El Hobbit o cómo tomarle el pelo al espectador.
Desde que se anunciaron los preparativos de la adaptación cinematográfica de El Hobbit se pensó que era innecesaria, que obedecía a intereses mercantilistas y que no tenía nada nuevo que aportar ante el reto enorme que representaba la redondez de la trilogía original ...
Desde que se anunciaron los preparativos de la adaptación cinematográfica de El Hobbit se pensó que era innecesaria, que obedecía a intereses mercantilistas y que no tenía nada nuevo que aportar ante el reto enorme que representaba la redondez de la trilogía original El Señor de los Anillos del mismo Peter Jackson. El regreso a la Tierra Media estuvo muy “manoseado” ya que se planeaba desde hace casi cinco años y retuvo por casi un año y medio a Guillermo del Toro en Nueva Zelanda a la espera de que el rodaje arrancara sin éxito, haciéndolo abandonar la posibilidad de dirigir la película aunque quedando su crédito entre los cuatro guionistas junto con Phillipa Boyens (esposa de Jackson y coproductora), Fran Walsh y el propio Jackson.
El libro El Hobbit de J. R. R. Tolkien es una gran historia en un solo tomo, pero la ambición de los productores de la versión cinematográfica los lleva a convertirlo no en una sino en tres películas, todas bajo el título El Hobbit: Un viaje inesperado que se estrena en México este viernes, La desolación de Smaug para 2013 y Partida y Regreso que llegará a los cines en 2014.
Al igual que con el último libro de Harry Potter y de Twilight-Crepúsculo, la ambición privó y para hacer más productivo el negocio cinematográfico y que usted, yo y millones de fans incautos compremos más boletos, el libro de Tolkien se divide en tres películas.
El Hobbit es una precuela ubicada en la Tierra Media 60 años antes del inicio de la aventura de Frodo Bolsón en la película La Comunidad del Anillo. Retoma al joven Bilbo Bolsón (un gris Martin Freeman que nunca alcanza a conectarse con el público como lo hicieran los otros “hobbits” Eliah Wood y Sean Astin). Bilbo es reclutado por Gandalf (Ian McKellen) para ayudar a un grupo de enanos a recuperar su tesoro y su hogar, el reino de Erebor en la Montaña Solitaria del Oriente, que está en poder de un feroz dragón. El grupo de enanos pretende ser una suerte de “comunidad del anillo”, pero no convence ni su interacción ni su peso en la historia. Gollum está más explotado en esta cinta, pues se dieron cuenta de que resultó un villano muy comercial.
La nueva película de Peter Jackson dura casi dos horas con 40 minutos, que verdaderamente pesan, sobre todo en su primera hora en la que no pasa absolutamente nada. La construcción del guión presenta varias deficiencias provocadas por la necesidad de alargar la historia para dividirla en tres películas y sacarle más dinero al público; es vergonzosamente evidente. Los personajes nunca se hacen entrañables para el espectador, ese tobogán de emociones que son las películas de la trilogía El Señor de los Anillos no se siente; probablemente los últimos 40 minutos sean lo mejor de la película aunque se vuelve un catálogo de los efectos que ya vimos en la trilogía y de las melodías conocidas con que Howard Shore satura la banda sonora en la que a veces quisiéramos una tregua de música.
¿Dónde quedaron los sentimientos, el sacrificio, la lealtad, la ambición, la solidaridad, el amor, el humor, el heroísmo y las emociones que nos conmovieron en la trilogía de El Señor de los Anillos? Ese despliegue multimillonario de efectos especiales, la filmación en 48 cuadros por segundo en lugar de los acostumbrados 24, los efectos de sonido, la 3D, la orquesta eternamente presente, ¿son más importantes que la historia que se quiso contar?
No estoy en contra del cine hollywoodense, y en numerosas ocasiones me he detenido en este espacio y en la radio a comentar producciones de los grandes estudios de cine. Lo que me parece abiertamente mercantilista es intentar sorprender al público que, animado por el éxito de El Señor de los Anillos, espera con interés esta fallida precuela y paga boletos y compra toda la mercadotecnia derivada del estreno y además acudirá a comprar la versión en DVD o Blu-ray de cada película y al final “la reedición de las tres que incluirá escenas que se eliminaron, entrevistas y el mentado corte del director”, con lo que se llenan las arcas de los productores.
Poco interés queda ya por ver las otras películas de esta forzada trilogía.
7/10.
