Villa fue usado como sparring; entre los motivos del ataque a Columbus, represalias contra EU
A 100 años de la incursión de la División del Norte al campo militar de Furlong, en Columbus, Nuevo México, se exhibe en el museo de sitio la versión de que la Expedición Punitiva (persecución en suelo mexicano) sirvió para probar el armamento que usarían en la Primera Guerra Mundial
PUERTO PALOMAS, Chih.
Las poblaciones fronterizas de Palomas, Chihuahua, y Columbus, Nuevo México, están ligadas por el presente y el pasado. Tienen en común dos cosas: el olvido de sus gobiernos federales y la figura histórica de Pancho Villa.
Esta frontera ya no es tan insegura como en 1916, cuando el Centauro del Norte atacó el poblado estadunidense, pero tampoco como en 2006, cuando los cárteles de la droga la convirtieron en un centro de batalla y paso de indocumentados y contrabando.
Lo que no ha cambiado es que la figura de Pancho Villa sigue siendo controversial para los habitantes de Columbus, Nuevo México, donde algunos aseguran que nunca dejará de ser un criminal y villano, y por el contrario, otros, con sangre mexicana, lo ven como un defensor de los mexicanos.
Para los mexicanos habitantes de Palomas, Villa es un héroe, y un ejemplo de osadía y valentía “por lo que les hizo a los gringos”, como asegura Carlos René Jiménez, quien es el conserje de la escuela primaria Ignacio Zaragoza de esta comunidad.
Para él, su teoría se refuerza porque Puerto Palomas empieza nuevamente a prosperar, con más habitantes y comercios, sumando una población actual de más de 20 mil habitantes.
No obstante, la directora de la escuela, Judith Martínez, reconoce que la situación en Palomas es difícil, no por la pobreza y narcotráfico, sino por el olvido en que la tiene el gobierno mexicano.
Columbus, del otro lado, parece en ocasiones un pueblo fantasma, con sus menos de dos mil habitantes.
Así, esta frontera recuerda que este 9 de marzo se cumplen 100 años de que Francisco Villa ingresó a Estados Unidos para atacar Columbus, donde destruyó e incendió algunos comercios, hoteles y viviendas y sus soldados mataron a 18 ciudadanos estadunidenses, entre civiles y militares.
Ante el hecho histórico, para otros, simplemente fue utilizado por el gobierno de Estados Unidos para probar el nuevo armamento militar que sería utilizado en la Primera Guerra Mundial.
En un escrito de Allen Rosenberg, director del Museo Histórico de Columbus, explica que la Expedición Punitiva (persecución a Villa en territorio mexicano) en realidad “era una etapa de entrenamiento y aprendizaje para nuestras fuerzas armadas. Era la primera vez que los americanos usaron los vehículos mecanizados en el combate. Esto incluyó automóviles y camiones (comprados en el mercado abierto) de los distribuidores de autos en El Paso y otros lugares.
Los primeros vehículos blindados se usaron aquí. Fueron los precursores de los tanques. También se usaron las motocicletas en las condiciones del combate. Este esfuerzo también incluyó el primer uso de aviones en las condiciones del combate. Nuestra fuerza aérea entera (ocho aviones) se estacionó en Columbus, un escuadrón de los cuerpos de señales.
En este tiempo se usaron los aviones para llevar los mensajes. Como se trataba de unidades de baja potencia, volaban tan bajo que recibían el fuego de las personas de tierra. En la autodefensa ellos llevaban granadas que usaban como bombas y disparaban por atrás a las tropas en tierra. Los aviones también se usaron la primera vez como observadores para la localización a los enemigos sospechosos y llevaron las noticias a las tropas”.
Esta versión es la que se explica en el museo histórico de Columbus, donde Francisco Villa atacó el fuerte Furlong, y donde hay réplicas y pertrechos militares utilizados en la acción punitiva de miles de soldados que buscaron, sin éxito, a Francisco Villa en el estado de Chihuahua.
Pero la historia tiene su propia versión. El escritor Paco Ignacio Taibo II, autor de una biografía del líder revolucionario titulada Pancho Villa mencionó a Excélsior las razones por las que se llevó a cabo el ataque a Columbus.
En primer lugar Villa quería confrontar a Estados Unidos por la manera que se habían comportado durante la campaña de Sonora, al permitir a los carrancistas usar su territorio para transportar tropas y así ayudar a Calles.
