Ecatepec se llena de fervor; ora por “esta bendita tierra mexicana”
Ante 300 mil espectadores que soportaron las inclemencias del clima, el Papa pide no hacer de la desesperación de unos el oportunismo de otros; hace un llamado a evitar tres tentaciones: riqueza, vanidad y orgullo
ECATEPEC.
A Francisco, el de los zapatos negros y el anillo argento, el primer domingo de Cuaresma lo tomó lejos del Vaticano, a diez mil 227 kilómetros de la Santa Sede. Literal, descendió de los cielos, en Ecatepec, municipio donde la marginación, los secuestros y la desaparición de cientos de mujeres son el pan de cada día. Ahí, el Papa de los pobres ofreció una liturgia en donde el murmullo de 300 mil voces, unidas por el viento y la esperanza, rezaron en el predio El Caracol. Ayer, el ombligo del mundo.
Cuando llegó a México, levantó la voz en contra de los que se enriquecen y los curas que no pelean de frente. Ayer, el mensajero de Dios habló de las tres grandes tentaciones del hombre (riqueza, vanidad y orgullo), de cómo el dinero, la fama y el poder se convierten en seducciones que corrompen el alma. Elevó una oración por “esta bendita tierra mexicana”. Pidió porque esta tierra “no tenga que llorar a jóvenes y niños destruidos a manos de los traficantes de la muerte”.
... Y descendió de los cielos
Cuatro helicópteros partieron del Campo Marte rumbo a Ecatepec, Estado de México, y en uno de ellos viajaba el papa Francisco rumbo a la que sería la misa con mayor número de feligreses que escucharían, de pie, el evangelio según San Lucas. Un viaje en un helicóptero Puma de la Fuerza Aérea Mexicana que el Pontífice aprovecharía para mirar las pirámides de Teotihuacán.
Quizá, desde las alturas, no se alcanzaron a distinguir las cientos de cruces de mujeres asesinadas que un día salieron de casa y ya no regresaron, ni la manta enorme que rezaba: “Bienvenido, Francisco, al México impune, corrupto y violento”.
Cada que se escuchaba el ruido de un helicóptero, miles de miradas volteaban al cielo. Gritos de júbilo y pañuelos agitados iniciaban un ritual no preparado, pero se detenían cada vez que alguien identificaba al mosquito de acero como simple nave de inspección.
El helicóptero que traía en la panza de metal al excardenal argentino aterrizó en un predio llamado Ballisco, donde se venden autos usados y el polvo se levanta a cualquier provocación. Dicen que por esos rumbos, sobre la carretera Lechería-Texcoco, acecha gente mala. Ayer, imposible, con tanta patrulla alrededor.
Voces que alertan: “¡Ya aterrizó el papa Francisco!”. Y todavía cientos de peregrinos intentan ingresar al predio conocido como El Caracol. El que lo mire desde las alturas observará un enorme círculo salitroso de 45 hectáreas. Ayer, el ombligo del mundo.
Para los que llegaron en transporte público bastó con bajarse del Mexibús en la estación Las Américas y seguir el hormiguero humano a lo largo de cinco kilómetros, entre calles de unidades habitacionales. Seguir el murmullo de los que vendían “todo a diez pesos”: medallas, veladoras, rosarios, banderitas y llaveros con la imagen de Jorge Mario Bergoglio. También las aguas y las tortas.
El religioso recorrió 8.8 kilómetros en el papamóvil, desde el tianguis de autos transformado en helipuerto hasta la Unidad de Estudios de Ecatepec. En el trayecto, una barda con 50 grafitis, con el Papa en distintas expresiones. Sí, hasta con sombrero de charro. Y, de ahí, a El Caracol.
Domingo de Cuaresma
Ayer fue el primer domingo de Cuaresma y por ello el color morado de la casulla que vistió el Pontífice al dar misa ante 300 mil feligreses que llegaron de distintas partes de la República Mexicana. Ahí, Francisco cambió la mitra por el solideo. Se quitó el Anillo del Pescador, tomó la férula papal y lució el palio con cruces.
Día para escuchar el evangelio según San Lucas, cuando Jesucristo permaneció 40 días en el desierto y fue tentado por el diablo. 300 mil feligreses, suficientes para llenar el estadio Azteca ¡tres veces! Y todos de pie. El “Yo confieso” en miles de gargantas, murmullo que se lleva el viento y toma eco en los hombres y mujeres que no consiguen boleto, pero que, afuera, también escuchan atentos.
