El crimen no paga
La realidad es la mejor proveedora de historias. Todos los géneros cinematográficos pueden verse alimentados hasta la saciedad por la vida misma que nos bombardea con el terror, el romance y hasta la fantasía o lo sobrenatural. La repetida frase “la realidad supera a ...
La realidad es la mejor proveedora de historias. Todos los géneros cinematográficos pueden verse alimentados hasta la saciedad por la vida misma que nos bombardea con el terror, el romance y hasta la fantasía o lo sobrenatural. La repetida frase “la realidad supera a la ficción” no puede ser más precisa.
Entre tantos sucesos más bien dolorosos y trágicos está la maquinaria destructora e implacable del narcotráfico que a todos en nuestro país, a todos insisto, nos toca de alguna manera. Desde el bebé que en este momento está naciendo en algún lugar de nuestra geografía hasta el anciano que vive sus últimos momentos, los 110 millones de mexicanos estamos tocados, heridos, por el narcotráfico y sus múltiples consecuencias.
Las historias que se dan derivadas de esta actividad son una muy atractiva materia prima de libros, reportajes, series de televisión y películas, espero que no se sumen a esta lista los videojuegos.
Hoy se estrena en México la cinta colombiana El cartel de los sapos dirigida por Carlos Moreno, derivada de la teleserie que a su vez fue la adaptación del libro homónimo del ex narco Andrés López López, que escribió sus experiencias como parte del Cartel del Norte del Valle y su posterior “migración” al lado de los sapos, que en el argot del narcotráfico es como se conoce al soplón o informante que bajo “el manto protector” de la CIA va delatando a los líderes de los carteles para que sean capturados.
Mi comentario es desde el punto de vista de quien no leyó el libro ni vio la serie de televisión. Sostengo aquí lo que he defendido siempre: más allá de la fuente de la que se desprende el argumento de una película ésta debe valer por sí sola y El cartel de los sapos tiene algunas lagunas, sobre todo en su estructura dramática.
El relato en El cartel de los sapos sigue a Martín Fresita, que por los obvios cambios en los nombres representa al propio Andrés López López que en el medio fuera conocido como Florecita. Martín está interpretado por el popular actor colombiano Manolo Cardona que junto con su hermano también está involucrado en la producción de la cinta. Martín es un joven de origen humilde y marginado que desde pequeño se ha enamorado de Sofía quien pertenece a un estrato social y económico superior al suyo, lo que hace imposible que él pueda aspirar a ella.
El primer acercamiento de Martín con el negocio del narco es para usarlo como forma de ascender, mejorar su posición y hacerse digno del amor de Sofía. El problema viene cuando Martín no sabe poner límites en un submundo que lo corrompe por mucho que repita “limpio y luminoso” —que con una vez me quedaba claro—. Queda de manifiesto eso sí que no se pretende hacer una apología o elogio del crimen.
No está definido si quisieron contar una historia de amor en el marco de las guerras entre cárteles de la droga o viceversa. Se pierde demasiado tiempo en los dulzones encuentros de Martín y Sofía tanto de niños como ya adultos.
Los buenos momentos de la película los da la intervención del personaje de Kuno Becker, Damián, que hace que la trama se ponga interesante en las negociaciones —demasiado light— entre los narcos mexicanos y los colombianos. Éste —la superficialidad— es un inconveniente en otras subtramas que de pronto parecen atropelladamente sintetizadas y personajes que entran y salen sin consecuencias en la acción.
El cartel de los sapos fue la selección de Colombia para aspirar al Oscar a la Mejor Película en Lengua Extranjera, pero se quedó en el camino. Parece que levantó mucha polémica esta decisión en ese país por grupos que la vieron favorecida para que llegara al galardón de Hollywood.
Entretiene, pero sus baches en la narración hacen difícil conectarse con la acción.
7/10.