La segunda razón es para cobrar una deuda de unos traficantes de armas que lo habían traicionado.
Y por último, el también periodista menciona que Villa realizó con el ataque un acto de provocación hacia el gobierno de Estados Unidos para dejar un clonflicto y dejat en medio a los carrancistas.
De la versión del museo sobre la Expedición Punitiva, en el sentido de que fue una etapa de entrenamiento para probar armamento, Paco Ignacio Taibo II afirma que no es posible, debido a que en la persecución y búsqueda de Francisco Villa sólo se usaron cuatro carros, dos aviones y caballería, esta última totalmente obsoleta en en el conflicto europeo.
VILLA, EL SAQUEADOR
Para Annette Schneider y Betty Dean, encargadas del museo situado en la antigua estación del tren y la oficina postal, hoy en desuso, no hay ninguna duda de que Pancho Villa es un asesino que atacó Columbus y mató, además de soldados, a civiles indefensos.
A cada visitante, le muestran las fotografías del ataque, a los soldados que murieron defendiendo a los habitantes de Columbus y los recuerdos del intempestivo ataque el 9 de marzo de 1916.
No solamente eso, recuerdan el ataque de las tropas de Pancho Villa en San Pedro de la Cueva, Sonora, donde murieron 86 de sus habitantes el 2 de diciembre de 1915.
Ellas relatan a los visitantes y clientes, todas las acciones en que Villa puede ser recordado como villano y asesino, para reforzar la imagen del “bandido, asesino y saqueador de pueblos”.
Ellas mismas encabezan cada año desde 1916, todos los días 9 de marzo, el memorial por los soldados y civiles que murieron en el ataque de Villa a Columbus.
Realizan las exequias, el funeral y el sepelio de las víctimas. Jamás recuerdan a los soldados villistas que ahí murieron, ni los que fueron apresados y posteriormente colgados tras un breve juicio.
Para ellas no tiene sentido realizar la cabalgata villista, pues el hecho histórico fue el ataque de un bandolero y asesino a los habitantes de Columbus.
Luego del recorrido, ambas ofrecen en venta los afiches que se encuentran en la tienda, siendo el preferido el póster donde se ofrece la recompensa de cinco mil dólares por las captura de Francisco Villa.
CABALGATA
A pesar de las muertes causadas por la incursión en ambos bandos, los habitantes de Columbus intentan recordar la incursión militar, pero no con resentimiento o encono, sino para crear nuevos lazos de amistad.
Este hecho histórico ha provocado que se desarrollen dos eventos conmemorativos.
El primero es realizado cada 9 de marzo, donde los habitantes estadunidenses recuerdan en Columbus a los 18 ciudadanos estadunidenses que murieron durante el ataque.
El otro, se desarrolla el 12 de marzo, con el arribo a Columbus, de la Cabalgata Villista, donde participan funcionarios de los gobiernos de México y de Estados Unidos, como congresistas y alcaldes, además de cientos de ciudadanos de ambos países.
El memorial estadunidense se realiza de manera constante desde 1916; la cabalgata inició en 1966, con el gobernador de Chihuahua Giner Durán, y el de Nuevo México, Jack Campbell.
La organizadora de la Cabalgata Villista a Columbus, Norma Gómez, intenta restañar las heridas causadas por la incursión armada de Francisco Villa y la muerte de 18 ciudadanos estadunidenses.
Aunque ella también tiene su versión de la causa del ataque. Visión alimentada por la leyenda y el colectivo. La historia que Norma Gómez cuenta es que Villa recibió un pago de 50 mil dólares por parte del gobierno de Estados Unidos para realizar el ataque, que a la postre serviría de pretexto para poner a prueba el armamento que sería enviado a la Primera Guerra Mundial,
Pero para ella eso es la historia, y lo que vale la pena hoy es rehacer una nueva amistad entre los mexicanos y los estadunidenses, entre México y Estados Unidos.
Es una fiesta de la amistad”, dice, y recuerda la historia como un hecho pasado “del que ahora nadie es culpable”.
Explica que los festejos de la Cabalgata Villista inician en el noroeste del estado de Chihuahua, el 27 de febrero en el municipio de Guerrero. Así vienen los jinetes, entre ellos ya algunos estadunidenses. Todos, entre fiestas, bailes y rodeos, que pasan por siete municipios, donde cada alcalde les da comida a ellos y sus caballos como una muestra de amistad.
