Retrato Hablado: Luis María Aguilar, hombre de familia y de leyes
El ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación conoce las entrañas del Poder Judicial desde que era niño gracias a que su padre laboró en el máximo tribunal y le inculcó “un profundo respeto” por la justicia federal

CIUDAD DE MÉXICO, 11 de enero.- Eran los tiempos en que el Presidente de la República designaba por “dedazo” a quien encabezaría la Suprema Corte de Justicia de la Nación, corría el año de 1968, gobernaba Gustavo Díaz Ordaz, y un joven de 18 años llamado Luis María Aguilar había conseguido su primer trabajo en forma: “Taquimecanógrafo F” de un tribunal federal.
Hijo de un funcionario adscrito al máximo tribunal del país, conoció las entrañas del Poder Judicial desde muy pequeño, al tiempo que aumentaba su gusto por la medicina y las artes, aficiones que, durante su juventud, lo pusieron en la disyuntiva sobre si estudiar la licenciatura en Derecho o ser médico.
Finalmente, la balanza se inclinó por el estudio de las leyes en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a la cual ingresó en el verano de 1969, en medio de un ambiente todavía enrarecido tras los hechos del 2 de octubre del 1968. Cuatro años estudiaría en la máxima casa de estudios, y un año más lo dedicaría a la realización de su tesis profesional, la cual dedicó a los efectos del amparo y a las jurisprudencias de la Corte sobre este tema.
Mientras en la universidad repasaba los códigos y leyes de nuestro país, Luis María Aguilar no descuidaba el amor, pues era novio de una joven de nombre Maricarmen Arrangoiz, con quien se casó a los 22 años y quien, por cierto, mecanografió la tesis profesional de su esposo.
(Con ella) he compartido y construido una familia de ya muchos años, ella es quien me apoyó desde mis inicios y quien ha estado en este largo camino, sosteniéndome para continuar mi trayecto. No sólo ha estado a mi lado brindándome su amor, sino que me ha dado la confianza para enfrentar muchos retos y alcanzar, incluso, los sueños.”
A Maricarmen la conoció en la adolescencia, y de acuerdo con personas de su círculo cercano, fueron muy buenos amigos para posteriormente formalizar un noviazgo que se convertiría en matrimonio y que traería al mundo a sus tres hijas, ninguna de ellas dedicada al Derecho.
De mis hijas, Maricarmen, Ana Elena y Lorena, no puedo sino reconocer que su cariño, su comprensión y su propia fortaleza me llenan de agradecimiento y de orgullo, porque de aquellas pequeñas criaturas que requirieron mi apoyo, veo ahora mujeres íntegras, valientes, fuertes, con personalidades definidas y con dignidad a toda prueba, que saben conocer su camino y que saben enmendarlo al advertir su equívoco.”
Una década después de convertirse en taquimecanógrafo judicial, volvió a Pino Suárez 2, al emblemático edificio con simbología masónica que alberga a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, pero ya como un profesional del derecho y además con el nombramiento de secretario de Estudio y Cuenta del Alto Tribunal. Seguía los pasos de su padre a quien, dice, le debe haber adquirido “un profundo respeto” por la justicia federal y el ser parte de ella. Uno de sus mayores sueños era ser, algún día, ministro de la Corte.
Fue en esa época cuando su mecenas, el entonces ministro Ernesto Aguilar Álvarez, lo impulsó para ocupar el cargo de juez de Distrito y llegar a convertirse, en 1985, en magistrado de Circuito, periodo en el cual integró varios tribunales de Guanajuato, Guadalajara, Toluca y la Ciudad de México.
El Empire State, el Chrysler Building y otros rascacielos de Nueva York lo maravillaron, razón por la cual el lugar favorito para pasar sus vacaciones en familia es la ciudad que nunca duerme. Aunque, asegura, si su familia prefiere descansar en otro lugar, él acepta gustoso.
A pesar de estar envuelto en expedientes judiciales, proyectos de resolución, colaboradores y ciudadanos que exigen justicia, Luis María Aguilar Morales busca darse el tiempo justo para ser un hombre de familia, siempre apegado a su esposa, sus tres hijas y sus cuatro nietos, así como a su hermano y hermanas.
En años recientes y de vez en cuando, cada que se da un descanso de los pendientes jurídicos se dedica al dibujo y a ver en la televisión, en compañía de su esposa Maricarmen, la famosa serie Doctor House, quizá una de las razones es porque en su juventud la medicina era una de sus pasiones.
Su desempeño y aciertos como juez y magistrado, así como su cercanía con la cúpula del Poder Judicial consiguieron que en noviembre de 2004 fuera nombrado consejero de la Judicatura Federal, el órgano de administración y disciplina de la justicia mexicana. Un lustro más tarde, el presidente Felipe Calderón lo propondría ante el Senado de la República como ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Junto con Arturo Zaldívar, la mañana del primero de diciembre de 2009, Luis María Aguilar Morales subió los 33 escalones que separan la puerta dorada de la parte superior donde se ubica el “Salón de los pasos perdidos” en el recinto de la Corte, para luego ingresar al pleno y rendir protesta como ministro del máximo tribunal del país y cumplir así uno de sus mayores sueños.
Tras una carrera judicial de 46 años y un lustro después de convertirse en ministro, compitió con el propio Zaldívar por la presidencia de la Suprema Corte, que logró después de una reñida votación en la que finalmente obtuvo el sufragio de seis de sus compañeros que apoyan que, quien encabece al Poder Judicial de la Federación, debe provenir del ámbito jurídico y conozca las entrañas de la justicia mexicana.
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