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Los viajes apostólicos; Alberto Gasbarri, estratega pastoral

Los pontífices deben recibir una invitación oficial y se requiere de meses de trabajo; un enviado del Vaticano recorre los lugares que 
se tienen previstos en la visita

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MILÁN.

Con el peregrinaje que hizo Francisco a Tierra Santa en mayo de 2015 se cumplió medio siglo de que los papas comenzaran sus viajes apostólicos a tierras lejanas.

Era el 4 de enero de 1964 cuando Pablo VI llegó por primera vez a Tierra Santa para cumplir un extraordinario gesto ecuménico: encontrarse en Jerusalén con el patriarca ortodoxo de Constantinopla.

Habían tenido que pasar más de 90 años para que un Papa se alejara del Vaticano, pues la primera vez que un pontífice salía de la Santa Sede había sido por motivos políticos, pues en 1870 el papa Pío IX prácticamente escapaba cuando los Bersaglieri (cuerpo de infantería del ejército italiano, creado por el general Alessandro La Marmora en 1836 ) entraron a Roma para proclamar la Unidad de Italia, donde también se invadió el Estado pontificio, ingresando por una brecha abierta en los muros del Vaticano a la altura de Puerta Pía, por lo que a ese pasaje histórico se le conoce como la Brecha de Puerta Pía.

En 1962, Juan XXIII, a la vigilia del Concilio Vaticano II, tomó el tren en la estación que antes existía en San Pedro para trasladarse a Asís y a Loreto.

Los viajes en avión comenzaron con Pablo VI, quien durante todo su pontificado (1963-1978), viajó nueve veces al extranjero: a Tierra Santa, India, Nueva York, Portugal, Estambul, Bogotá, Ginebra, Uganda, Asia Oriental, Oceanía y Australia.

Antes de su viaje a México, que comenzará el 12 de febrero, el papa Francisco ha realizado diez giras internacionales, y para este 2016 se espera que visite diez países.

Sin embargo, el verdadero y hasta ahora imbatible globetrotter (trotamundos) ha sido Juan Pablo II, que en 27 años de pontificado realizó 104 viajes, visitando 129 países.

Benedicto XVI, en contraste, fue un Papa sedentario que en sus siete años de pontificado, realizó 24 viajes al extranjero.

UN ESTILO DIFERENTE

A pesar del poco tiempo que lleva Francisco al frente de la Santa Sede, también a través de los viajes que ha hecho, ha comenzado a marcar un estilo.

Por ejemplo, durante el viaje que realizó a Brasil, el Papa rechazó trasladarse en el lujoso Boeing 777 que estaba ya asignado y lo hizo en el Airbus 330, donde además pidió que se hicieran las menores modificaciones posibles.

A cambio de que desmontaran algunas sillas para colocar una cama para que pudiera descansar, Bergoglio sólo quiso un espacio apartado del resto de los pasajeros para poder descansar y alargar las piernas durante el vuelo.

Imposible también olvidar la imagen de Bergoglio subiendo al avión cargando su portafolios negro que, según él, llevaba algún libro, un peine, un cepillo de dientes y documentos de trabajo.

¿Cómo se preparan?

Jefes de Estado, primeros ministros y un sin fin de personalidades viajan continuamente, participan en reuniones de relevancia mundial, pero cuando se mueve el Papa, la diferencia está en dos variables; la fe y las multitudes oceánicas que lo esperan. Así, preparar un viaje del Papa requiere de meses de trabajo, gran cuidado de los detalles y, por supuesto, de un especial cuidado pastoral.

Los últimos años del pontificado de Juan Pablo II, todo el de Benedicto XVI y lo que lleva el de Francisco, de los viajes pastorales se encarga todo un equipo guiado por Alberto Gasbarri, director administrativo de la Radio Vaticana.

Llamado por Juan Pablo II “mi director de viaje” y más tarde bautizado por Benedicto XVI como reisemarschall (mariscal de viaje, en alemán), el viaje a México con el papa Francisco será el último que haya organizado Gasbarri, pues los primeros días de enero anunció su jubilación, ya que está por cumplir 70 años.

De acuerdo con Federico Lombardi, portavoz de la Santa Sede, el Papa es invitado por obispos y personalidades eclesiásticas y estatales de países que, a veces, tiene que ver con un evento importante, que puede ser, al mismo tiempo, pastoral.

Otras veces, es el mismo Pontífice quien decide hacer los viajes si cree que es importante para la Iglesia dentro del proyecto pastoral que esté llevando a cabo.

Para ambas situaciones, explica Lombardi, es necesaria una invitación oficial para que quede claro que el Papa será un huésped bien recibido y estará en un contexto de plena serenidad.

“Formalizada la invitación, la máquina organizativa comienza a esbozar el programa, donde las jornadas del Papa están llenas de encuentros, visitas y celebraciones”.

Así, explica Lombardi, una vez que se tiene un programa aproximado, el equipo encargado de los viajes del papa inician las visitas a los lugares, siempre con ayuda del nuncio o de las autoridades eclesiásticas y de los diferentes gobiernos para decidir los detalles de los encuentros con cada interlocutor.

Los organizadores, por lo general, visitan el país en cuestión al menos dos veces, y siguen el itinerario previsto y van ajustando todo. Una vez ordenado el programa, lo informan al Papa para que dé el visto bueno, cambie cosas o agregue detalles.

“En las visitas se ven todos los problemas técnicos que puede haber durante las giras y ceremonias, pero también para ver cuestiones más específicas, como las misas o celebraciones, donde siempre participa el maestro de ceremonias litúrgicas para entender cómo preparar exactamente cuestiones como el altar y ver de qué manera se puede involucrar de una mejor manera a los participantes.

Para las cuestiones de seguridad del Santo Padre, el encargado es el comandante de la Gendarmería Vaticana, Domenico Giani. Él verifica todos los trayectos que hará el Papa, y desde ese momento se deciden los modos, tiempos y medios de transporte para que todo marche sin imprevistos, aunque cabe señalar que en los ultimos viajes pastorales de Francisco, ha sido él quien ha improvisado algunos cambios que no se tenían considerados.

“Por ejemplo, en la gira que realizó en Brasil, él pidió específicamente a los organizadores que se incluyera el encuentro con jóvenes de las cárceles para menores en Río de Janeiro y ya estando ahí (en Río), pidió un encuentro con jóvenes provenientes de Argentina, todo fuera programa”, indica Lombardi, “por lo que a Gasbarri y a Giani había momentos en que se le duplicaba el trabajo”.