Todos deben llegar a Puerto Palomas, municipio de Ascensión, y atraviesan la frontera de los Estados Unidos para finalmente llegar a Columbus el 12 de marzo. “Todo esto es para recobrar una amistad perdida en 1916”, insiste Norma.
Ambos festejos se respetan, el velorio o funeral por los ocho militares y diez civiles norteamericanos que murieron durante el ataque.
Pero la Cabalgata recuerda también a los 75 villistas que murieron bajo las ametralladoras de los militares norteamericanos, y los 12 o 14 que fueron juzgados y colgados en la plaza militar.
Y precisa, “no estamos glorificando a Francisco Villa”, y recuerda la frase de un niño que estudia en la escuela de Columbus que retrata de manera perfecta la situación o disyuntiva que viven los habitantes de esta comunidad estadunidense: “nosotros no cruzamos la frontera, la frontera nos cruzó a nosotros”.
Además, prosigue, el intento de la cabalgata y el memorial, es buscar apoyos para Columbus, ciudad que pareciera estar condenada a desaparecer. “No hay maquilas, somos un pueblo olvidado, a pesar de ser el único puerto de paso, Puerto Palomas, que está abierto las 24 horas, para cruzar de México a Estados Unidos y viceversa.”
Al respecto, el alcalde del municipio de Guerrero, en Chihuahua, Efraín Hernández Caballero, se dijo sorprendido de que cada año que llegan en caballo a Columbus, son recibidos con aplausos y con una fiesta, a pesar que Villa atacó y asesinó a sus ciudadanos y varios soldados.
Esto es claro de que se trata de una nueva amistad y reconciliación de ambos países, comentó.
LOS GUARDIANES
DE COLUMBUS
Como fieles residentes de Columbus, José Morales y Genaro Núñez Ordóñez permanecen en la plaza, jugando a las cartas, tan cotidianamente y en la misma mesa de cemento, que los habitantes de la comunidad los conocen como Los Guardianes.
Ambos jubilados, mexicanos de nacimiento, viven de la pensión que les dio el gobierno de Estados Unidos donde se hicieron ciudadanos gracias al trabajo.
La vida de ambos en los Estados Unidos no ha sido fácil, ya que tuvieron que hacer trabajos de todo tipo y recuerdan que siempre fueron discriminados. Por eso quizá no osan mencionar ninguna palabra en inglés. José Morales siempre trabajó como agricultor. Tiene 72 años y nació en la ciudad de Chihuahua. Sus dos hijos viven en Denver, Colorado, “muy lejos”.
Genaro Núñez es de Julimes, Chihuahua, tiene a todos sus hijos residentes en los Estados Unidos. Uno de ellos tiene una licorería en El Paso, Texas.
Aun así, recuerda que perdió a uno de sus hijos en la violencia de Ciudad Juárez, en 2008, asesinado por gatilleros durante una carrera de caballos, y aclara que “no era mafioso ni narcotraficante, simplemente aposto en una carrera de caballos, ganó y lo asesinaron para no pagarle”.
Ambos se dicen villistas, porque Francisco Villa era mexicano y “le quitaba dinero a los ricos para dárselo a los pobres, pero le tienen idea”, asienta Genaro, quien remata: “Villa era una buena persona, era como los mexicanos”.
En Palomas, México, la versión preferida sobre el ataque de Francisco Villa a Columbus, Nuevo México, es que se trató de un escarmiento por parte de Villa, a un estadunidense, Sam Ravel, que lo engañó en la venta de municiones que no servían, y por el apoyo que el gobierno de Estados Unidos dio a Venustiano Carranza.
Carlos René, conserje de la escuela primaria, aseguró que Pancho Villa “es ícono de Palomas por la “pasada que le hizo a los güeros, lo vemos como un ejemplo porque a pesar de su ignorancia no se dejaba y luchaba por el pueblo, eso es lo que se comenta aquí.”
Aseguró que ahora no existe rivalidad ya entre los habitantes de Columbus y Palomas, o mexicanos y norteamericanos, “casi todos hablan español allá (en Columbus), muchos de los niños vienen a estudiar acá (en Palomas), y eso nos hace amigos y olvidar el pasado”.
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