La sabiduría de la infancia

Ya de regreso en este espacio después de unos días de descanso me encuentro con una película argentina que es todo un garbanzo de a libra. Se trata de El último verano de la Boyita ArgentinaEspañaFrancia, 2009, segundo largometraje de la directora y escritora Julia ...

Ya de regreso en este espacio después de unos días de descanso me encuentro con una película argentina que es todo un garbanzo de a libra. Se trata de El último verano de la Boyita (Argentina-España-Francia, 2009), segundo largometraje de la directora y escritora Julia Solomonoff que además trabaja sobre una historia de su autoría. En la producción está involucrada El Deseo, la empresa de Agustín Almodóvar.

Entre las escasas muestras de cine argentino que llegan a México llama la atención que esta cinta se estrene tres años después de su realización y cuando ha recibido nominaciones y reconocimientos en su país.

Muy en la línea de XXY de Lucía Puenzo el relato se mueve en la etapa del descubrimiento personal y sexual aunque en una etapa más temprana que en la cinta de Puenzo, ya que sus protagonistas son niños que apenas se están convirtiendo en púberes con los consiguientes cambios emocionales y físicos del cuerpo.

Como el título lo indica el argumento se desarrolla un verano, caluroso y denso, en el que parece que el tiempo se ha detenido. Dos hermanas, Luciana una ya declarada adolescente, y Jorgelina, una niña encantadora, inquisitiva, inteligente y sensible, ven abrirse la brecha entre las dos al empezar a cambiar sus intereses y actividades por la diferencia de edades que en esa coyuntura es muy patente. Ambas pasaban largas horas dentro de la “Boyita”, una casa rodante que se convirtió en su refugio durante el verano, el escondite para confesiones y travesuras, el espacio propio lleno de tiliches, secretos y tesoros. Pero esa complicidad disminuye ante la llegada de la adolescencia de la hermana mayor que rechaza a la pequeña por su constante intromisión en su privacidad con constantes preguntas y comentarios indiscretos.

La primera parte de la película se instala en ese “no pasa nada” del aburrido verano y por momentos se hace necesario que los acontecimientos se vayan decantando con más fluidez hasta que llega el momento en que, aburrida por el alejamiento de su agrandada hermana, Jorgelina decide acompañar a su papá médico a una propiedad que tienen en el campo donde ella puede jugar a sus anchas, nadar, correr y seguir siendo niña mientras juega con Mario, el hijo de los encargados de la propiedad que está entregado al trabajo a pesar de tener escasos doce años.

Con una bella fotografía que destaca la cuidada iluminación y el rico entorno natural en el campo, todo está visto a través de los ojos de Jorgelina interpretada por Guadalupe Alonso, una actriz infantil talentosa, intuitiva, bonita y de grata presencia en la pantalla. Jorgelina no entiende el mundo de los adultos a los que ve complicados y alejados de ella. La mueve y cuestiona la curiosidad por la sexualidad y “el asunto”, “eso que pasa cada mes”; lee a escondidas los libros de medicina de su padre cuyas láminas que explican los sistemas reproductores masculino y femenino le resultan tentadoras y repulsivas a la vez.

Poseedora de una intensa vida interior establece una estrecha relación con Mario, muy bien Nicolás Treise, que es un chico taciturno y enigmático, con mala relación con sus padres y hermanos que parecen sentir por él una cierta aversión que como espectadores no alcanzamos a explicarnos hasta que la curiosidad de Jorgelina y su preocupación por ayudar a Mario, van revelando un secreto, un malentendido que se va presintiendo y que descansa en la ignorancia y el prejuicio.

El fin de la infancia como metáfora de la pérdida de la inocencia, el despertar sexual que genera miedos, culpa, confusión, pero que es también una gran fuente de descubrimientos y aprendizaje, la incomprensión de los adultos y la inagotable imaginación infantil son algunos elementos que componen el desarrollo de El último verano de la Boyita presentando un relato sencillo, sin complicaciones ni pretensiones.

Es una película muy diferente, humana, sensible.

Hay que verla. 8/10.

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