Testimonio: Policías, “sin decir nada, empezaron a disparar”

Marcos un sobreviviente del 27 de septiembre en Iguala narró para Grupo Imagen Multimedia la pesadilla que vivió y cómo levantaron a sus compañeros; a él no se lo llevaron porque ya no cupo

CIUDAD DE MÉXICO, 9 de octubre.- Marcos, estudiante de la Escuela Normal Rural “Isidro Burgos” de Ayotzinapa sobreviviente de la matanza y secuestro a manos de la policía municipal de Iguala, Guerrero, relató el infierno que vivió con sus compañeros la noche del 26 de septiembre y madrugada del día 27.

En entrevista con Adela Micha, para Grupo Imagen Multimedia, el joven de 20 años y estudiante de tercer grado de la normal, destacó que aún no se explica por qué fueron atacados y rechazó que algunos de sus compañeros estuvieran relacionados con grupos armados.

“Ningún compañero era de allá, ni un compañero. Nosotros descartamos totalmente eso, eso que nos quieran relacionar con grupos armados. Es algo inaceptable.”

Con la voz entrecortada, Marcos explicó que esa noche salieron  entre 60 y 70 alumnos a  Iguala para realizar actividades de boteo porque llegaría un contingente muy grande, previo a los preparativos del 2 de octubre.

Explicó que después de botear retuvieron tres autobuses que utilizarían como transporte.

“Nos trasladamos a la empresa donde retuvimos tres autobuses, en esos autobuses nosotros hablamos con los choferes, y ellos también aceptaron venirse para acá, les explicamos el motivo y les dijimos que los necesitábamos.”

Explicó que la salida de Iguala se percató que eran seguidos por patrullas de la policía municipal.

“Yo viajaba en el tercer autobús y les decía ¿saben que ahí vienen las patrullas? Nos comunicábamos por celular y les decía que estuvieran al tanto nada más. Llegando al bulevar, al autobús que iba hasta adelante se le cerró una patrulla y otras más se quedaron atrás.”

Marcos refirió que uno de sus compañeros del primer camión bajó para que los dejaran pasar.

“El compañero Aldo fue uno de los primeros que se bajaron, entonces las patrullas sin decir nada simplemente empezaron a rafaguear arriba, a todos los vidrios (…) A Aldo fue al primero que le dieron un balazo porque estaba abajo.

“Nosotros que estábamos en el último autobús, no sabíamos qué pasaba, y después de ahí cuando empezaron los primeros balazos  como al minuto fue cuando comenzaron a tirarnos a nosotros, en la parte de atrás, en la parte de adelante, y lo único que yo hice y mis compañeros fue tirarnos abajo.”

Con la voz entrecortada, Marcos revivió los minutos de angustia que pasó arriba del autobús. “Caían los vidrios, ahí nos arrastrábamos, estoy cortado de la parte del codo. A un compañero mío  fue cuando le dieron el balazo en la mano y él fue el primero que se bajó.

 “Ya me chingaron, ¿Qué más quieren? Ya dejen de disparar”, dice que gritaban.

Los policías en una actitud prepotente ya no hicieron nada, “nos bajaron, nos empezaron a golpear, ahí  nos tuvieron. Yo veía a mis compañeros de primero y de segundo y les decía que no se rajaran, que no se agüitaran, pero ellos estaban muy asustados”.

El estudiante de Ayotzinapa explicó que después comenzaron a llevarse a casi todos.

“En el primer autobús empezaron a llevarse casi a todos, esos fueron casi a los primeros que comenzaron a subir a las patrullas. Llegaron más patrullas, pero esas nada más fueron a llevárselos.

“Nosotros que estábamos hasta atrás, con mi otro compañero, vimos cómo los levantaron, los subieron allá a los chavos y  ellos, mis compañeros, ensangrentados y golpeados, unos iban llorando de miedo, de impotencia.”

Marcos describió cómo a uno de los normalistas lo amenazaron y lo intimidaron apuntándole en el rostro.

“Uno de mis compañeros se quedó viendo al policía y el policía cortó cartucho. ¿Qué me ves hijo de tu chingada madre? Ahorita te va a llevar la chingada. Y le cortó cartucho y le apunto a la cara”. Otro policía le dijo: “ya deja al morro, ya lo chingamos, ya no le hagas más. ¡Te va a llevar la chingada a ti y a tu familia! Entonces mi compañero nada más agacho la cabeza.”

