Morelos, más allá de la monografía
Seguramente muchos recuerdan aquellas tareas de la primaria y secundaria cuando en las clases de Geografía e Historia había que investigar alguna biografía o referir hechos históricos. En aquellos años alejados de internet el recurso era pasar a la “tiendita” de la ...
Seguramente muchos recuerdan aquellas tareas de la primaria y secundaria cuando en las clases de Geografía e Historia había que investigar alguna biografía o referir hechos históricos. En aquellos años alejados de internet el recurso era pasar a la “tiendita” de la cuadra a comprar la monografía o mapa correspondiente.
Se complementaba con datos sustraídos de las enciclopedias que los papás compraban a plazos y que año con año perdían vigencia considerablemente. Pocos maestros despertaban en el estudiante el interés por agotar otras fuentes, por comparar puntos de vista.
Así que entre la monografía, la enciclopedia y la muy oficial versión de los libros de texto gratuito, nuestra apreciación de los héroes y villanos de la historia era incompleta por no decir mediocre. El cine mexicano y el internacional han explorado las vidas de destacados personajes de nuestro pasado. Desde el propio Pancho Villa que fuera interpretado por él mismo y luego por Raoul Walsh, Domingo Soler, Pedro Armendáriz, Jesús Ochoa, Antonio Banderas y otros, hasta Emiliano Zapata, Juárez, Maximiliano, el cura Hidalgo, Allende, Leona Vicario, etc.
Pero parecería que hay cierto prurito por mostrarlos como fueron realmente; en general se percibe una distancia. Villa ha seducido al cine nacional e internacional. A veces mitificado, otras idealizado, recreado como bandolero y asesino, mujeriego, pendenciero y autoritario y en otras más hasta parodiado. Se les hace escasa justicia a estos personajes. Felipe Cazals recrea a un Villa convincente en Chicogrande caracterizado por Alejandro Calva e igualmente explora la compleja personalidad de Zapata en Emiliano Zapata con un gran trabajo de Antonio Aguilar. El joven Juárez presenta a un poco probable indio zapoteca encarnado por Humberto Almazán prevaleciendo una visión oficialista, políticamente correcta, con diálogos rebuscados, casi declamados, sin frescura ni naturalidad; no había manera de conectarse con el personaje.
La virgen que forjó una patria de Julio Bracho presenta a Hidalgo y Allende personificados por Julio Villarreal y Ernesto Alonso en caracterizaciones tiesas, poco naturales, de nuevo en el discurso y la retórica, casi en la declamación. Morelos está dirigida por Antonio Serrano que coescribió el guión con Leo Mendoza. En 2010 y en el marco de las celebraciones del Bicentenario Serrano estrenó con éxito Hidalgo, la historia jamás contada, también coescrita con Mendoza y que curiosamente decepcionó a algunos que esperaban verlo con el estandarte de la Guadalupana y el puño en alto en pie de guerra.
Resultó una comedia bien lograda que presenta otra faceta poco conocida del Cura de Dolores: su gusto por las mujeres y sus inquietudes artísticas y literarias que lo llevaron a montar El Tartufo de Molière. Morelos es un drama histórico pero para nada pretende ser una clase de Historia. Se inicia cuando tras la muerte de Hidalgo, José María Morelos y Pavón se levanta como líder natural del movimiento insurgente dejando su curato rural para convertirse en un caudillo.
Se entretejen sus amoríos e hijos, algunas batallas, la amistad con sus oficiales y las largas discusiones con el Congreso y López Rayón que se resistían a dejar de lado la figura del Rey como máxima autoridad de la nueva nación. Con razón Morelos preguntaba ¿y dónde queda entonces la libertad? Serrano integró un buen reparto en el que destaca Dagoberto Gama como Morelos. A Gama le viene bien este cambio de registro lejos de los policías corruptos, los soldados sanguinarios y los líderes del narco que lo ponen en peligros de encasillarse. Raúl Méndez da solidez y contención a Mariano Matamoros. José María Yazpik con su singular manejo del sarcasmo aborda a Ignacio López Rayón. Juan Ignacio Aranda reviste de simpatía a Hermenegildo Galeana. Más allá de las estampitas, las enciclopedias, las monedas, los timbres postales, los libros de texto gratuito y hasta los billetes de lotería, hay que enfatizar en que la Historia de México se ha construido por hombres y mujeres con pasiones, emociones, debilidades, virtudes, vicios, defectos, ambición y que viajaron con sus propios demonios. Ahí están las grandes historias.
Muy recomendable. 8/10.
