El Ballet Teatro del Espacio

El cuerpo inerte de Michel Descombey estuvo ayer al centro del vestíbulo del Palacio de Bellas Artes. Ese cuerpo, sinónimo de belleza y movimiento, de luz, de vida, de rebeldía regresó al templo del arte donde presentó obras que revolucionaron la danza en nuestro ...

El cuerpo inerte de Michel Descombey estuvo ayer al centro del vestíbulo del Palacio de Bellas Artes. Ese cuerpo, sinónimo de belleza y movimiento, de luz, de vida, de rebeldía regresó al templo del arte donde presentó obras que revolucionaron la danza en nuestro país, a recibir el adiós. Y al verlo ahí, en el silencio de la muerte, mientras resonaban las palabras de honra a su memoria, me fue inevitable preguntarme con una mordida en el corazón ¿Por qué no se le hizo este homenaje en vida, aquí, en 2010, cuando cumplió 80 años? ¿Por qué hay momentos históricos en los que ciertos artistas tienen que pagar el precio de morir para que su rebeldía no sea motivo de desencuentro y pueda reconocerse, glorificarse por sus colegas y las instituciones? Michel Descombey fue un hombre de riguroso respeto a los demás. Ejerció su trabajo con un altísimo sentido del deber y de la honestidad. Tenía un código de dignidad que cumplió de manera cabal en su trato hacia las autoridades y sus colaboradores. En contrapartida exigió hacia su persona y su trabajo un trato equivalente. Y en eso fue inflexible.

Recordé la voz pausada, más perpleja que enojada, triste y en ningún momento vengativa de Michel cuando me contó que un grupo de personas destacadas de la danza mexicana habían ido a ver a cierto director de Bellas Artes, hace ya muchos años, para exigir que se quitara al Ballet Teatro del Espacio su sede y el apoyo financiero que se les brindaba. Reclamaban estas personas que esos recursos no llegaran más a Michel, Gladiola y su compañía, sino a ellos. Por desgracia mucha energía, imaginación, creatividad en el teatro y en la danza y otras comunidades en México se pierde más que en construir en arrebatar o destruir, lo que han hecho otros.

Michel y Gladiola recibieron en distintas épocas subsidio muy merecido de las autoridades culturales, que fue esencial para dar impulso a la compañía, pero si ese Ballet pudo levantarse, fue sobre todo por el trabajo, la imaginación y los recursos que ellos pusieron. El Ballet Teatro del Espacio fue un laboratorio de investigación dancística y una utopía de creación colectiva. Todos en la compañía ganaban igual y todos estaban comprometidos a trabajar con la misma exigencia. Lo fascinante del Ballet Teatro del Espacio es que no sólo fue epicentro de la llegada de la danza en México a la vanguardia, a la búsqueda audaz de nuevas formas, lejos de códigos ideológicos, en la conquista de significación verdadera e incesantemente renovada, no sólo fue el lugar donde se hacía la mejor danza del país y de buena parte del planeta, sino que constituyó un modelo organizativo basado en ideales de justicia y de irrenunciable respeto a la dignidad y los derechos de los bailarines. Ballet Teatro del Espacio fue el semillero de los mejores bailarines y coreógrafos durante décadas, por mencionar algunos: Ema Pulido, Javier Salazar, Solange Lebourges, Marco Antonio Silva, Bernardo Benítez, David Athie, Beatriz Madrid, Erminia Grotemboer, Silvia Unzueta y Victoria Gutiérrez. Jessica Sandoval, destacada figura de la danza, quien formó parte del Ballet durante muchos años, me ha contado cómo el trabajo práctico estaba organizado en esta compañía a partir de una lista en orden alfabético, de la que se iban determinando las rondas de limpieza, de preparación de los desayunos y las guarniciones alimenticias durante los viajes y demás: “La organización era impecable y dirigida a dar al bailarín las condiciones necesarias para el mejor desempeño de su trabajo. Siempre había tiempo y espacio suficiente para ensayar, comer, descansar. Algo de verdad, aún hoy, por completo fuera de lo común en México. Por su gran calidad y por las condiciones de trabajo, el Ballet Teatro del Espacio fue el lugar al que todo aspirante a bailarín quería llegar”.

En 2009, luego de cuatro décadas de vida, el Ballet Teatro del Espacio cerró. Por fortuna Gladiola Orozco ha ido organizando el patrimonio de memoria de la compañía  y ofreciéndola para la consulta abierta de investigadores, bailarines, coreógrafos y público en general, en una página de internet con el nombre balletteatrodelespacio.com, en la que ha ido subiendo textos, fotografías y videos. Se fue Michel Descombey, nos queda la memoria ejemplar de su vida y de su obra. Nos quedan las preguntas que su singular manera de vivir y hacer danza plantearon a su tiempo.

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