
CIUDAD DE MÉXICO.
Ampliar y complementar el capítulo energético del TLC, que empezará a renegociarse la semana que viene, beneficiará a toda la región y puede ser un elemento unificador, coincidieron especialistas.
La reglamentación del sector energético, “si la hacen tan bien como la parte del sector automotriz en 1994, y México sabe poner las llaves necesarias, se impulsará la producción en la región, y seremos muy importantes”, dijo a Efe la experta en energía Araceli Espinosa.
La profesora-investigadora del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) comparte así la opinión del ministro de Economía mexicano, Ildefonso Guajardo, que ha remarcado en más de una ocasión la importancia de atender el tema energético en el nuevo Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC).
El convenio comercial, en vigor desde 1994 entre Canadá, México y Estados Unidos, empezará a renegociarse este 16 de agosto en Washington y las conversaciones se prevén complicadas, pues el jefe de la Casa Blanca, Donald Trump, considera que el pacto perjudica seriamente a su país.
Para Guajardo, el nuevo TLC debería afianzar la “supremacía energética de América del Norte”, impulsando la inversión, asociación y la competitividad en muchos productos industriales, como el cemento o el acero, cuyo costo va directamente relacionado al uso de energía durante su fabricación.
El acuerdo creado en 1994 contiene el capítulo VI “Energía y Petroquímica Básica”.
Pero el alcance de éste era muy “limitado”, recordó Espinosa, ya que en ese entonces México no estaba embarcado en una reforma energética —aprobada apenas en 2013— que abrió el sector petrolero a la iniciativa privada tras casi ocho décadas de monopolio estatal.
“Hubo intercambio de infraestructura entre México y Estados Unidos, pero no se abordaba el tema con todas sus implicaciones”, agregó.
En estos 24 años de tratado, el sector ha avanzado a pasos agigantados. Del lado estadunidense hubo una “revolución energética” en torno al gas y petróleo shale.
“No sólo tienen toda su demanda interna satisfecha, por su producción se han vuelto exportadores, y México es un gran cliente para ellos”, apuntó.
Para el economista Luis de la Calle, que participó en el equipo negociador mexicano del TLC hace un cuarto de siglo, México debe aprovechar el convenio para reforzar la liberalización del sector y, en última instancia, potenciar su competitividad.
“Con energía barata, abundante y de buena calidad, la manufactura mexicana será todavía más competitiva”, señaló.
Para Espinosa, lograr esta mejora del capítulo energético ha de pasar por mantener un arancel cero al intercambio de petróleo, tal y como sucede ahora, aunque no esté escrito.
Si bien la reforma del acuerdo en energía puede beneficiar a las tres partes, México debe tener “mucho cuidado” ante las “salvaguardas” que pueda exigir el vecino del norte, como un eventual control de la importación de hidrocarburos mexicanos, afirmó la experta, quien también reconoció que el sector mexicano está hoy día “rezagado” tecnológicamente.
En estas negociaciones, México “parte con desventaja” y deberá ser muy cuidadoso, especialmente en la negociación de capítulos como el dedicado a la solución de controversias entre naciones.
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