Princesas sin príncipe
La película Valiente Brave, Estados Unidos, 2012 está exhibiéndose en todo el mundo con una buena respuesta, tanto de público como de crítica. Producida por la venturosa sociedad de Disney y Pixar tiene la característica de ser la primera de sus 13 cintas en las que ...
La película Valiente (Brave, Estados Unidos, 2012) está exhibiéndose en todo el mundo con una buena respuesta, tanto de público como de crítica. Producida por la venturosa sociedad de Disney y Pixar tiene la característica de ser la primera de sus 13 cintas en las que la protagonista es una mujer y ¡qué mujer!
Afortunadamente, a las princesas ya no las hacen como antes, y es que la realidad del mundo femenino se ha transformado radicalmente. En el libro de Doly Mallet Mordiendo manzanas y besando sapos se hace un análisis detallado de la evolución de las princesas y heroínas femeninas en las películas infantiles de Disney, partiendo de la base de que de alguna forma nos inculcaron una vida de cuentos de príncipes azules y princesas rosas totalmente lejos de la realidad. Si no lo ha leído se lo recomiendo, es una interesante lectura, incluso si usted no es una adolescente.
De aquella Blanca Nieves cantando junto al pozo “deseo que un gentil galán me entregue su amor”, rodeada de animales del bosque y con coloridas aves posadas en sus dedos, a Merida (así, sin acento), la poderosa guerrera de pelirroja cabellera en Valiente hay un abismo de evolución y cambios en los roles femeninos del mundo real que deben ser incorporados a la fantasía que de no hacerlo hubiera caído en el anacronismo.
Lo interesante en esta última cinta es que las dos protagonistas son mujeres: madre e hija. Ubicada en la época de los clanes en Escocia, más o menos los tiempos de Corazón Valiente, de Mel Gibson (siglos XI y XII), precisamente, una de tantas etapas en que las mujeres eran poco menos que un cero a la izquierda.
La mamá es amorosa, una prudente reina, buena esposa y convencida de los dictados de la monarquía y la fuerza bruta masculina. La hija, Merida, no entiende por qué tiene que casarse, hacer niños y renunciar a sus sueños, su práctica de la arquería y sus largos paseos a caballo. Eventualmente se casará, pero quiere hacerlo con quien ella elija, por decisión propia y no de convenios entre clanes y sin estar enamorada.
Los miembros del sexo masculino en Valiente son brutos en serio, pero sus conductas machistas son las que le imprimen muchos momentos divertidos a la película.
El papá y líder del clan de Merida es un guerrero fortachón que se doblega ante la mirada de su esposa, quien es de pensamiento muy monárquico, inflexible y conservador. Lo atractivo en esta reina es que transita por toda una aventura provocada inocentemente por su hija con la que comprenderá muchas cosas que suceden en el corazón de la inquieta Merida.
Cómo olvidar esa imagen feroz de las madrastras como la de Blanca Nieves o Cenicienta. La adversidad que se cernía sobre las protagonistas femeninas era arrolladora, trapeaban los pisos, lavaban baños, eran humilladas, sus únicos conversaciones eran con enanos, ratones, gatos, caballos, perros, venados, pájaros; nadie las quería. Lógicamente la solución, el sueño dorado, el objetivo de sus vidas, era el matrimonio, con un “gentil galán” que les diera el beso de amor, que las llevara en su corcel a su castillo y las hiciera felices para siempre.
El auge de la píldora anticonceptiva en los 60 y 70 revolucionó ¡por fortuna! el rol de la mujer, pero por la presión y prejuicios de las buenas conciencias, para millones de ellas el mundo femenino no era tan interesante y más bien seguía encaminado a lo mismo. El poder de la formación judeocristiana frenaba a muchas que podían iniciar su vida sexual sin casarse y, desde luego, a las ya casadas que no podían evitar el embarazo sin sentirse en pecado mortal.
Por eso, más allá de sus cualidades cinematográficas, una historia como Valiente es bienvenida. La vi con una sobrina de nueve años que hizo reflexiones muy curiosas al salir del cine. De la princesa Blanca Nieves de 1937, primer largometraje animado, a la princesa Merida de 2012, hay una evolución profunda del devenir de la mujer en el mundo occidental que todavía tiene mucho qué construir, qué decir y, sobre todo, qué dar.
