UNAM rompe mito de alumnos pobres
Mantienen altas calificaciones y su nivel de reprobación es bajo, según la institución; bajos ingresos no frenan excelencia

CIUDAD DE MÉXICO, 10 de septiembre.- La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) rompió el mito de que los estudiantes con menores niveles de ingresos económicos no pueden ser capaces de convertirse en alumnos de excelencia, pues a pesar de que 60% de sus estudiantes pertenecen a familias cuyos ingresos mensuales no superan los seis salarios mínimos, el rendimiento académico de al menos 30% de ellos es aprobatorio.
Según el perfil de ingreso y egreso de los estudiantes de la UNAM, tanto en el nivel bachillerato, como en la licenciatura, todos los nuevos alumnos ingresaron con un resultado en su examen de admisión que está por arriba de un equivalente al seis de calificación, pero además, al menos 30% de los jóvenes que pertenecen al grupo de los de escasos recursos económicos son parte de 65% de los alumnos que se ubican con calificaciones de 8.0 a 10 a lo largo de su carrera.
Además, ese 30% de jóvenes de escasos recursos también forma parte de 43% de jóvenes que no registran materias reprobadas a lo largo de su trayectoria y de 57.9% de quienes terminaron en el tiempo reglamentario sus estudios.
Las estadísticas del perfil de los estudiantes de la UNAM permite ver un cambio en las influencias tempranas que tienen los jóvenes en su familia, pues hasta hace 20 años, 25% de los estudiantes unamitas eran hijos de padres que no habían estudiado.
Ahora se observa que eso sólo le ocurre a 3.2% de los estudiantes, pues en el caso de la madre sin instrucción escolar, se observa que 3.92% de los jóvenes está en esta condición, mientras que 3.2% tiene un padre que carece de preparación escolar.
Ahora se puede ver que 21% de los jóvenes son hijos de padres que tienen al menos la secundaria terminada, en tanto que otro 29% son hijos de padres que cuentan con la licenciatura terminada, e incluso posgrado y 23% tienen padres que concluyeron el grado de media superior; el resto se distribuye entre quienes tienen padres que tienen algún grado escolar trunco, ya sea básico o medio superior.
Este perfil de la realidad de los estudiantes permite también observar el porqué 11.38% de los jóvenes debió suspender temporalmente sus estudios para trabajar o para enfrentar problemas personales y familiares, pues su nivel de ingresos familiares mensuales no rebasa los seis salarios mínimos, que en la cotización actual implican 12 mil 600 pesos mensuales, que es el promedio de ingresos que tiene la mayoría de los mexicanos, según el Inegi.
Pero el logro de romper el mito de que un joven de escasos recursos requiere de canonjías académicas para poder cursar una carrera no es resultado de un esfuerzo de los últimos 20 años; es un esfuerzo constante que ha tenido la UNAM, que comenzó a intensificarse desde el rectorado de Guillermo Soberón y que intensificaron Jorge Carpizo, José Sarukhán y Francisco Barnés, pero que se truncó a raíz de la huelga estudiantil de 1999 y que ahora ha comenzado a dejar atrás, ya con el final del rectorado de José Narro Robles.
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