Se cumplen cien años de la firma en Teoloyucan
Los tratados que conjuraron la invasión de EU; ese hecho histórico evitó, también, la crudeza de la guerra en la Ciudad de México, y así el Ejército Federal pasó a ser Constitucionalista
CIUDAD DE MÉXICO, 13 de agosto.- Un fajo de siete cuartillas evitó hace cien años que los habitantes de la Ciudad de México conocieran la crudeza de la Revolución. Al mismo tiempo, esas hojas de papel conjuraron la invasión que Estados Unidos amenazaba desplegar desde Veracruz, donde los marines habían anclado buques de guerra desde abril de 1914.
Redactados al vuelo, sobre el argumento de la catástrofe que significaría para los habitantes de la capital y para el país un enfrentamiento entre los ejércitos constitucionalista y porfirista, los Tratados de Teoloyucan, firmados el 13 de agosto de 1914, constituyen un documento fundamental de la historia de México.
Para la firma de ese fajo de hojas se usó como escritorio la salpicadera del automóvil que llevó la representación del gobierno depuesto hasta el campamento revolucionario, según quedó registrado en la fotografía de Jesús Abatía, compañero de estudios del general Álvaro Obregón, en Huatabampo, Sonora.
En el lugar donde se firmaron los Tratados de Teoloyucan, que hace cien años era un paraje conocido como El Hondón, sobre el antiguo camino de Cuautitlán-Teoloyucan, hoy está la entrada a uno de los inmuebles de la Universidad Bancaria de México, sobre la calle 5 de Mayo, ubicó para Excélsior el cronista de Teoloyucan, Valentín García Márquez.
El cronista dijo que en el histórico sitio nunca ha existido nada alusivo al hecho, aunque hace 60 años se levantó un obelisco en las vías del tren con una placa que decía: “Caminante: estás ante un lugar histórico pues aquí se firmaron los Tratados de Teoloyucan el 13 de agosto de 1914”. Para empezar ese no era el sitio de la firma y eso causó confusión, afirma Valentín García Márquez.
El Ejército Federal, disuelto
En línea recta de Teoloyucan, Estado de México, a Palacio Nacional, en el Zócalo del Distrito Federal, los constitucionalistas velaban armas hace cien años a 38 kilómetros de distancia.
Con la firma de los Tratados de Teoloyucan entre el general Obregón y el general de división José Refugio Velasco, ministro de Guerra y Marina y comandante del Ejército Federal, en representación del derrocado presidente Francisco Carvajal, quedó disuelto el Ejército Federal: el mismo que defendió al general Porfirio Díaz; el que juró fidelidad a Francisco I. Madero y que lo traicionó; y que luego fue leal a la dictadura golpista de Victoriano Huerta.
El cronista de Teoloyucan hizo notar que aunque el documento que muestra el Conaculta tiene el nombre del general Velasco, él no estuvo en la firma, sino el gobernador del DF, Eduardo Iturbide. Valentín García asegura que los tratados se hicieron en un original y tres copias, pero que nadie conoce físicamente estos documentos históricos.
Con la firma de los Tratados de Teoloyucan se dio el paso definitivo para la consolidación del Ejército Constitucionalista como fuerza institucional, que a partir de la Constitución de 1917, cambió a Ejército mexicano, como se conoce actualmente.
Tres días después de la firma de estos tratados, el 16 de agosto, Revista de Revistas, que entonces se editaba semanalmente y que es la publicación madre de Excélsior, dio como nota principal en su portada este hecho.
Con una fotografía del general Obregón en un montículo de piedra con un telescopio, desde donde el jefe revolucionario y dos efectivos del Ejército Constitucionalista observan la posición de su enemigo, el Ejército Federal, Revista de Revistas abre su edición del 16 de agosto de 1914, correspondiente al número 227 de su quinto año de existencia.
En la primera página de la revista, dirigida por José Gómez Ugarte, la cabeza del artículo principal se lee: “El triunfo de la Revolución”.
El texto de Revista de Revistas, que anuncia la entrada de las fuerzas constitucionalistas encabezadas por Venustiano Carranza, gobernador de Coahuila (quien llegó a la Ciudad de México el 20 de agosto) y que como avanzada mandó al general Obregón a ocupar la plaza, cinco días antes, dice:
“La ocupación de la capital de la República por las huestes constitucionalistas marcará en la historia de la Revolución iniciada en Coahuila por don Venustiano Carranza, el fin de la primera etapa: el triunfo de las armas del pueblo, en la pugna sostenida contra la dictadura más cruel que haya sufrido el país.”
Los libros de historia refieren que la firma de los Tratados de Teoloyucan dio por terminado un largo conflicto iniciado en febrero de 1913, cuando el entonces presidente Francisco I. Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez fueron obligados a renunciar; cuando el general Victoriano Huerta se apoderó de la presidencia; cuando Carranza desconoció a Huerta y lanzó su Plan de Guadalupe; y cuando Huerta ordenó el asesinato de Madero y Pino Suárez.
Como gobernador de Coahuila, Carranza se convirtió en la cabeza más visible de un grupo de generales revolucionarios que intentaron restablecer el orden constitucional, que se había perdido desde la proclamación revolucionaria de Madero el 20 de noviembre de 1910.
Los grupos que se fueron formando desde antes del estallido formal de la Revolución en el norte de país, se fueron aglutinando en torno de Carranza, aunque después hubo fracturas con Pancho Villa. Los tres cuerpos armados que se convirtieron en las columnas del constitucionalismo fueron la División del Noreste, encabezada por el general Pablo González; la del Centro, comandada por Pánfilo Natera, y la División del Noroeste, a cuyo frente se encontraba Álvaro Obregón.
