Queríamos competir dentro del PRI: Porfirio; a 30 años de la ruptura
Asegura que la herencia de la Corriente Democrática, la cual ayudó a formar en 1986 junto con Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, es el pluralismo político

CIUDAD DE MÉXICO.
Porfirio Muñoz Ledo, uno de los ideólogos de la Corriente Democrática del PRI, que hace 30 años produjo un boquete en el Revolucionario Institucional, declaró: “Todo lo que pedíamos era competir dentro del partido, nada más”.
Se cumplen 30 años del surgimiento de ese grupo disidente —a la potestad histórica de que el Presidente en turno nombra al candidato presidencial del PRI—, a partir del cual se formó el Frente Democrático Nacional que participó, con Cuauhtémoc Cárdenas, en los comicios de 1988, cuando Carlos Salinas de Gortari resultó Presidente de México.
“La no llegada al poder del Frente Nacional Democrático es la gran tragedia del país, la cual estamos sufriendo hasta ahora. Todo fue al revés de lo que habíamos pensado. Qué ganamos, el pluralismo político, 137 diputados de entrada, eso enamoró a los partidos y a las corrientes”, declara en entrevista Porfirio Muñoz Ledo.
“Fue una contradicción histórica, la dialéctica de la historia: ganamos el pluralismo político, perdimos la orientación histórica del país”.
Muñoz Ledo sostiene que la idea desde el principio de la germinación de la Corriente era que dentro del PRI “postuláramos a un candidato a la Presidencia y que nos dejaran inscribir candidatos a diputados y senadores, de modo que tuviéramos una fracción como la corriente crítica Izquierda Socialista del PSOE (Partido Socialista Obrero Español) o como otros partidos del mundo, que tuviéramos una expresión de izquierda nacionalista; eso era, porque estaban a punto de entregarse a los americanos. Ése es el fondo del problema”.
En el despacho de su casa en la Ciudad de México, el expresidente del PRI entre 1975 y 1976, en el último tramo del gobierno de Luis Echeverría, con quien fue secretario del Trabajo, Muñoz Ledo sostuvo que en el PRI se negaron a darle cabida a la Corriente Democrática “porque el presidente Miguel de la Madrid tenía una decisión, que era meter a (Carlos) Salinas; entonces lo convencieron de que nosotros estábamos apoyando a otro candidato, fuera (Manuel) Bartlett, (Alfredo) Del Mazo, (Sergio) García Ramírez; él creyó que estábamos en el juego interno del PRI, pero no, yo se lo expliqué claramente (al presidente De la Madrid) que no era eso”.
Metido de lleno en la redacción de lo que será la primera Constitución de la Ciudad de México, diplomático por muchos años, Muñoz Ledo dijo que en el gobierno y en el PRI sintieron que la Corriente Democrática era “como una afectación a los derechos históricos del presidente de México. Miguel (de la Madrid) no tenía gran experiencia política, si hubiera sido (Adolfo) López Mateos o (Adolfo) Ruiz Cortines, lo hubieran manejado de otra manera. Estaban seguros de que nos iban a aplastar y nos fueron orillando”.
Muñoz Ledo se lamenta de que les faltó tiempo a los objetivos que la Corriente Democrática se había trazado; creían que las cosas podían ser como ellos las planteaban. “En 1988, en Chile, con el referéndum a Pinochet, se comprobó que había otras posibilidades, y después, en 1989, con la caída del Muro de Berlín”.
Muñoz Ledo dijo que a partir del surgimiento de la Corriente Democrática, en realidad el sistema político mexicano no había conocido ninguna ruptura, ningún desprendimiento desde 1952, con la candidatura del general Miguel Enríquez Guzmán.
Eso, dijo, lo pudo asegurar la estrategia política de Ruiz Cortines. “Muchos éramos conscientes de que había que terminar con un sistema político de dedazo, que fue el que instauró Ruiz Cortines, con el famoso tapado y que había que dar cabida a distintas expresiones dentro del partido.
“De hecho, la elección de Miguel de la Madrid ya fue controvertida por sectores intelectuales y del partido. Está en un libro que se llama La disputa por la nación, de Rolando Cordera, porque se veía que venía una gran definición nacional frente a la crisis económica: o conocíamos de la apertura económica y de la alianza con Estados Unidos o inventábamos un nuevo modelo de desarrollo interno. Ése era el gran debate nacional”.
