De Woody Allen con amor
Parece que en sus últimas películas al maestro Woody Allen le ha salido la vocación de la promoción turística. Siempre le ha gustado que sus personajes interactúen con los escenarios, los pone a caminar por parques y calles y sin duda con Nueva York tiene un romance ...
Parece que en sus últimas películas al maestro Woody Allen le ha salido la vocación de la promoción turística. Siempre le ha gustado que sus personajes interactúen con los escenarios, los pone a caminar por parques y calles y sin duda con Nueva York tiene un romance muy particular, ya que la ha homenajeado en varias cintas.
Pero se puso más poético en eso de explotar locaciones cuando hizo por ejemplo Vicky Cristina Barcelona y luego Midnight in Paris, en las que fue especialmente detallista en la selección de los puntos de estas ciudades que quería enfatizar.
Ahora llega De Roma con amor (To Rome with Love), que debería traducirse como A Roma con amor, pero hoy decidí no enojarme con las traducciones de los títulos.
Es una comedia en esa línea que le gusta explotar a Allen, con enredos, situaciones chuscas, la infidelidad, el amor, la mentira, las constantes fallas en la comunicación de sus personajes, lo que da pie a más momentos de humor, y la exploración de las carencias, dudas, miedos y defectos de seres humanos comunes y corrientes.
Aunque no la encuentro tan redonda como Medianoche en París, sí se puede admitir que le salió bien en un tono mucho más liviano que sus anteriores comedias. El argumento gira en torno de cuatro historias que van desarrollándose en forma paralela, pero en las que evita el ya muy trillado entrecruce, mientras que los personajes se van moviendo por distintos rincones de Roma espléndidamente bien fotografiados por Darius Khondi, quien supo capturar esa luz tan característica de la Ciudad Eterna. Créame que al terminar la película, uno quiere subirse a un avión y aterrizar en Roma.
Ha quedado tan clara esta habilidad de Woody Allen para cortejar bellas ciudades que ahora Israel quiere que filme ahí una película, probablemente en Jerusalén para que capture la atención de los espectadores hacia esa ciudad del Oriente Medio.
Allen regresa además en esta cinta al otro lado de la cámara, a la actuación, lo que no hacía desde Scoop hace cinco años. El proyecto se iba a llamar originalmente Bop-Decameron, pues además es un homenaje a la clásica comedia italiana, pero seguramente comprendió que un título así era muy poco comercial y difícil de recordar.
Las cuatro historias siguen al propio Allen en un personaje que le queda a la medida, y con Judy Davis son los padres de una norteamericana que se ha enamorado de un italiano con el que piensa casarse. Los papás viajan a Roma a conocer a su futuro yerno y la familia. Allen, quien interpreta a un productor musical amante de la ópera, descubre que su futuro consuegro, propietario de una funeraria, es un impresionante cantante de ópera y se propone promoverlo.
La gustada figura del narrador presente en sus otras películas a través del mismo personaje que él interpreta ahora recae en Alec Baldwin, quien se convierte en una suerte de Pepe Grillo, de un estudiante estadunidense que vive en Roma con su novia y que empieza a inquietarse con la visita de una amiga de ésta, una arrogante actriz “sabelotodo”: Él es Jesse Eisenbergh y ella, Ellen Page.
Leopoldo, interpretado por Roberto Benigni —cuya simpatía me parece muy dudosa— es un empleado común, casado y con hijos que de la noche a la mañana y sin ningún motivo se convierte en el objetivo de los paparazzi, fans y medios de comunicación. De ser un don nadie, pasa a ser perseguido implacablemente por toda Roma. En esta historia Allen desliza una crítica a lo efímero de las celebridades, los egos, lo superficial, el vacío y la industria de las estrellas desechables.
Finalmente, Penélope Cruz —divertida, simpática y alocada— es una bella prostituta que cambia con sus buenos oficios la aburrida vida sexual de un recién casado que regresa renovado con su mujercita.
Hay quien ha insistido en la edad de Woody Allen, más de 78, para explicar De Roma con amor como una película ligera que no puede contarse en lo mejor de su cinematografía. Me parece irrespetuoso verlo así cuando ha sido un realizador consistente con una importante filmografía y extraordinariamente prolífico.
Lo que sí es un hecho, es que hasta la fecha su última gran película es Match Point-La provocación, de 2005, que, alejada de sus características comedias, es un relato redondo, con un guión original y que invita a verla varias veces.
Se pasa un muy buen rato. 8/10.