La División del Norte, dirigida por el general Villa, era harina de otro costal. Semanas antes de la firma de los Tratados de Teoloyucan, Carranza había relevado del mando a Villa, pero los generales de la División del Norte lograron que Carranza reculara.
Carranza nuca perdonó a Villa. El Centauro del Norte, como se le conoció a Villa, encabezó al Ejército Convencionista que luchó contra el Constitucionalista, luego de la Convención de Aguascalientes en noviembre de 1914.
El factor estadunidense
Desde el golpe de Estado de Huerta, las cosas en México se complicaron. Estados Unidos, que al principio apoyó al usurpador, le perdió la confianza porque buscó alianzas con Alemania, hecho que fue evidente con el contrabando de armas que llegaron a Puerto México (hoy Coatzacoalcos) a bordo del vapor Ypiranga, lo que ocasionó un despliegue de fuerzas estadunidenses desde abril de 1914 en el puerto de Veracruz.
El 8 de agosto de hace cien años, 23 días después de la renuncia de Huerta a la Presidencia, Obregón le envió a Francisco Carvajal, mandatario interino, un telegrama pidiéndole que declarara “de una manera concreta” la actitud que asumía como jefe de las fuerzas huertistas que guarnecían la Ciudad de México, y que si estaba “dispuesto a rendir la plaza o a defenderla”. Le pedía además que si la iba a defender que evacuara a los extranjeros residentes para evitar posteriores reclamaciones.
En la edición del 16 de agosto de 1914, Revista de Revistas reconstruyó “las gestiones preliminares” para llegar a los Tratados de Teoloyucan.
En las páginas del semanario se da cuenta que el 11 de agosto salió de la Ciudad de México una comisión encabezada por Iturbide, Alfredo Robles Domínguez y los ministros de Inglaterra, Brasil y Guatemala, con el encargado de negocios de Francia, hacia Tula para hablar con los representantes de Carranza, “y concretar las bases que había de sujetarse la entrega de poder, evitando la efusión de sangre y la comisión de posibles desórdenes”.
Se entiende que de esta reunión se desprende el compromiso de la firma de los Tratados de Teoloyucan, ya que la madre editorial de Excélsior publicó que “después de una serie de conferencias con los diferentes jefes constitucionalistas, que están cerca de la capital con sus fuerzas, los señores comisionados regresaron el día 12 (de agosto de 1914) a México, en donde dieron cuenta de su misión, siendo el resultado muy satisfactorio para todos, pues las fuerzas constitucionalistas entrarán a la capital en un plazo muy corto, dando garantías a todos. Por consiguiente, no es de esperarse que se produzcan desórdenes ni que se tenga que experimentar daños en vidas o propiedades”.
La publicación explicaba a los lectores que estos acuerdos se daban porque los poderes federales no podían seguir subsistiendo ante la Revolución triunfante y por lo cual acordaron disolverse para dejar en completa libertad a los constitucionalistas de organizar, de la mejor manera posible, el nuevo gobierno que ha de regir los destinos del país”.
Según la página web de Conaculta, se calcula que en víspera de la firma de los tratados, en Teoloyucan habría estacionados unos 25 mil revolucionarios dispuestos a atacar la Ciudad de México, mientras que en ésta había entre 15 mil y 20 mil soldados federales encargados de defenderla.
Salvo los hechos de la llamada Decena Trágica (de febrero de 1913 cuando Huerta consumó el golpe contra Madero), los habitantes de la Ciudad de México habían estado al margen de la lucha violenta que se había desplegado en el país, principalmente en el norte, debido a la Revolución. Pero el enfrentamiento entre federales y constitucionalistas en territorio de la capital mexicana parecía inminente.
La historia de los hechos señala que un hombre fundamental en los Tratados de Teoloyucan fue Robles Domínguez quien realizó una notable labor de persuasión, no sólo con el gobierno en funciones, sino entre la alta oficialidad del Ejército y el cuerpo diplomático.
Alfredo Robles se entrevistó con el general José Refugio Velasco, secretario de Guerra y Marina, para convencerlo de la inutilidad de que las fuerzas a su mando resistieran a la Revolución, cuyo triunfo —argumentaba— sólo podría retrasarse, pero no evitarse.
Le hizo saber a Velasco que tenía un telegrama dirigido al comandante de las tropas estadunidenses de ocupación en el que se le instruía avanzar sobre México si ocurrían combates que pusieran en peligro las vidas e intereses de sus connacionales.
El general Velasco reconoció la derrota: “Está bien. El ejército evacuará la plaza. Puede usted comunicar al general Obregón que irán representantes nuestros a pactar la entrega”.
Y así en cuestión de horas se armó la firma los Tratados de Teoloyucan. Bajo la sombra de un árbol, alrededor de una rústica y pequeña mesa, ocupada por una máquina de escribir, se improvisó la sala de discusión. Luego de intercambio de posiciones, se redactó el primer convenio y media hora después quedaba escrito el segundo con el cual era un hecho la derrota definitiva del Ejército porfiriano, que llevaba años resistiendo.
En el sur
Al margen de los frentes constitucionalistas estaba el Ejército Libertador del Sur, comandado por el general Emiliano Zapata.
- Éste se levantó en armas antes que los constitucionalistas, en octubre de 1910, en apoyo al Plan de San Luis de Madero, aunque después luchó contra él por el incumplimiento del Plan de Ayala.
- Mantuvo su lucha contra Huerta hasta el 19 de abril de 1919, cuando fue asesinado en Chinameca por órdenes de Carranza.
- Carranza nunca aceptó el Plan de Ayala, no obstante que Zapata, desde 1913, cuando se levantaron en armas, envió al general Gildardo Magaña a explicarle a los generales carrancistas las bondades sociales de su plan.
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