Aseguró que desde fuera de México pudo observar que el mundo estaba cambiando y que las posiciones adoptadas “por nuestro país nos obligaban a una definición. No podíamos estar bregando por la democratización en Guatemala, El Salvador, Nicaragua y no tenerla en México. Éramos muy vulnerables. Regresé a México después de esa experiencia con la absoluta decisión de organizar un movimiento cívico que alentara el cambio de estrategias económicas y democráticas en el país”.
Explicó que la Corriente Democrática fue la canalización por la vía cívica y electoral, primero, de un dilema sobre el futuro del país: “o nos íbamos con la corriente neoliberal, asumíamos los tratados de libre comercio y se adoptaba una economía de mercado, terriblemente desigual, o intentábamos un nuevo camino”.
Por otro lado, dijo, correspondió a un hartazgo de muchos sectores de la sociedad y de las bases del PRI, con las cuales el gobierno de De la Madrid tenía muy escasa relación.
“Cuando regresé a México, publiqué una serie de textos, como mi culminación en la misión de Naciones Unidas, y dije que la solidez de México en el mundo derivaba de que asumiera un sistema político plenamente democrático”, recordó el excandidato presidencial en 2000 por el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM).
Dijo que después de la recomendación del embajador Rodolfo González Guevara para buscar a Cuauhtémoc Cárdenas todo marchó bien, ya que el entonces gobernador de Michoacán tenía agravios por la injerencia del gobierno federal.
Reconoció Muñoz Ledo que armar la Corriente fue “un proceso complicado. Primero había que comenzar a invitar a gente del PRI. Los michoacanos estaban muy dolidos, había mucha gente valiosa, los michoacanos eran el contingente mejor organizado que teníamos, aparte del cardenismo histórico.
“Yo tenía muchos amigos dentro del PRI, pero los fueron presionando y presionando. Pero aun así empezamos a actuar. Lo primero era hacer una declaración de que formábamos una corriente, que se llamó democrática y nacional. Fue nuestra definición, empezamos a crear una gran incertidumbre, De la Madrid dice en sus memorias Cambio de rumbo que él estaba seguro que podían apretarnos de modo que no desertaran más de 100 priistas. No fue así, desertaron como 500, pero les ganamos las elecciones. Nada más”.
El exembajador recordó que empezó a armarse una corriente de prensa terrible. Lo de la primicia del Unomásuno sobre la formación de la Corriente lo recuerda así:
“Ya cuando estaba bastante regado, porque en México se transmite de boca en boca, no había redes sociales, había redes vocales, a mí me pidió un desayuno el jefe de Redacción de Unomásuno, y no llegó, y entonces me habló Manuel (Becerra Acosta) y me dijo: ‘no hables con subordinados, vamos a comer’; entonces yo considero oportuno contarle esto, y se fue a ocho columnas.
“El movimiento se sostuvo gracias a que una semana después el secretario general de la CNC, Héctor Hugo Olivares, fue a Michoacán con el gobernador Cárdenas y le preguntó a Cuauhtémoc si él estaba involucrado en la Corriente Democrática, y dijo que sí.
“Ahí empezamos a crecer, fue un gran movimiento mediático, la gente estaba esperando eso y nosotros planteamos una sola cuestión: el respeto a los estatutos del PRI —que preveían campañas internas de proselitismo— que no se obedecían, y libertad en las candidaturas; todo era automático, eran tapados, acuerdos entre los tres sectores”.
Comentó que entonces empezó el diálogo con el PRI, específicamente con Adolfo Lugo Verduzco, un compañero de Muñoz Ledo en la Facultad de Derecho. “Adolfo tenía instrucciones de De la Madrid de que no podíamos formar una corriente; yo le leía los estatutos: hay libertad, y le explicaba que siempre ha habido corrientes: callistas, cardenistas, alemanistas. Entonces no accedimos a su pretensión y seguimos adelante.
“Luego, Jorge de la Vega, amigo mío, personal, hasta hoy, nos convocó. Creíamos que íbamos a una conciliación, porque todo lo que pedíamos era competir dentro del partido, nada más”.
El resto, ya es historia.