El joven explicó que a él y a otros compañeros no se los llevaron porque ya no cabían en las patrullas.

“En las patrullas ya no cabían mis compañeros, entonces nosotros nos juntamos un poco. Ya estaba llegando un poco de gente, estaban viendo.

Entonces los policías a nosotros ya no nos subieron”.

Eran aproximadamente entre las 8:30 y 9:00 de la noche, cuando comenzaron a comunicarse con sus compañeros de lo que había pasado y a las 9:30 empezaron a llegar maestros de la CETEG (Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero) algunos reporteros y ciudadanos que pasaban por ahí y finalmente sus compañeros.

Eran entre las 11:00 y 11:30 de la noche cuando “los maestros de la CETEG comenzaron a tomar fotos y algunos reporteros que ya se habían presentado”.

Marcos calcula que eran aproximadamente las 12:30 de la noche  cuando de repente empezamos a escuchar detonaciones de armas de fuego.

“Primero fue hacia el aire después fueron contra nosotros. Mi compañero me dijo, yo vi cuando se venía acercando una camioneta blanca, grande, pero venía despacito,  y dijo ‘yo pensé, que ya había visto el lugar de los hechos, que por eso  venía bajando’ pero no,  a los 30 metros de donde estábamos nosotros  se bajo un cabrón, un individuo  y empezó a tirar mientras el otro corría y todavía se hincó y fue cuando  empezó a tirar contra nosotros.”

En esa segunda balacera contra los estudiantes de Ayotzinapa resultó herido Édgar, un estudiante de tercer grado, originario de Oaxaca, quién aún permanece internado en un hospital de Iguala.

“A uno de mis compañeros que ya había llegado de apoyo le dieron un balazo en la boca, le deshicieron todos los dientes de arriba, el labio se lo tumbó el balazo… Ahí es donde perdieron la vida otros dos compañeros”.

Narró la impotencia que sentían porque nadie los quería auxiliar, y cargando ya a su amigo herido llegaron a lo que les dijeron era un hospital, pero sólo había dos señoras.

“Nuestro compañero Édgar se estaba desangrando y  nos decía que nos apuráramos, nosotros le decíamos ‘aguanta carnal, aguanta no podemos salir ahorita’. Teníamos miedo de que veíamos que afuera pasaban camionetas sospechosas y de verdad que sí se sentía una tensión.”

Marcos recuerda que eran casi las tres de la mañana cuando pasó un taxi, lo pararon casi a la fuerza un compañero subió a su amigo Édgar y salieron a un hospital.

Explicó que a esa hora, un compañero de primer grado se comunicó con otros compañeros quienes le dijeron que estaban en la procuraduría y que no estaban detenidos y están resguardados por policías.

“Nosotros no queríamos salir y nos dijeron que donde estábamos. Que un señor de Derechos Humanos iba a ir por nosotros acompañados con policías ministeriales. Ellos los van a traer, salgan.”

El joven normalista narró el temor que sentían al salir de ese lugar.

Llegaron ocho normalistas

La madrugada del 27 de septiembre fueron recibidos 17 pacientes en el Hospital General de Iguala, Guerrero, de ellos ocho eran normalistas de Ayotzinapa, quienes fueron agredidos por policías municipales; uno de ellos se encuentra intubado y muy grave.

En otra entrevista  con Adela Micha para la primera emisión de Imagen Informativa para Grupo Imagen Multimedia, el director general del nosocomio, José Fernando Yánez, relató cómo fue que llegaron los normalistas e indicó que los 17 pacientes tenían heridas de arma de fuego y lesiones superficiales.

El médico, afirmó que el paciente Aldo Gutiérrez de 20 años, se encuentra muy delicado de salud, a consecuencia de un infarto y se encuentra intubado, pero ya sin un ventilador. Las consecuencias del normalista si despertara, es que no podría relacionarse con más gente.

“Diez minutos después de que llegaran los heridos, me trasladé al hospital, pues yo ya estaba en casa. Poco a poco fueron arribando las demás personas, entre ellos los jugadores de los Avispones”, indicó.

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