Francisco, el de las sandalias negras, habla de una sociedad de pocos y para pocos. Habla de las tres grandes tentaciones que están destruyendo al hombre: riqueza, vanidad y orgullo. De ganarse el pan con sabor a dolor, amargura y sufrimiento de otros. Señala en voz alta y enérgica que “con el demonio no se dialoga, porque nos va a ganar siempre”.
Atento, él, escucha las palabras de monseñor Óscar Roberto, titular de la Diócesis de Ecatepec, quien utiliza los términos pobreza, violencia y hambre, palabras que causan dolor en una población de un millón 600 mil ecatepenses. Un municipio durmiente y católico.
Alguien tendría que haberle explicado al Papa que Ecatepec se ha convertido en territorio prohibido para mujeres, un lugar de migrantes donde los asaltos y secuestros se dan, aún en su visita. Las últimas estadísticas hablan de 724 homicidios y 53 mil robos.
Francisco, el Papa de los pobres, se despidió pidiendo por los que sufren y tienen la necesidad de emigrar. “No hacer de la desesperación de unos el oportunismo de otros”.
Antes del amanecer
Para muchos feligreses, la experiencia de escuchar al Pontífice tuvo su cuota de resistencia. Fue llegar desde el atardecer del sábado, caminar entre las calles desconocidas y formarse en una fila humana kilométrica. Algunos, los que entraron al predio antes del anochecer, tuvieron que soportar un frío que llegó hasta los tres grados en la madrugada. Dormir a la interperie, escuchar algunos rosarios de unas monjas y también participar en cantos y alabanzas. Así hasta el amanecer.
Para todos, el acceso fue lento. Después, el momento inolvidable.
Francisco se reúne en privado con jesuitas
El papa Francisco recibió ayer a un grupo de seis jesuitas mexicanos, encabezados por José Francisco Magaña Aviña, provincial de dicha orden religiosa.
La reunión, que duró alrededor de 30 minutos, se llevó a cabo en la Nunciatura Apostólica, luego de que el Pontífice cumpliera con actividades en Ecatepec y la Ciudad de México.
Aunque este encuentro no estaba programado en la agenda, desde enero pasado ya se hablaba de la reunión privada que sostendría el Vicario de Cristo con miembros de la orden a la que pertenece.
El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, no quiso ofrecer detalles sobre la reunión que sostuvo el papa Francisco.
En conferencia de prensa, expresóque sólo tuvo la autorización del Obispo de Roma para informar que los presbíteros le obsequiaron una reliquia del beato Miguel Agustín Pro, jesuita fusilado durante la denominada Guerra Cristera.
Se espera que, este año, Miguel Agustín Pro sea postulado por la Arquidiócesis Primada de México ante el Vaticano para su proceso de canonización.
Lombardini agregó que el Pontífice es el primer interesado en la canonización del presbítero católico ejecutado en 1927.
Beato mexicano
El padre Miguel Agustín Pro, cuya reliquia le fue regalada al Papa ayer, fue un sacerdote jesuita que fue fusilado por orden del entonces presidente de la República, Plutarco Elías Calles, el 23 de noviembre de 1927.
A Pro Juárez se le acusó de estar implicado en el atentado dinamitero contra el entonces expresidente Álvaro Obregón. Sin juicio, y a pesar de comprobarse su inocencia, fue asesinado junto con su hermano y otras personas que sí estuvieron implicadas en el ataque.
El padre Pro, como era popularmente conocido en la Ciudad de México, se dedicó a oficiar misas clandestinas durante la suspensión del culto de los años 20 del siglo pasado. Es considerado como impulsor de la protección de los derechos humanos.
“¡Viva Cristo Rey!”, fueron las últimas palabras que salieron de los labios del padre Pro el día que fue fusilado en la Inspección de Policía de la Ciudad de México, justo donde, en la actualidad, está el edificio de la Lotería Nacional.
Pro fue beatificado por Juan Pablo II el 25 de septiembre de 1988, en una ceremonia solemne realizada en la Basílica de San Pedro, tras un proceso que duró alrededor de 40 años, iniciado por la Arquidiócesis de México.
El vicepostulador de la causa de canonización, Amado Fernández, ha anunciado la existencia de dos posibles milagros que, una vez estudiados por el Vaticano, podrían llevar al mártir a ser el próximo santo mexicano.
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