Vates, vetos y batidillos

Los responsables de las instituciones deben estar al tanto del mundillo literario

Circula en internet una carta dirigida a los secretarios y directores de Cultura de las 31 entidades federativas, a la Academia de la Lengua (¡?) y a los escritores de México, en la que se denuncia a los poetas agrupados en el Círculo de Poesía —tal es el nombre de su portal de internet—, “quienes se han visto involucrados en escándalos de corrupción relacionados con la repartición de becas, talleres y publicaciones”, así como de premios literarios en los que unas veces son jurados y otras ganadores. Citan como el caso más reciente el Premio de Poesía Clemencia Isaura, al que convoca el Instituto de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán, Sinaloa, y que en este año le fue otorgado a Mijaíl Lamas por acuerdo del jurado que integraron los miembros del Círculo de Poesía Dalí Corona, Alí Calderón y Álvaro Solís, quien recibió el premio en ocasión anterior, y amigos y compañeros, todos, del beneficiado con el Clemencia Isaura en 1995: Mario Bojórquez, “quien tiene igual participación en dicho proceso de corrupción”. Los quejosos dicen que “nadie puede poner en tela de juicio la calidad de los poemas que resultaron premiados”, pero les parece preocupante que todos los citados formen parte del mismo batidillo y demandan que los integrantes de la banda de los cinco “no vuelvan a ser considerados para formar parte de ningún jurado” ni invitados a otras actividades literarias.

Afinidades, mafias y mofas

Firman la protesta contra la quinteta infernal cuarenta escritores, entre los cuales están Claudia Hernández de Valle-Arizpe, Hernán Bravo Varela, Julián Herbert, Alicia García Bergua y Sergio Téllez-Pon. Ya existía el antecedente de que el Premio de Poesía Aguascalientes 2007 le fue conferido a Mario Bojórquez por un jurado en el que participaba quien era su jefe inmediato en el lugar donde trabajaba entonces (no sé si todavía). Sin embargo, en su abono debe decirse que también ha obtenido el Premio de Literatura Baja California de 1990, el Premio Enriqueta Ochoa de 1996 y, hace unos días, el Premio Alhambra de Poesía Americana, que se concede en Granada, España. De modo que ha de ser buen poeta o es un tiro para ganar certámenes. Con todo, debe reconocerse que en los premios tienen un gran peso las afinidades estéticas, las relaciones personales —jurados y premiados son seres humanos, no robots— y hasta el azar. De ahí que debamos reclamar más cuidado a quienes convocan tales premios y nombran jurados. Los responsables de las instituciones deben estar al tanto de quién es quién en el mundillo literario. De esa manera evitarán que premiados y premiadores se cocinen en la misma olla y que del guiso se desprendan malos olores.

Andrea Gómez, Premio Coatlicue

En el marco del XVI Encuentro Internacional y XII Encuentro Iberoamericano de Mujeres en el Arte, se hará entrega a Andrea Gómez del Premio Coatlicue. Ella es hija del legendario Rosendo Gómez Lorenzo, el militante comunista que dirigió la huelga inquilinaria de los años 20, el mismo que tomó por asalto la antena de la XEW para transmitir un mensaje en el aniversario de la revolución rusa, cuando el Partido Comunista estaba en la clandestinidad. Pero Andrea es también una de las más grandes artistas que hayan pasado por el Taller de Gráfica Popular y, como tal, es autora del grabado mexicano que probablemente ha sido más reproducido internacionalmente: el de una madre que abraza a su hija y que fue una de las imágenes más representativas del Movimiento Mundial por la Paz. Hacía falta que se le hiciera un reconocimiento a la también pintora, a quien debemos una obra notable aunque por desgracia poco difundida.

Wojtyla, el papa obrero

El miércoles 31 de enero de 1979, durante la visita de Karol Wojtyla a la capital de Nuevo León, una fotografía dio la vuelta al mundo: en ella se veía al pontífice polaco con la cabeza cubierta por un casco siderúrgico que tenía adosados unos lentes industriales, lo que hizo llamarlo “el papa obrero”. Miguel Ángel Sánchez de Armas, quien poco antes había sido nombrado gerente de Relaciones Públicas de la Fundidora de Monterrey, ya entonces empresa paraestatal, se encontró con que era pésimo el trato entre los trabajadores y sus patrones. De modo que se dedicó a poner en práctica un amplio programa deportivo, cultural, escolar y social mientras que simultáneamente abría canales de comunicación (periódicos, carteles, etc.). Se anunció entonces la visita papal y el funcionario se enteró de que en el besamanos habitual en estos casos habría varios obreros, entre ellos Enrique Aguinaga Saucedo, trabajador jubilado de la fundidora, a quien dotó de ropa de trabajo con los emblemas de la fundidora y lo convenció de poner en la testa pontifical el citado casco, que también tenía estampado el logotipo de la empresa, lo que llegado el momento hizo el obrero con naturalidad, ante el desconcierto del Papa, que lo aceptó de buen grado mientras se desataba la mayor ovación de la multitud de regiomontanos presentes, que vieron a su líder religioso como uno de ellos. Como es de suponerse, aquello contribuyó pronto y mucho a mejorar las relaciones obrero-patronales en la fundidora, con lo que Sánchez de Armas se anotó un gran éxito profesional, aunque, modesto, dice que todavía no se explica por qué no lo despidieron los ayatolás administrativos o por qué no fue enchapopotado por los obreros.

Libro de Patricia Aulestia

Mañana, martes 27, a las 18 horas, en el Salón Zarco del Club de Periodistas de México, se presenta el libro Despertar de la república dancística mexicana, de Patricia Aulestia, trabajo que le llevó más de 20 años a la autora, quien trata de dos épocas de la danza mexicana: la primera, Los años pioneros, que va de 1917 a 1930, y la otra, Los años de la primera generación formada en centros institucionales, de 1931 a 1939. Los comentaristas serán César Delgado Martínez, Rocío Barraza, Héctor Garay, Óscar Flores Martínez y Teresa Nava con Silvia Carreño como moderadora. Patricia Aulestia, discípula de Martha Graham, fue primerísima figura en compañías de Chile y del Ballet Clásico 70, de México, país donde fue fundadora del Centro de Información y Documentación de la Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes.

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