg inauguró el concepto de cine de entretenimiento y comercial, el blockbuster como se le conoce hoy, con la película Jaws (Tiburón). El director que entonces contaba con 29 años nos puso verdaderamente en la orilla de la butaca mientras se escuchaban los acordes del score de John Williams que ha compuesto la música en casi todas películas. Todavía hoy, esas primeras notas que preludiaban la aparición del feroz escualo son sinónimo de terror y suspenso.
Después de 37 años y con una larga lista de títulos conocidos en el mundo, Spielberg realiza la que me parece su película más personal, difícil, compleja, bien escrita y madura: Lincoln, que lo consolida más allá de como el amo del cine comercial y de esparcimiento —que ya lo era—, como un realizador que ha alcanzado el punto más alto en su carrera, contador de historias con imágenes y sonidos en lo que es un verdadero banquete visual, consistente y con una riqueza argumental notable.
Lincoln no es una biografía más sobre el emblemático mandatario estadunidense como podrían serlo —muy aparte de las ridículas versiones que lo presentan como “verdugo” de zombis o vampiros—, Lincoln en Illinois de 1940 protagonizada por Raymond Massey o El joven señor Lincoln de 1939 dirigida por John Ford y con Henry Fonda interpretando al Presidente.
La película de Steven Spielberg está basada en el libro de Doris Kearns Goodwin Team of rivals: the political genius of Abraham Lincoln (Equipo de rivales: el genio político de Abraham Lincoln). La adaptación es de Tony Kushner que ya colaboró con Spielberg en Munich de 2005. La película hace una revisión de la figura del Presidente, su gabinete de colaboradores, la Guerra Civil, su vida familiar y, sobre todo, la famosa Enmienda número 13 con la que quedaría abolida la esclavitud y que Lincoln impulsó de manera implacable. Ese es el eje temático de la narración: un Presidente con un país dividido y sumido en una guerra fratricida que ya duraba cuatro años con riesgo incluso de verse escindido definitivamente mientras él y sus colaboradores más cercanos buscaban a toda costa la aprobación en el Congreso de la Enmienda que cambió por completo la estructura política, social, cultural y económica de Estados Unidos.
Lincoln es una película profundamente política y se parece poco a lo que Spielberg ha dirigido antes.
Spielberg habló de este proyecto por primera vez hace más de diez años. Incluso Liam Neeson era el actor que la protagonizaría, pero por esas vueltas que da la vida quedó fuera del proyecto, entrando a la escena Daniel Day-Lewis que tiene en éste uno de los mejores trabajos de su carrera mimetizándose con la figura de Lincoln. A lo largo de la película el espectador se olvida de que el que está ahí es Day-Lewis sin el cual la cinta no sería la misma.
La espléndida fotografía es de un antiguo colaborador de Spielberg en todas sus películas desde La lista de Schindler, Janusz Kaminski, que vuelve a usar su magia para la construcción del soporte visual con tonos grises casi plateados, explorando minuciosamente el rostro del muy bien caracterizado protagonista permitiéndonos conocerlo a fondo, interpretar sus gestos, comprender su sombría, pero potente personalidad.
El arranque de Lincoln se forma de las impresionantes imágenes de una batalla de la Guerra Civil lo que podría llevarnos a pensar que veremos una película bélica, pero tampoco es así. Tony Kushner, que tiene una de las 12 nominaciones al Oscar de la película, escribe un guión prolijo en información, datos, diálogos inteligentes y agudos. Con dos horas y veinte minutos de duración la narración se divide en dos actos muy bien definidos. La primera parte es densa y compleja, pero sienta las bases del desarrollo de la segunda hora en la que el desenlace se va construyendo y fluye con precisión, vigor y ritmo, recordando la mejor tradición de las escenas en Cortes de las películas de Frank Capra.
Spielberg hace todo un homenaje a Abraham Lincoln, pero no se apasiona ni lo idealiza, sino que lo contempla desde sus lados luminosos y también de los oscuros otorgando una recreación profundamente humana.
No creo que estemos ante el Spielberg más taquillero, pero sí ante el mejor.
9/10.
